domingo, 27 de abril de 2014

La Magia: Las fórmulas mágicas


Actualmente, somos conscientes de que las fórmulas mágicas y encantamientos -es decir, las palabras pronunciadas, murmuradas o cantadas por el hechicero, mago, adivino, chamán o brujo en tiempos pasados, con el fin de invocar un espíritu de la naturaleza, una divinidad o unas fuerzas misteriosas que podían actuar y obrar en lo que hoy en día llamamos mundo físico y material- provocan una sonrisa. Aún más cuando, casi siempre, se nos presentan dentro del contexto de un complejo ceremonial que nos parece anticuado o sin ningún fundamento.
La gente que cree en ellos y los que se dedican a este tipo de rituales, nos parecen fuera del tiempo y poco dignos de confianza. Los exorcistas y curanderos todavía nos merecen un poco de crédito, especialmente cuando la medicina moderna no puede curar, ni tan solo aliviar una persona que padece una grave enfermedad incurable o males que, a pesar de todas las tentativas, han quedado sin remedio. Y sucede a menudo que algunas intervenciones que se inspiran en la magia de nuestros antepasados producen lo que todavía llamamos milagros. Pero nadie puede demostrar si son debidos a los rituales y encantamientos utilizados desde hace milenios, a la personalidad del hechicero o curandero, a la convicción íntima, casi siempre inconsciente, del enfermo por querer curarse por sus propios medios, sin recurrir a la medicina contemporánea, o a otros factores que todavía no sabemos o no queremos comprender actualmente porque no entran en nuestro campo de investigaciones e indagaciones.

LA TEORÍA DEL CAOS
Sin embargo, señalemos que, inspirándose en los principios de la teoría del Caos, recientemente unos matemáticos han establecido unos cálculos que permiten "prever" y, consecuentemente, anticipar las crisis de una persona que padece epilepsia.
No existe, evidentemente, magia alguna en este sistema, puesto que los matemáticos utilizan números para demostrar realmente que aunque los sistemas dinámicos caóticos son deterministas, es decir, sometidos a causas que producen inevitablemente los mismos efectos, no por ello son necesariamente previsibles.
Aquí reside una de las grandes paradojas a las que se ha visto enfrentada la ciencia en nuestros días: ¿cómo puede determinarse una cosa, su fenómeno, su causa y su resultado conocido de antemano, para finalmente revelarse imprevisible, al menos desde un punto de vista científico? Es, pues, gracias a esta paradoja, cuyo principio ha sido demostrado matemáticamente, por lo que algunos científicos -que no tienen la vanidad de creer que la ciencia ostenta todas las claves de los misterios de la vida y de la realidad, y siguen incansablemente sus investigaciones- hoy en día se plantean nuevas perspectivas que, hasta entonces, estaban relegadas a un universo irracional, olvidado, dejado de lado u oculto, porque no se someten a nuestros mismos instrumentos de medición.

LOS NÚMEROS Y LA MAGIA
Ahora bien, en magia, los números desempeñan un papel muy importante, aunque no tengan forzosamente el aspecto de números, sino de símbolos. Por supuesto, en este caso no debemos concebir el número como la representación de una cantidad, sino como un valor numérico absoluto, formando un todo en sí mismo, al que no se le puede sumar ni restar nada. Cada número o Número, es único. Contiene cierta cantidad de cualidades, elementos y factores propios de él y actúa, interviene y también se manifiesta, de forma exclusiva.
El hechicero estaba iniciado, evidentemente, en los poderes de los Números sobre la realidad física y material. Por ello, las fórmulas y encantamientos que pronunciaba y los símbolos geométricos que empleaba, tenían el valor de Números.
Este principio sobre el que se basa la concepción de todos los encantamientos queda perfectamente ilustrado en el lenguaje codificado del alfabeto hebreo, cuyas 22 letras también son Números que, juntos, constituyen el código secreto y sagrado de la cábala, que permite al cabalista efectuar otra lectura de la Biblia. Según este código, al corresponderse cada letra con un Número y al estar formado un nombre por varias letras, un nombre es, pues, un conjunto de Números que -igual que varias notas juntas para producir un acorde en cuyo interior, sin embargo, cada nota conserva su valor intacto- engendra una vibración especial que corresponde exactamente a un gran principio, a una fuerza de la naturaleza.

ABRACADABRA
Para que entendamos bien cómo funciona un encantamiento cuando se pronuncia en el momento oportuno, dentro del contexto ideal y de forma adecuada, tomemos el ejemplo del encantamiento más utilizado en los cuentos de hadas, y que el hada o la bruja, según el caso, pronuncia para producir o deshacer un encantamiento: "abracadabra". Este encantamiento tan antiguo se inspira en el griego. Pero éste, a su vez, salió del hebreo, de manera que está relacionado con las letras-número de la cábala.
En un principio, en hebreo, era arba dak, y significaba literlamente "el cuatro parte" (arba= cuatro y dak=partir).
En realidad, el cuatro que se invocaba en este caso no era otro que el Cuatro, el Número sagrado o criptograma que simbolizaba Yahvé o el Todopoderoso. Y lo que "partía" simplemente eran los cuatro elementos: el Fuego, la Tierra, el Aire y el Agua.
En otros términos, abracadabra -encantamiento, del cual los cabalistas de la Edad Media dijeron que significaba también "padre, espíritu y palabra" (ab ruah dahar), es decir, "la palabra del espíritu del padre"- invoca las fuerzas naturales simbolizadas por el Número Cuatro, que disuelven los cuatro  elementos que rigen la vida sobre la Tierra, sin los cuales el hombre no podría vivir, para que vuelvan a encontrar su armonía original; puesto que este encantamiento, efectivamente, se empleaba exclusivamente con fines terapéuticos. Tenía como objetivo curar al enfermo actuando sobre los cuatro elementos, de los que éste se constituye.


domingo, 20 de abril de 2014

La Magia: Los rituales mágicos


El arte de la magia no se efectuaba sin reglas ni leyes y el mago debía atenerse a ellas al pie de la letra.

Si bien durante toda la Edad Media, en Europa, circularon muchos libros mágicos, muy excepcionales, solamente nos quedan de ellos algunas fórmulas que han conseguido superar el paso de los siglos y sobrevivir a las llamas de la Inquisición. A menudo escritos en dialectos hoy en día desaparecidos, a veces mezclados con latín vulgar, no nos dan ninguna indicación concreta, por una parte, sobre la iniciación, sin duda agotadora, por la que debía pasar el mago y, por otra parte, sobre los rituales que hacían para efectuar actos mágicos.
Sólo nos queda la magia, tal como la entendemos hoy, la cual encierra bastantes creencias y costumbres ancestrales, a algunas de las cuales les costó mucho resistir al imperialismo del cristianismo que reinaba en Europa entre los siglos IV y VI de nuestra era, implantado poco a poco por la fuerza, como la historia nos muestra actualmente, para apoderarse del dominio del Imperio y del poder romanos.

LAS CREENCIAS Y COSTUMBRES DE LOS RITUALES MÁGICOS
Si hablamos de creencias y costumbres es porque, en un principio, efectivamente, los rituales tan estrictos a los que se sometían los hechiceros para realizar sus actos mágicos, invocar las grandes fuerzas de la naturaleza y utilizarlas para fines salvadores o destructores, se basaban en sólidas convicciones, costumbres y hábitos de carácter sagrado.
Así es como nuestros antepasados mostraron, desde muy pronto, el mayor respeto por los beneficios que les proporcionaba la gran Madre Naturaleza, al tiempo que eran conscientes de que también podía mostrarse feroz. De manera que, el simple hecho de recoger un fruto en el mismo lugar, en la misma época, cada año, para ellos tenía un carácter sagrado y estaba, pues, impregnado de magia. Por eso, todos los actos que relacionaban al hombre con la naturaleza, su medio natural, su cuna y su tumba, fueron pronto asimilados y luego integrados a los ritos y, por último, no podían cumplirse sin una ceremonia ritual. En efecto, estos actos no podían ser gratuitos, desde el momento en que la naturaleza y sus divinidades ofrecían sus favores.
Después, poco a poco, por una parte la ceremonia ritual que precedía el acto, y las coincidencias que a menudo se producían entre algunos fenómenos terrestres y celestes, y, por otra parte, las circunstancias humanas, hicieron creer a nuestros antepasados que algunos de sus rituales podían ser la causa de estos fenómenos y coincidencias, que luego tomaron un carácter mágico.
Este procedimiento es totalmente parecido al del hombre de laboratorio actual que, mezclando algunos ingredientes o productos químicos, intenta obtener artificialmente una fórmula. Así, los hombres han acabado por descubrir que eran tan capaces de actuar sobre los fenómenos naturales, de influenciarlos o intervenir en ellos, que podían, a su vez, sacar provecho de ellos. Por ello, no es un error creer que la experiencia del fuego y la de la plantación de semillas, por ejemplo, fueron originalmente rituales mágicos, suponiendo de esta forma los primeros pasos del hombre hacia la creencia moderna, que, después de todo, también tiene todavía sus rituales y sus dogmas.
De modo que, en tiempos pasados, el mago iniciado en el arte y la ciencia mágica podía sorprender e impresionar a través de los prodigios que era capaz de realizar, al igual que actualmente, los científicos parecen hacer milagros empleando procedimientos resultantes de largas investigaciones, y serios y escrupulosos estudios, que les permiten conseguir seguramente los mismos resultados. Pero tanto en un caso como en el otro, estamos ante un principio idéntico, que consiste en creer que las mismas causas deben producir los mismos efectos.

LAS CONDICIONES ESPECIALES DE LAS CEREMONIAS MÁGICAS
Es muy difícil describir las fuerzas que utiliza la magia. Podemos llamarlas energías cósmicas, ondas, vibraciones naturales, que o bien son provocadas, o bien utilizadas mediante unas reglas y unas leyes precisas, universales e inviolables, a las que el mago se somete y que aplica al pie de la letra, según una experimentación y una tradición seculares. La mayoría de las veces, lo que se define como como energías cósmicas tenían nombres distintos equiparables a los de las divinidades, cada una de las cuales abarcaba un papel y un poder específicos.
Por ello, el acto mágico era sagrado. Implicaba efectuar todo un ceremonial, cumplir proezas, a veces danzas y movimientos particulares y adecuados, pronunciar encantamientos e invocaciones, cuyos nombres, palabras y frases tenían un valor más vibratorio que significativo, todo ello en un marco bien definido y a veces incluso ayudado por las circunstancias y en condiciones meteorológicas y astronómicas escogidas con sumo cuidado. En otros términos, para que el acto mágico pudiera producirse de forma eficaz, debían coincidir imperativa y escrupulosamente cierto número de factores. Si se olvidaba una etapa o si faltaba un elemento, si una palabra o nombre se pronunciaban mal, o el momento era mal escogido, entonces el acto mágico no salía bien.
No está mal recordar que todos los rituales religiosos antiguos y contemporáneos se basan en los mismos criterios, lo que prueba que todas las creencias religiosas se inspiraron en las ceremonias mágicas.

miércoles, 9 de abril de 2014

La Magia: Historia y orígenes


Actualmente, la magia se reduce a los juegos de manos del prestidigitador. Cuando hablamos de un juego de manos, o de un truco, solemos decir que "hacemos un juego de magia". Al comparar esta interpretación actual de la magia con la que se hacían de ella nuestros antepasados, tan distinta, nos enfrentamos a un problema muy complejo: ¿dónde empieza y dónde acaba la realidad? ¿Cuál es la verdad: lo que vemos o lo que es?
Sin embargo, paradójicamente, en un mundo donde deberíamos estar planteándonos estas preguntas con más fuerza y agudeza que nunca, resulta que ya casi no nos las plateamos. Al habernos liberado de muchos dogmas, la mayoría de los cuales se basaban en puras imaginaciones de la mente o teorías confusas, o bien tan fuera de su contexto y utilidad primera, que no tenían ningún sentido ni razón de ser, hemos establecido otros dogmas, todavía más rígidos, si nos paramos a pensarlo bien, en tanto en cuanto se basan en criterios ineludibles. Hablamos de aquellos que han sido establecidos por los instrumentos y medidas de los científicos, que les permiten observar los fenómenos concretos de la naturaleza, verificar sus manifestaciones, explotarlas, y a veces incluso reproducirlas artificialmente, con fines prácticos.
De tal modo, actualmente nadie pone en duda el hecho de que nuestra visión del mundo dependa de instrumentos de medida, todos ellos creados por el hombre, sin duda alguna con espíritu innovador, pero que nos llevan hacia sus propias visiones e interpretación del mundo. Podríamos objetar que cada vez que una idea, concepto o creación implica la admiración casi universal, seguramente corresponde a una realidad profunda y común a todos, que va más allá de lo que representa. Es cierto. Pero ello no significa que no sea fruto de una ilusión colectiva, que no derive de un mismo fantasma o de una misma voluntad inconsciente y común de ver lo mismo, desde el mismo punto de vista y en el mismo momento.

MAGIA, MAGOS Y HECHICEROS
De manera que, en adelante, todo lo que no se pueda medir, comprobar o reproducir será relegado al polvoriento universo de lo sobrenatural e irracional. Ahora bien, este rechazo puro y simple, y podríamos decir maniático, seguramente ha olvidado el hecho de que sin la magia, tal como nuestros antepasados la practicaron, la ciencia de hoy, es decir, la ciencia moderna, en todos sus ámbitos de investigaciones, búsquedas, estudios y experimentos, no sería lo que es.
Puesto que es de la magia, ciencia de nuestros antepasados, de donde ha salido su inspiración y su visión del mundo y de la realidad. En toda la Antigüedad hubo magos. Y, como en todas las épocas, al igual que sucede actualmente con nuestros médicos y eruditos, algunos de ellos fueron seres excepcionales, maravillosos, provistos de dones y cualidades humanas extraordinarias, y otros fueron menos competentes, puros charlatanes o usureros movidos únicamente por sus ambiciones personales. El hombre es así; por tanto, no es la función que lleva a cabo la que se pone en duda.
Así, pues, en la Antigüedad, el hechicero tenía casi siempre el papel de curandero y adivino. Su saber se basaba en una atenta observación de la naturaleza y sus fenómenos en una voluntad de dominarla o dominarlos. Pero, evidentemente, el hecho de ser capaz de curar los males de los demás utilizando pociones o fórmulas mágicas, y de prever el futuro con idénticos procedimientos, le concedía un poder especial, porque se le temía, poder del cual algunos hechiceros se aprovecharon.
Hoy en día, respecto a este tema nada ha cambiado. Existen los mismos abusos de poder por parte de los que saben hacia los ignorantes. Escasean aquellos hombres que, tras haber adquirido ciertos conocimientos y ciencia, no sólo ponen sus experimentos al servicio del prójimo, sino que transmiten sus conocimientos de forma natural, haciéndolos accesibles y comprensibles. Debe decirse también que la curiosidad, de la cual se dice erróneamente que es un feo defecto, se pierde. La mayoría de las veces nos contentamos con creer lo que se nos dice. Y, lo que aún es más, hay tantas informaciones que se revelan, se transmiten y se difunden a diario por todo el planeta, que ya no nos tomamos el tiempo de comprobar su certeza, e inhiben y ahogan nuestra curiosidad, así como nuestra imaginación.
Se puede afirmar, pues, que actualmente para nosotros, habitantes de la Tierra, la magia ya no entra dentro de los fenómenos de la naturaleza, ni dentro de nuestra capacidad para comprenderlos y aprovecharlos, sino en esas redes de comunicación, como son la radio, la televisión, la telefonía y, ahora, Internet que, aunque permiten relacionarnos estando geográficamente muy lejos unos de otros, nos hacen perder cualquier contacto directo y físico con la naturaleza y la realidad y, al hacerlo, nos aíslan.
¿Debemos por ello estar anclados en el pasado y lamentar aquellos tiempos tan lejanos en que permanecíamos en contacto directo con la naturaleza y en que practicábamos la magia? No. Nunca hay que volver atrás. En cambio, haríamos bien en inspirarnos en las experiencias y los conocimientos de nuestros antepasados, antes que rechazarlos en bloque bajo el pretexto de que nuestra visión del mundo a cambiado.

LA EXPERIENCIA MÁGICA
El hechicero no sabía qué fuerzas se revelaban o manifestaban cuando practicaba algunos ritos y pronunciaba algunas fórmulas mágicas, pero hacía uso de ellas con respeto, humildad y precaución. El temible hechicero de las producciones hollywoodienses, que ejercía un poder maléfico, era en la realidad prácticamente inexistente y absolutamente rarísimo.
En efecto, en todas las civilizaciones de la Antigüedad, y aun remontándonos todavía más lejos en el tiempo, observaremos que el hechicero se hallaba sometido a rituales de iniciación muy fuertes, algunos de los cuales podían ser mortales. Por eso, salir victorioso era ya una experiencia mágica.

miércoles, 2 de abril de 2014

La Cábala. Ciencia iniciática y experiencia espiritual


Antes de descubrir el camino recorrido por la cábala, desde Babilonia hasta nuestros días, debemos comprender la experiencia que nos invita a vivir.

Babilonia, tan criticada, desprestigiada y caída en el olvido durante tantos siglos, y actualmente vuelta a descubrir por los astrólogos, filólogos e historiadores contemporáneos, fue la cuna de nuestra cultura y su lengua se mezcla con raíces de la lengua akkadia, aramea y hebrea, que en aquel momento pasaban del estadio oral al escrito.

LA CÁBALA, UNA CIENCIA INICIÁTICA
Pero, mientras en el siglo VI antes de nuestra era se dio la aparición de 5 profetas o visionarios que revolucionaron el pensamiento religioso, filosófico, así como las costumbres y la vida social de los hombres y las mujeres de todos los rincones del mundo, en Babilonia, los caldeos, que eran sacerdotes, magos, matemáticos, astrónomos y astrólogos, entre otras cosas, crearon una auténtica ciencia iniciática. Precisemos que los caldeos no eran todos judíos, ni mucho menos, puesto que toda la región que cubría la antigua civilización mesopotámica fue una constante mezcla de pueblos y culturas, empezando por la mezcla nacida de la llegada de los apkallu sumerios, que se supone que surgieron del mar, y su encuentro con los semitas, autóctonos del antiguo Oriente Medio. Esta ciencia iniciática ejercería, y todavía lo hace, una influencia preponderante sobre la mentalidad, las costumbres y las creencias de cualquier civilización llamada judeocristiana. Extrapolando y aventurando un imaginario salto hacia delante en el tiempo y en la historia, que nos trae a nuestra época, veremos que todavía no hemos asimilado, integrado y comprendido las lecciones vitales que transmite y contiene esa ciencia iniciática. Y, en cierta forma, se puede decir que quienes la crearon, en una época en que los hombres empezaban su penoso recorrido que les conduciría a sacar provecho del mundo en que vivimos actualmente de forma metódica, racional y científica, pero con una cruel falta de perspectiva a largo plazo y una ausencia de visión sintética, habían previsto o presentido que se necesitaría mucho tiempo para que su ciencia iniciática se volviera accesible.

EL FUTURO Y EL DEVENIR SEGÚN LA CÁBALA
Sin embargo, al contrario de lo que algunos, que se las ingenian para mantener el misterio en su propio provecho, quieren hacernos creer, no sólo el código de la cábala no es ajeno a nuestra cultura, sino que tampoco es incomprensible. Simplemente induce a una gimnasia del espíritu que, por desgracia, actualmente ya no practicamos, y también recurre a la lógica y a la paradoja, a principios aparentemente inmutables que, sin embargo, se regeneran, se transforman y cambian permanentemente, y que se basan en cualidades y aspiraciones humanas: la curiosidad, la generosidad, el conocimiento, la comunión, la realización de uno mismo y la Unificación. Por eso, hay que poner en guardia contra todos aquellos que quisieran hacer creer que gracias al código de la cábala, que en efecto favorece una lectura diferente de la Biblia -pero no solamente de la Biblia-, en el cual se mezclan hechos históricos, mitos, leyendas, creencias y datos esenciales para la realización del ser humano, se puede traducir del Libro de los Libros y obtener así textos que predicen el futuro ineluctable de la humanidad. En efecto, para el ser humano, dicho fatalismo excluye cualquier posibilidad de poder ejercer su libre albedrío. Si nuestro futuro ya fue percibido, establecido o escrito por nuestros antepasados, ¿para qué actuar, crear o vivir, ya que todo lo que debe ocurrir, se produce de forma fatal? La predestinación, vista desde este ángulo, no existe.
Éste es el matiz que se establece hoy entre el futuro y el devenir. El futuro está en relación con el destino, es decir, el contexto en el cual el ser humano nace, crece, vive y con las circunstancias con que se encontrará. Este contexto, evidentemente, preexiste antes que él, y existirá también después de él, de una forma u otra. Pero es libre de actuar según su voluntad, deseos, motivaciones y, en un grado más elevado, según su conciencia y espíritu. Puede convertirse en dueño de su destino y, por consiguiente, de su futuro. Éste es el sentido del futuro.

LA CÁBALA, UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL INDIVIDUAL
Por eso, la práctica de la cábala, tal como fue creada, es ante todo una experiencia espiritual. Afecta al individuo más que a la comunidad. Y si a partir de este principio, y por ayudar a aquellos que desean acceder a ella, se han elaborado, y más tarde instituido, unas reglas de conducta moral y social, y luego jurídicas, cuyas fuentes de inspiración las encontramos en el Talmud (término hebreo que significa estudio o enseñanza y que es una vasta compilación de códigos, enseñanzas e interpretaciones de la Torah o código escrito del judaísmo, que se adaptan a cualquier circunstancia de la vida), fue únicamente con el fin de preservar y aprovechar las enseñanzas de experiencias humanas individuales, anteriores y ejemplares, que pueden ser útiles a las comunidades actuales y futuras, y favorecer la realización del ser humano.
Por eso, todas las doctrinas religiosas o ideológicas fanáticas que a veces apartan estas reglas y leyes de su objetivo inicial, para servir a la causa del poder o de la servidumbre física y moral de los individuos, pueden considerarse fuera de la "Ley". En efecto, los principios enunciados por los textos interpretados según el código de la cábala animan a la benevolencia, a la generosidad, al espíritu de tolerancia, al diálogo sistemático, a la constante puesta en duda de las propias convicciones a la luz de hechos y circunstancias de la propia vida, pero también de sus actos, y a lo que los cabalistas llaman la Unificación. Por eso, el Sello de Salomón o la cruz de David son símbolos unificadores. El zodiaco también es uno de ellos y también los hexagramas del I Ching.
Ahora bien, el símbolo unificador tiende a conciliar todo lo que, a priori, parece irreconciliable, a juntar los contrarios y a unir los opuestos. La experiencia vital que la cábala nos invita a tener consiste en realizar esta unificación en uno mismo, es decir, en el ser humano, el medio de descubrir y aprovechar una energía psíquica poderosa y creadora, favoreciendo su crecimiento espiritual y la elevación de su espíritu.


sábado, 29 de marzo de 2014

Sueños, azar y coincidencias


El azar no existe. Solamente existen las coincidencias. ¿Tiene cualquier acontecimiento una razón de ser? ¿Tiene todo sueño un sentido?

Al tratar la oniromancia en la actualidad, evidentemente se tiene que hacer alusión al psicoanálisis y a la interpretación de los sueños como soporte de la exploración del inconsciente. Esta "ciencia" adivinatoria tenía un pasado rico en enseñanzas, búsquedas, investigaciones, conocimientos e interpretaciones múltiples y variadas. Nuestros antepasados se aplicaban con gran seriedad al estudio de sueños y a su interpretación simbólica.
La pregunta es si esta gran tradición tiene todavía un futuro o se perderá la interpretación de los sueños fuera de los nuevos caminos trazados por los psicoanalistas. Todo lleva a creer que en las futuras décadas la oniromancia recuperará sus derechos, evolucionará y se desarrollará.

NO ES COSA DEL AZAR
Se suele decir: "no es cosa del azar". ¿Significa eso que estamos dispuestos a creer o a aceptar que un acontecimiento jamás se produce de manera fortuita, sin causa, que todo lo que sucede, pues tiene un sentido o una razón de ser?
Tomemos un ejemplo que puede afectarte personalmente: supongamos que eres víctima de un accidente inesperado y, aparentemente, totalmente imprevisible, como por desgracia ocurre con frecuencia en la vida cotidiana. Estás caminando tranquilamente por la acera, por ejemplo, simplemente para ir a tu casa, y un mal conductor, perdiendo el control de su vehículo, te atropella. Crees que te encuentras en casa, tal vez después de una dura jornada laboral, y resulta que finalmente estás inmovilizado en una cama de hospital, con múltiples contusiones o, aún peor, una o varias vértebras rotas con todas las consecuencias que esto implica.
Imagínate en esta situación. ¿Crees sinceramente que todavía estarías dispuesto a decir que lo que te ha pasado no es cosa del azar?
En caso afirmativo, y llevando tu razonamiento más lejos, ¿serías capaz de reconocer que, de todas formas y a fin de cuentas, el mal conductor, que es manifiestamente culpable en este accidente- del que tú eres sólo una víctima inocente-, no es en el fondo, y en realidad, ni más ni menos responsable que tú?
Admite que es muy difícil de creer, y todavía más de aceptar cuando uno resulta víctima de una situación así. ¿Podemos poner al mismo nivel a la víctima y al verdugo, sobre todo si son víctima y verdugo sin quererlo? Sin duda alguna, desde un punto de vista social, hay que definir ciertas reglas, si no cualquier exceso y desvío serían inevitables.
Sin embargo, no nos situamos en el punto de vista social, sino humano. Recurrimos a la conciencia, no a la fría razón, que nos dicta órdenes que siempre obedecemos como máquinas. Luego, si este accidente no es un azar, ¿cómo podemos aprehender las causas y motivos de un acontecimiento tan trágico?

EN MI FINAL ESTÁ MI COMIENZO, O TODO EFECTO TIENE UNA CAUSA
¿Es cierto? Responder a esta cuestión es como demostrar que los fundamentos de la oniromancia, tal como nuestros antepasados los establecieron, todavía no se han acabado de profundizar y explotar. En efecto, para que se produzca el accidente de nuestro ejemplo, habrá tenido que revelarse una concentración y una simultaneidad de circunstancias, parámetros, causas y probabilidades incalculables.
A propósito de probabilidades, debemos saber que en el mundo occidental, cientos de peatones son atropellados cada día y algunos de ellos mueren como consecuencia de sus heridas.
Cada uno de nosotros, pues, tiene una "oportunidad", entre millones, afortunadamente, de ser atropellado en la calzada cada día. Pero, retomando nuestro ejemplo, esto no explica por qué te ha pasado a ti. En cambio, si estudiamos esta situación desde el punto de vista de las coincidencias, en el sentido verdadero de este término (coincidere, compuesto por las raíces latinas cum, "con, conjunto", e incidere, "caer en o encima", significa "caer juntos en un mismo punto"), descubrimos que el mal conductor y tú estábais juntos en un mismo punto en un mismo momento. Cada uno por su lado, por supuesto por razones distintas, os habéis encontrado ahí. Pero aun así, una vez más, esta coincidencia no basta para explicar por qué has sido tú la víctima de este accidente, en el que todo acusa al llamado mal conductor. Sin embargo, si admitimos que todo esto no es fruto del azar, entonces tal vez existan otros parámetros, imperceptibles, impalpables, al menos aparentemente, factores de influencia que actúan, a pesar nuestro, en contra nuestra.
En otros términos, no es inverosímil que los símbolos y arquetipos -que no son representaciones ni figuras estáticas sino que, sobre todo, sin que lo sepamos, son energías en potencia, que no controlamos en estado consciente -interfieren en la realidad física del mundo real. Por eso, puede que algunos elementos, factores, formas de pensamiento, de ideas y de espíritus se atraigan inexorablemente, tanto para lo peor como para lo mejor, según una necesidad que se nos escapa pero que podríamos controlar si tuviéramos más conciencia de nuestras lagunas y de nuestras debilidades, si entendiéramos que el lenguaje de los sueños es tal vez el de la vida.
Así, retomando nuestro ejemplo, es casi seguro que antes de ser efectivamente la víctima de dicho accidente, lo soñaste de una forma u otra, y que lo mismo le sucedió a la persona que perdió el control del vehículo. Por eso, si escuchásemos con mayor atención lo que nos dicen los sueños, podríamos evitar muchos dramas, así como preocupaciones o problemas y, por supuesto, catástrofes. Si lo vemos desde un punto de vista económico, tan querido en nuestras sociedades modernas, cuánto nos ahorraríamos si prestásemos más atención al contenido de nuestros sueños, ya que todos ellos tienen un sentido. Pero incluso sin tener en cuenta este punto de vista, queda claro por qué la oniromancia es, una "ciencia" adivinatoria con gran futuro.


domingo, 23 de marzo de 2014

La Cábala: De Moisés a Babilonia


La historia y los orígenes de la cábala, así como sus fundamentos y su discurso han estado, y siguen estando, rodeados de misterios.

No se puede separar la cábala de la historia, la vida, la cultura y las creencias del pueblo hebreo. Sin embargo, si hoy en día conocemos el recorrido histórico del pueblo de Israel y los orígenes históricos tanto de la Biblia como de la cábala, en cambio las circunstancias en las que esta última nació no son muy conocidas.

¿QUÉ ES LA CÁBALA?
Qabbalah, en hebreo, significa esquemáticamente "Tradición" o "Revelación". La mayoría de las veces, se dice que procede de los tiempos de Moisés, el padre del monoteísmo, es decir, del siglo XIII antes de nuestra era. Qabbalah sería, pues, Qibel, La ley oral, que Moisés recibió de la mano de Dios en el Monte Sinaí, al mismo tiempo que la Torah o Ley escrita.
Esta referencia es muy interesante si entendemos que estamos en presencia, por una parte, de una Ley oral,y, por otra, de una Ley escrita. En efecto, en aquellos tiempos remotos, en que la escritura todavía no formaba parte integrante de la cultura y de la vida cotidiana de los hombres, difícilmente se podía plantear su utilización para nombrar lo innombrable: ¡lo Divino!
No debemos olvidar que las primeras escrituras cuneiformes mesopotámicas, y más tarde el primer alfabeto, creado por el gran pueblo de marineros y comerciantes de los fenicios, se emplearon para organizar la vida social, administrativa y, actualmente diríamos, civil y política, para presumir de los méritos de los reyes y contar las hazañas guerreras ejércitos. Por lo tanto, que las reglas de la vida social de carácter religioso y las que figuran en la Torah fueran escritas era muy comprensible en aquella época. Pero también se entiende que lo que revela algo sagrado y Divino, y con mayor motivo, una entidad superior a todas las existentes y a la que Moisés invoca, no pueda fijarse de una vez por todas en un esquema que sería susceptible de convertirle en palpable y accesible, y reducido a un simple nombre.
De entrada, diferenciamos dos corrientes distintas y complementarias: la primera se refiere únicamente a la Ley escrita, corriente que podríamos calificar de religiosa, susceptible de suscitar todo tipo de reflexiones, de debates y profundos estudios de orden moral, filosófico o incluso jurídico; la segunda se inspira en una Ley transmitida exclusivamente de forma oral y se basa al mismo tiempo en una iniciación y una experiencia directa, haciendo así alusión a una perspectiva mucho más mística.
Por supuesto, la cábala corresponde a esta segunda vía. Razón por la cual siempre estuvo rodeada de misterios y, por eso, fue blanco de las interpretaciones más fantasiosas. Algunos dicen, incluso, que pasar por la experiencia de la cábala puede volver loco o poner en peligro al adepto no preparado, mal instruido o que no ha sido iniciado. Realmente, resulta muy difícil traducir los grandes principios transmitidos por la cábala, puesto que utiliza factores y elementos que son accesibles más fácilmente a través del pensamiento puro que mediante conceptos.

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS CONOCIDOS DE LA CÁBALA
Al hablar de Moisés, no hacemos más que considerar una probabilidad en relación con los orígenes históricos de la cábala. De hecho, encontramos sus primeras huellas auténticas identificables a partir del año 538 antes de Cristo, en el momento en que Ciro, rey de los persas, avaló a los exiliados de la tribu de Judea para que el pueblo hebreo pudiera volver a Jerusalén. Tal vez recordaremos que entonces, en la actual Tel Aviv, Babilonia, el profeta Ezequiel anunciaba la resurrección de Jerusalén, consultando los oráculos con amuletos de huesos desecados (Ezequiel, 37, 1-14). Lo que nos confirma de paso que algunos de los profetas de la Biblia, como por ejemplo Ezequiel, empleaban con frecuencia la videncia deductiva. Este período, durante el cual el pueblo de Israel recobraba su identidad, coincide con aquel en que, en las regiones de Oriente Medio, cuna de nuestra civilización moderna, se mezclaban los magos babilonios, caldeos, arameos y persas; período también que vio cómo se sustituía la lengua acadia por la lengua aramea, mucho después de que la primera hubiera sustituido la sumeria, lengua original de Mesopotamia. Es muy importante subrayar todos los detalles de este contexto cultural tan cargado, donde las creencias, las adivinaciones y los adivinos múltiples y variados casi siempre se cruzan, a veces incluso confunden, y donde para algunos fue primordial preservar una tradición, a riesgo justamente de perderse en dicho contexto.
Ya se sabe a través de la Biblia y la historia lo que ocurrió con esta mezcla, de este concierto de conocimientos y saberes de aquella época y cuyo símbolo fue la Torre de Babel, es decir, el zigurat de Babilonia. Sin embargo, no se duda que Babilonia fuera entonces un lugar importante de conocimientos y de saber de la humanidad, que tal vez habría podido ser un trampolín de una evolución más rápida para la humanidad, si no se hubieran cometido ya algunos abusos en esos tiempos remotos, puesto que el mismo Pitágoras (filósofo y matemático griego, nacido hacia 570 y muerto hacia 480 antes de Cristo) llegó a consultar a los magos de la gran ciudad e iniciarse en sus escuelas.
También fue durante el dominio aqueménida de los reyes persas cuando se constituyó por primera vez el zodiaco de los 12 signos y aparecieron las primeras huellas de la astrología llamada geneática, es decir, que tiene en cuenta la fecha del nacimiento de un individuo, mientras los redactores judíos de la Biblia escribían Las Crónicas, Los Proverbios, El Libro de Job, los libros proféticos de Zacarías, Ageo y Malaquías, y sobre todo, el espléndido Cantar de los Cantares, texto poético y místico, del cual los cabalistas reivindican su única interpretación posible.


lunes, 17 de marzo de 2014

Los sueños premonitorios


Podemos obtener buen provecho de los mensajes preventivos que contienen nuestros sueños premonitorios. 

Si se aborda la función la función del sueño desde un punto de vista terapéutico, se puede considerar que todo sueño alivia, libera o reconforta.
Así pues, para el alma humana soñar sería una necesidad vital. En este sentido, es importante constatar que, cualquiera que sea el ángulo bajo el que se analice, estudie o interprete un sueño, todos los que se interesen por la función onírica común a todos los seres humanos coinciden en creer que el sueño siempre actúa a modo preventivo. Se trata de una virtud innata, en la que deberíamos inspirarnos en nuestra vida consciente y activa.
Por eso, así como cualquier sueño previene al soñador de un hecho, de un estado o de una situación que le afecta personalmente, antes de que sufra las consecuencias, se puede llegar a la conclusión que un sueño, del tipo que sea, es premonitorio por sistema.
Lo que nos lleva a creer que todos poseemos un don de premonición, que aprovechamos de forma espontánea y natural cuando soñamos, aunque por supuesto sin saberlo. Puesto que casi nunca dominamos nuestros sueños. Dicho de otra manera, muchas veces no podemos decidir antes de dormirnos, únicamente con nuestra voluntad, el contenido del sueño que tendremos.

¿PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS?
No puedes controlar los sueños con la perfección que controlas, por ejemplo, con más o menos acierto y reticencias, tus instintos, pulsiones o impulsos. Sin embargo, si en estado consciente tu espíritu se ve impresionado por un sueño que acabas de tener mientras dormías y te parece cargado de sentido, tómate el tiempo necesario para escribir tu sueño tal y como lo recuerdas en aquel momento. En efecto, la memoria del sueño y la de la vida consciente no funcionan del todo con el mismo registro ni con los mismos criterios. La primera es mucho más volátil, fugaz e inasequible que la segunda.
Utiliza la imaginación, la emoción y las impresiones, por lo cual, a veces, es difícil de traducir o comunicar en la realidad.
Sin embargo, si admitimos que todo sueño es premonitorio, en el sentido de que previene de algo importante, es útil realizar este pequeño esfuerzo, tomar un poco de tu tiempo y aplicarte en la tarea de contarte "a ti mismo" por escrito tu sueño. De manera que integrarás  en la realidad esta parte relativamente inasequible de ti mismo, producida en tu sueño. Y, tarde o temprano, sabrás distinguir el mensaje que contiene. Con este fin, fíate siempre de tu primera impresión, en vez de llegar a los análisis demasiado teóricos o realistas que tendrás la tentación de realizar.
Evita asimismo referirte a demasiadas consideraciones o indicaciones exteriores, puesto que tu sueño contiene todas las informaciones necesarias para comprender su significado. En efecto, un sueño de idéntico contenido en dos personas distintas no tendrá necesariamente el mismo significado ambos individuos en cuestión. Todo sueño es profundamente intrínseco y personal, y aunque recurrieras a una tercera persona o a tratados de interpretación de sueños (a no ser que sean rigurosamente científicos, y de éstos hay muy pocos), el único sentido importante es el que tú le des. Este sentido tal vez de entrada no lo encuentres. Pero desde el momento en que hayas escrito tu sueño, podrás releerlo, ir pensando en él y, en un momento u otro, obtendrás su significado profundo.

¿CÓMO PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS Y SACAR PARTIDO DE NUESTROS SUEÑOS PREMONITORIOS?
Todos nuestros sueños contienen mensajes de prevención, pero no todos tienen la misma importancia.
Debemos fijarnos, pues, en aquellos que realmente nos impresionan.
Y debemos intentar que no se nos escapen. Retenerlos, captarlos y llevarlos a nuestra memoria consciente. Hecho esto, el día en que seas capaz de comprender el mensaje contenido en tu sueño, también serás capaz de influir sobre tu próximo o próximos sueños. ¿Cómo? Existen dos posibilidades:

. Has comprendido y asimilado perfectamente el sentido de aquel sueño que tanto te impresionó, sacas las conclusiones necesarias y actúas a modo preventivo en tu vida consciente.
No se hace alusión obligatoriamente a hechos o acontecimientos concretos de tu vida, sino que se trata, sobre todo, de movimientos interiores, sentimientos contradictorios, ideas que todos tenemos y actos consecutivos, a veces equivocados que entonces cometemos;
2ª. Has comprendido el sentido de tu sueño, aun a pesar tuyo, sin realmente saberlo o ser consciente de ello, o de forma más intuitiva que práctica. No puedes, pues, obtener todas las conclusiones necesarias ni actuar a título preventivo.
En el primer caso, con total conocimiento de causa, la noche antes de dormir, justo en aquel momento en que estás perfectamente relajado y te dispones a entrar en el sueño, intenta no dormir durante un corto instante, vuelve a pensar en tu sueño, aquel que fue revelador para ti, e imagina que te preguntas al respecto para saber si lo has interpretado bien, si lo has visto bien, si en lo sucesivo actúas acorde con el sentido del mensaje preventivo que te transmitió. Sin duda, entonces, volverás a tener otro sueño, que será la prolongación del primero, tal vez no esta noche, pero sí la noche siguiente, o la otra, puesto que a veces hay que llamar varias veces a la puerta antes de que se abra para iluminarnos. En la segunda opción, procede de igual modo que en la primera. Sin embargo, como no habrás comprendido el sentido real de tu sueño, tendrás otro sueño, que será como una repetición del primero, pero seguramente abordado desde otro punto de vista y te permitirá tal vez deducir el mensaje que contiene para ti.


sábado, 15 de marzo de 2014

Los sueños colectivos


Uno de nuestros puntos comunes es que todos soñamos. Con frecuencia también tenemos los mismos sueños. Pero, para cada uno de nosotros, tienen un significado distinto.

Según ciertas creencias ancestrales de connotación mágica y, por supuesto, de carácter sagrado, en la naturaleza existen grandes fuerzas que rigen la vida sobre la Tierra. A menudo se representaron con un aspecto aterrador, para subrayar de tal modo su fuerza y sus poderes. A veces fueron incluso deificadas. El chamán, elegido entre los hombres debido a un don particular, que le raptaba en éxtasis o le transportaba hacia otro campo de visión del mundo y de la realidad, revelaba en efecto disposiciones singulares para comunicarse con ellas. Así, podía adquirir el conocimiento de estas fuerzas irreales, invisibles e impalpables, pero cuyas manifestaciones eran, sin embargo, muy reales y físicas, puesto que incluso podían, en algunas circunstancias, utilizar todos los elementos, o explotar todas las formas de vida para aparecer, imponerse e intervenir en la vida de los hombres, experimentarlas o aliviarlas, según el caso. Actualmente, cuando ya hemos investigado la materia y conocemos la existencia de los átomos y las células, sonreímos al pensar en nuestros ingenuos antepasados, que creían firmemente que el fuego y el viento poseían un poder tan grande que podían dominar al hombre y la Tierra. Sin embargo, cada vez que los elementos se desencadenan en alguna parte de nuestro planeta, devastándolo todo a su paso, no podemos evitar un escalofrío de congoja. ¿Se trata del desagradable recuerdo de los espantos y los horrores que antaño conocimos, en que los hombres y las mujeres estaban bajo el yugo de la tiranía de la tierra, del agua, del fuego y del viento, los 4 elementos que presiden la vida sobre la Tierra? ¿Se trata pues, de un miedo ancestral, oscuro, pero profundamente escondido, incluso arraigado, que se hace eco de otro miedo, que todos tenemos en común, y al que nadie puede escapar, por más lúcido, realista, inteligente y sensato que uno sea: el miedo a la muerte?

LA MEMORIA COLECTIVA O LA TERCERA VÍA DE LA CONCIENCIA
De tal manera, debe existir una memoria colectiva, una especie de mar inmenso de pensamientos, de visiones, de experiencias vividas, de actos realizados por nuestros antepasados desde hace lustros, desde que los hombres y las mujeres se distinguieron de las otras especies que viven sobre la Tierra, por no se sabe muy bien qué misterio, proceso o prodigio.
De ser así, se debe poder demostrar su existencia. En efecto, parece lógico, pero no es tan simple. 
Habrás observado, como todo el mundo, que un sueño muchas veces es incoherente, fantasioso, irracional e inverosímil. En otros términos, lo que a veces nos sucede al "vivir un sueño", como suele decirse, nos parece imposible de vivir despiertos, en la vida real. Esa inverosimilitud sólo la admitiremos en el cine; como apuntaba Alfred Hitchcock  cuando se le reprochaba que proponía a los espectadores escenas inverosímiles: "el cine no sólo debe realizar verosimilitudes", le gustaba decir.
Asimismo, al vivir una experiencia extraordinaria, o que nos pone en tal estado de exaltación o emoción, que tenemos la sensación de sentirnos aliviados del peso de las realidades materiales y de las vicisitudes de la vida cotidiana, entonces decimos que hemos estado "viviendo un sueño". Estos dos ejemplos demuestran que todos estamos convencidos que el sueño procede de otro mundo, tal vez de otra realidad, pero que no tiene nada de real en el sentido en que lo entendemos normalmente.
Siguiendo, pues, con este razonamiento, se puede afirmar que existe una escritura del mundo real y un lenguaje inherente al universo onírico. Este último utiliza los símbolos y juega con la realidad. A veces, tenemos la sensación de que no tienen ningún sentido, de que son totalmente absurdos. Sin embargo, cada vez que se dirige a nosotros, nos transmite un mensaje y nos muestra o nos enseña algo. Entonces, ¿por qué, hoy en día, ya no comprendemos su lenguaje? ¿Por qué cualquier niño que acaba de nacer, aprende a nadar y caminar, y su cerebro de entrada parece estar bien estructurado para aprender a hablar y a escribir, de forma espontánea o instintiva, y en cambio no comprende del mismo modo el lenguaje de los sueños? Para responder a esta pregunta, nos podemos situar en un punto de vista religioso, o bien en un punto de vista psicológico: el primero se resume en función de pecado y falta original; el segundo, desde el punto de vista de culpabilidad e inhibiciones.
Sin embargo, existe una tercera vía, más generosa, pero tal vez también más peligrosa en cierta manera. Se trata de la que nos conduce por los caóticos y vertiginosos vericuetos de esta gran memoria común, simbolizada en las civilizaciones antiguas por las aguas matriciales y originales, el caos universal, de donde habría resurgido toda materia y toda vida vegetativa, y luego inteligente.

TODOS LOS SUEÑOS SON COLECTIVOS E INDIVIDUALES
Si estamos dispuestos a aceptar la existencia de esta tercera vía, entonces debemos dar muestras de gran humildad. En efecto, ésta implica que existe un plano de conciencia en el que todos estamos al mismo nivel, absolutamente iguales y tal vez incluso indiferenciados unos de otros, compartiendo los mismos pensamientos, hablando el lenguaje y teniendo el mismo gran sueño. ¿No es éste el símbolo que se desprende de la leyenda bíblica de la Torre de Babel?
Cuenta esta leyenda, que antaño los hombres y las mujeres hablaban todos la misma lengua. Y más tarde, como siempre, se cometió una falta y ya no se entendieron más entre sí y, desde entonces, los hombres y las mujeres deben hacer grandes esfuerzos para comprenderse. Sin embargo, en nuestros sueños, todos utilizamos el mismo lenguaje, y tal vez, a pesar de todo, nos comuniquemos gracias a él.
En todo caso, nuestros sueños a menudo se refieren a una realidad que es la misma para todos, al menos en apariencia. Luego se modela, se deforma o se transforma, de manera que tiene un único sentido para nosotros. De modo que todos los sueños toman una interpretación y una visión colectiva del mundo y de la realidad, para transmitirnos mensajes personales, íntimos o individuales.


jueves, 13 de marzo de 2014

Los sueños individuales recurrentes


Tener con frecuencia el mismo sueño es tener un sueño recurrente. ¿Por qué tenemos este tipo de sueños y qué significan?

Hoy día sabemos que el sueño es una función vital. Experimentos relativamente recientes demuestran que si a una persona se le impide alcanzar la fase del sueño, llamada sueño paradójico, y que, según los neurofisiólogos corresponde al estado psicológico propicio a la aparición de sueños, se da una pérdida de las funciones vitales y psíquicas de la persona en cuestión, a medida que pasan los días. Todos necesitamos soñar. Pero el hecho de saber que el sueño es una función vital no explica las causas del sueño. También sabemos que los animales sueñan. Por eso, si los psicoanalistas abordan el estudio de los sueños desde el punto de vista de las neurosis o psicosis que sufre un ser humano, no vemos cómo se podría aplicar este método a los animales que, evidentemente, son incapaces de confiarnos sus sueños. En el hombre es totalmente distinto. El hombre es capaz de poder acordarse de algunos de sus sueños y de comunicarlos a los demás. Como hemos visto, la oniromancia es una forma de interpretación de los sueños muy antigua, que seguramente los hombres practicaban mucho antes de redactar los formularios de sueños a los que se referían los adivinos y onirománticos de las civilizaciones antiguas, en Mesopotamia, en Egipto y especialmente en China, así como en la India, en Persia, en Japón, en Arabia y en Europa, es decir, por todo el mundo. 

¿QUÉ ES UN SUEÑO RECURRENTE?
Según el psicoanálisis es un sueño obsesivo. Por ejemplo, verse a uno mismo hacer los mismos gestos o encontrarse siempre en la misma situación, en una serie de sueños durante varias semanas, meses o incluso años, a intervalos, resulta un sueño recurrente. Al respecto, Carl Gustav Jung explicaba la siguiente anécdota: una de sus más asiduas pacientes le explicaba uno de sus sueños más frecuentes. Le contaba que estaba paseando por París, a orillas del Sena. Y allí, sin ninguna razón aparente, sabía que iba a morir. Entonces, se despertaba de forma brutal y muy angustiada. Durante las sesiones que el psicoanalista tuvo con ella más de diez años, Carl Gustav Jung desaconsejó enérgicamente a su paciente que visitara París, ciudad con la que soñaba desde hacía mucho tiempo y también de forma obsesiva. Algunos años más tarde, cuando su paciente parecía haber terminado con su análisis y Carl Gustav Jung no tenía más noticias de ella, supo accidentalmente que al fin se había decidido a emprender este viaje a París y que, efectivamente, había muerto mientras paseaba a orillas del Sena al caer la rama de un árbol encima de su cabeza y romperle el cráneo.

LA DOBLE INTERPRETACIÓN DE UN SUEÑO RECURRENTE
Si nos aventuramos a querer dar una interpretación del sueño de la paciente del gran psicoanalista, tendemos a pensar que esta mujer mezclaba la idea que tenía de su propia muerte y la de un viaje idílico, un lugar que ella aspiraba a conocer. Pero entonces, desde un punto de vista psicoanalítico, es posible que para ella este sueño fuera una manera de compensar la angustia de su propia muerte, una especie de exorcismo. De lo cual es fácil deducir que estaba angustiada por la muerte de forma obsesiva y, por consiguiente, que tenía un temperamento mórbido.
En tal caso, no hay ningún motivo para creer que nos encontramos ante un sueño premonitorio, es decir, un sueño que pone en escena una situación que se producirá en la realidad, en un futuro próximo o lejano, en la vida del soñador.
Ahora, si lo vemos desde el punto de vista referido a la tradición de la oniromancia, se plantea la posibilidad de que este sueño sí sea premonitorio, que revele un acontecimiento probable, pudiéndose producir efectivamente en la vida futura de esa persona. Por eso, además de ayudar a esta mujer a comprender la causa profunda de sus angustias mórbidas, reveladas por este sueño recurrente, se considera importante, además de interesante, descubrir su aspecto premonitorio.
Es lo que hizo el psicoanalista Carl Gustav Jung, el cual había percibido en el sueño de su paciente un mensaje, una información, una revelación que se refería a las reglas utilizadas por los expertos onirománticos.

¿CÓMO DEBES INTERPRETAR TUS SUEÑOS RECURRENTES?
El sueño y la realidad tal vez estén más próximos de lo que se cree. Al menos es lo que pensaban nuestros antepasados, que se sometían a rituales rigurosos y tomaban infinitas precauciones antes de atribuir una interpretación de su sueño.
Por lo tanto, si tienes un sueño recurrente, no confíes su contenido a cualquiera. "El sueño vale lo que vale su interpretación -subraya Toufi Fahd, investigador del CNRS (Centre Nationale de Recherche Scientifique/ Centro Nacional de Investigación Científica de Francia)-. Sólo debe contarse a un conocedor, un consejero y jamás a un ignorante o a un enemigo puesto que, entonces, pierde todo su valor. El intérprete de sueños debe poseer buenas cualidades: la religión, la memoria, la indulgencia, una buena moralidad, la piedad, la clemencia, la discreción, el silencio ante lo que ignora; debe evitar la palabrería y la jactancia, y no divulgar jamás lo que se le confía."


lunes, 10 de marzo de 2014

Oniromancia y psicoanálisis


Tanto si se consideran mensajes enviados por los dioses como sis on comunicaciones del inconsciente, los sueños tienen un sentido.
¿Podemos realmente hacer un paralelismo entre esta ciencia del pasado tan discutida que es la oniromancia, pero que todavía ejerce una gran fascinación sobre nuestras conciencias, y la reciente ciencia del psicoanálisis, también muy controvertida, aunque parezca muy integrada en nuestras costumbres?
Sin duda alguna, los psicoanalistas puros y duros tienden a rechazar en bloque los 5.000 años de estudios e interpretaciones escritas de los sueños que han precedido a los primeros trabajos del psicoanálisis. Pero en este ámbito, como en tantos otros, ¿no es reprochable, incluso absurdo y muy presuntuoso, que con el pretexto de haber alcanzado un nivel de inteligencia y de lucidez mental muy elevado -al menos comparado con el que supuestamente tenían nuestros antepasados- creamos que nuestra interpretación actual de la realidad es la única aceptable, razonable y sensata? De manera que, ¿el análisis de los sueños, tal como lo enfocan los analistas, debe inducirles a rechazar, simple y llanamente, todas las interpretaciones de sueños de los onirománticos de antaño? Este estudio de las interpretaciones de los sueños, llamado oniromancia, y que se inspira tanto en el conocimiento del lenguaje de los mitos y símbolos como en la adivinación inspirada o deductiva, ¿nos ha librado todos sus secretos? ¿Le hemos sacado todo el jugo? ¿Realmente sabemos lo que nuestros antepasados "veían" en sus sueños y lo que deducían en términos vitales? El psicoanálisis, esta nueva forma de estudio de los sueños que recurre a los mitos y a los símbolos, ¿puede acabar barriendo definitivamente, a largo plazo, a la oniromancia? Tal vez, podemos imaginar que ambas son complementarias, que cada una se sitúa en un distinto nivel de conciencia y que, juntas, contribuyen a darnos una visión global y profunda de la realidad perceptible por nuestros sentidos, pero también imperceptibles por los mismos, realidad ilusoria de los sueños, aunque a veces nos parece más real que la realidad, simplemente porque la vivimos o la aprehendemos con más intensidad.
A fuerza de oponer nuestra concepción de la vida y del universo a la de nuestros antepasados, ¿no nos estamos oponiendo a nosotros mismos, yendo contra corriente respecto a la vida o retrocediendo?

LA ONIROMANCIA O LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS
En las sociedades primitivas y las civilizaciones antiguas, parece que el sueño se consideró una especie de capacidad, al mismo tiempo natural y sobrenatural, que ofrecía a los hombres la posibilidad de comunicarse con el más allá, con los demonios o con los dioses en función de la naturaleza de sus sueños. En otros términos, las visiones, apariciones e iluminaciones pertenecen al campo de los sueños que, según los antiguos, era el instrumento que les permitía comunicarse con lo divino. Sin embargo, estas comunicaciones o mensajes transmitidos por los dioses a los hombres en sus sueños, siempre son una especie de previsiones.
Por eso, el sueño posee, evidentemente, un carácter mágico pero, sobre todo, sagrado. El hecho de encontrarlo y revelar su interpretación es de capital importancia y debe tratarse con precaución. Ésta es la misión del oniromante, el intérprete de los sueños, que puede ser un chamán, un sacerdote, un hechicero o un adivino, según las épocas y las culturas, pero que siempre se trata de un ser que se somete a unas reglas y leyes estrictas, rigurosos rituales y que se remite a formularios de interpretación de los sueños. Al haber sido iniciado en la interpretación de los sueños, gracias a unos dones o talentos innatos que poseía para ejercer este tipo de función, desempeñaba el papel de iluminador de conciencias, de clarividente. De manera que en las sociedades primitivas, así como en las civilizaciones antiguas más evolucionadas, no sería falso decir que la oniromancia era un arte que se ejercía de forma científica.

EL PSICOANÁLISIS O EL ANÁLISIS DE LOS SUEÑOS
Así como la oniromancia es un arte adivinatoria entre tantas otras, que permite descifrar los mensajes transmitidos en los sueños gracias al lenguaje de los mitos, los símbolos y los presagios, el análisis de los sueños no es el único instrumento del psicoanalista para la investigación del alma humana. Sin embargo, éste es el que nos interesa en este momento, tal como lo practican y lo aprovechan los psicoanalistas.
Según Sigmund Freud, los sueños son los efectos compensatorios y los fantasmas producidos por la libido, considerada un conjunto de energías instintivas y de fuerzas pulsionales incontroladas, que todos ocultamos y que forman la esencia misma de nuestra personalidad.
Por lo tanto, invitando al soñador a proceder por asociaciones a partir de un sueño que haya tenido, y que parezca haberle impresionado lo suficiente para que haga alusión al mismo en el curso de un análisis, es decir, durante una sesión de psicoanálisis -puesto que el psicoanalista ya no es un sacerdote o un adivino, sino un médico, función que asumían casi siempre los sacerdotes y adivinos en la Antigüedad-, el terapeuta incita al soñador a que él mismo encuentre el sentido oculto, profundo e íntimo de su sueño.
Sin embargo, es en el contexto de una terapia donde el psicoanalista trabaja los mensajes contenidos en los sueños, a los que considera síntomas de una enfermedad mental latente, que perturba el comportamiento del soñador o le encadena a malos instintos de comportamiento, que seguramente perjudican su bienestar.
¿En qué se diferencian el papel del oniromante y el del psicoanalista? ¿No pretenden ambos, por poco que tengan una vocación sincera, la preocupación por el bienestar del prójimo, del despertar de su conciencia y del conocimiento que puede tener de sí mismo?.


viernes, 7 de marzo de 2014

La oniromancia en China

El Cielo, los dioses, los antepasados y los fantasmas poblaban los sueños de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media.

En esta antigua y lejana civilización que tanto hizo soñar, e incluso imaginar, como ocurrió en al antiguo Egipto, aunque también y principalmente en la Europa de los reinos de la Edad Media, la interpretación de los sueños ocupó un lugar preponderante. Por más lejos que nos remontemos en el tiempo, observamos que la literatura clásica china, de gran riqueza, está llena de relatos y testimonios, así como de métodos, teorías y consejos prácticos relativos a la interpretación de los sueños.
De ahí que podamos realizar una afirmación que no sorprenderá a nadie: desde la más alta Antigüedad, en todas las latitudes, no solamente los hombres tenían muchos sueños, sino que además muy pronto vieron en sus sueños mensajes enviados por sus dioses -éste era el caso de Mesopotamia y de Egipto-, o enviados por el Cielo, por sus antepasados y algunas veces por los fantasmas, seres sobrenaturales y espíritus errantes, tenían un papel importante en la vida de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media. La interpretación de los sueños supuso, pues, un serio e importante tema de preocupación para los hombres desde la noche de los tiempos.

LOS SUEÑOS ENVIADOS POR EL CIELO, LOS DIOSES, LOS ANTEPASADOS O LOS FANTASMAS
En China, los oniromantes o intérpretes de sueños de la Antigüedad se dividían en 4 categorías. De manera que, en función de la categoría que se les atribuía, el sentido y la interpretación de los sueños eran distintos. 

Los sueños enviados por el Cielo
Éstos, claro está, tenían un carácter sagrado y representaban mensajes esenciales y providenciales, y solamente podían recibirlos unos seres privilegiados o excepcionales, una especie de elegidos o escogidos del Cielo. Estos sueños, además, podían producirse en estado de vigilia y manifestarse en forma de apariciones o visiones. Sin embargo, únicamente el adivino estaba capacitado para interpretarlos, para ver en ellos mensajes enviados por el Cielo, para decir si eran propicios o nefastos y qué conclusión o previsión se podía sacar o deducir de ellos. Por supuesto, tales sueños eran muy excepcionales y, casi siempre, el mensaje o mensajes que contenían afectaban a la comunidad o al país.

Los sueños enviados por los dioses
Se podría pensar que tienen el mismo origen, significado y alcance que los precedentes. En realidad, para los chinos, los dioses eran enviados del Cielo, una especie de mensajeros y soldados celestiales, que tanto podían proteger a los humanos como desafiarlos o probarlos, según el caso, y también según sus méritos. Eran espíritus del bien y del mal, fuerzas de la naturaleza que no dejan de recordarnos a la bíblica cohorte de los ángeles. Estos dioses no siempre tomaban forma humana. Podían aparecer en sueños bajo el aspecto de demonios aterradores, dragones u otros animales fantasmagóricos y míticos, tan abundantes en la cultura china.
Por ello, este tipo de sueño solía manifestarse a un gran soldado antes de la batalla, por ejemplo, o a un hombre antes de cumplir una misión importante, una labor especial o una obra excepcional. El adivino encargado de interpretar este tipo de sueños debía, pues, prevenir al soñador de los peligros que corría o de las protecciones providenciales de que eventualmente podía disfrutar

Los sueños enviados por los antepasados
Tenían un sentido muy especial. En efecto, en China los antepasados o ancestros desempeñaban un papel prácticamente divino. Debemos entender que la mentalidad china difiere mucho de la nuestra en que, según aquella, el mundo sobrenatural e irracional no están totalmente separados, como tendemos a pensar en Occidente. Para los chinos, ambos mundos se penetran mutuamente. Están en relación permanente. Podemos salir de uno y entrar en el otro en cualquier momento, tanto si se trata de un ser vivo como de un ser muerto. Por ello, no es raro encontrar en la literatura china relatos en los que el héroe pasa del mundo de los vivos al de los muertos tan fácilmente como se pasa el umbral de una casa o la frontera de un país. Por tanto, los chinos tenían un profundo respeto por sus antepasados, a quienes creían siempre omnipresentes. Y no se sorprendían de cruzarse con ellos en medio de la calle o incluso de recibirles en su casa, como demuestran algunos relatos antiguos. Para un chino, no era del todo sorprendente encontrarse a uno de sus antepasados en un sueño y oír cómo le revelaba un mensaje. Más bien lo que le sorprendía, e incluso le inquietaba, era que ninguno de sus ancestros se le dirigiera o viniera a visitarle en sueños. En efecto, podía llegar a la conclusión de que sus ancestros le habían abandonado o rechazado, que había cometido una falta irremediable. En cambio, los que soñaban a menudo con sus antepasados se sentían protegidos y seguían al pie de la letra los consejos que les prodigaban durante su vida nocturna.
Algunos textos antiguos hacen alusión al hecho de que, en el momento en que los chinos de cierta edad dejaban de soñar con sus antepasados, deducían que pronto se reunirían con ellos. Una vez más, la interpretación del adivino era muy útil, y podía confirmar o invalidar el sentido de un sueño refiriéndose a factores astrológicos o a diversas artes adivinatorias.

Los sueños enviados por los fantasmas
Casi siempre eran aterradores, incluso aunque no tuvieran necesariamente nada que ver ni afectaran directamente al soñador. En este caso, podía comprobarse peligrosamente, puesto que estos fantasmas, que surgían de los sueños, eran espectros que habían sido víctimas, en vida, de una injusticia o un crimen, y reclamaban venganza atormentando al soñador, o bien resultaban ser almas errantes y mal intencionadas mandadas por brujos o brujas -ya que en China también había-, y llegados para perjudicar al soñador. El adivino, además de interpretar el sueño, desempeñaba la función de exorcista para acabar con los fantasmas.


sábado, 1 de marzo de 2014

La oniromancia en Egipto


Tal vez es en el antiguo Egipto donde encontramos los precedentes del estudio de los sueños, empleado para fines terapéuticos.

Para los egipcios, soñar era un despertar y el sueño el camino que conduce al despertar de la conciencia. En efecto, el bilítero que designa el sueño en los jerogíficos deriva directamente del verbo que significa "velar" y "despertarse". Dicho de otra forma, según los egipcios de la Antigüedad, el soñador es el que vela y se despierta, un vigía, un buscador, un aventurero del alma y de la conciencia. Para ellos, no hay ninguna duda del carácter mágico y premonitorio del sueño, puesto que en su sueño, el durmiente entra en una realidad distinta, dentro de la cual se le puede revelar el futuro.
Esta visión que se le ofrece de su futuro es considerada un don de los dioses. En efecto, viendo su futuro en sueños, y recordándolo con claridad una vez fuera de su sueño, el soñador es capaz de prevenir los acontecimientos malos, las dificultades y los obstáculos que le esperan, que no duda que sean ineluctables, y conjurar de este modo las consecuencias nefastas o desastrosas. La fuerza mágica del sueño, don cedido por los dioses a los hombres, permite, pues, prever las circunstancias futuras de la vida y anticipar los acontecimientos venideros. Se  trata de una actitud totalmente inteligente y terapéutica, puesto que consiste en prevenir el mal antes que en curarlo.

NEITH Y BES, LOS GUARDIANES DEL SUEÑO
Pero el sueño es un lugar peligroso. Es el reino de la sombra, de los muertos, de los malos espíritus, de los espectros con malas intenciones. Según los egipcios, pues, para acceder al reino del sueño premonitorio, don de los dioses otorgado a los hombres, hay que tomar algunas precauciones. Por tanto, dos divinidades protectoras acompañan al soñador.
La primera es Neith, llamada "la que es" o "la Terrible", diosa guerrera cuyos atributos eran el arco y las flechas. Posteriormente, sería asociada a Atenea, en Grecia, y, al igual que ésta, se suponía que debía enseñar el arte de tejer a los hombres. Se trataba también, por tanto, de una divinidad del destino.
A veces se la esculpía en la madera de la cabecera de la cama del durmiente, representándola con su arco tensado, listo para lanzar una flecha sobre el demonio de la noche.
La segunda es Bes, que más que una divinidad era un espíritu común, con aspecto de enano barbudo haciendo muecas con el rostro. En su caso, figuraba entre los objetos de aseo, situados cerca de la cama del durmiente mientras dormía, pero a veces también se esculpía en los pies de la cama. Su atributo era un tamborcillo, que tocaba para ahuyentar los demonios de la noche.
Protegido por esta divinidad y este buen espíritu, el durmiente, aunque no se aseguraba un sueño tranquilo, al menos se consolaba antes de dormirse. Por si esto no bastaba, todavía podía recitar una oración a su despertar para eliminar los trastornos de su sueño, alejarle de los pensamientos nefastos, consecuencia de las pesadillas, o sacar provecho de los mensajes transmitidos por su sueño: "Ven a mí, ven a mí, Isis, madre mía. Sabes, he tenido visiones lejos de ti en tu ciudad.
-Heme aquí, Horus hijo mío: confiesa lo que has visto para que desaparezcan estas amenazas que pueblan tus sueños y que el fuego ataque a los que te asusten. Sabes, he venido para verte y eliminar tus males y extirpar todo lo que es pernicioso."
Como último recurso, el durmiente invoca a Isis la Hechicera, la gran protectora de Egipto y de los egipcios.

LA CASA DE VIDA
El sueño en Egipto era el viaje nocturno del alma al reino de los dioses. De esta estancia regular, el hombre podía aprender algo provechoso para su vida actual y futura. Se sabe cómo tenía que actuar para protegerse de las fuerzas del mal que pueblan sus pesadillas, ¿pero cómo podía interpretar sus sueños? Debía consultar a un intérprete de sueños o a un especialista en oniromancia, es decir, a un sacerdote-escriba que oficie en la Casa de Vida.
Se trataba de un lugar situado en las proximidades de las ciudades de Egipto, comparable a una especie de monasterio o instituto religioso, así como a un sanatorio o una casa de reposo, donde los sacerdotes copiaban y conservaban los manuscritos rituales y sagrados del antiguo Egipto, estudiaban y practicaban todo tipo de ciencias que estaban reservadas exclusivamente a los iniciados: astronomía y astrología, medicina, hemerología, adivinación y, por supuesto, teología. De manera que la Casa de la Vida de Dendera era célebre por las curaciones casi milagrosas que hacían los sacerdotes-escribas, médicos y hechiceros, así como por sus trabajos astrológicos de gran precisión. La Casa de Vida de Canope, la actual ciudad de Abukir, una localidad del actual Egipto situada al noreste de Alejandría, hacía las veces de centro de curación, donde los egipcios enfermos, depresivos o cansados iban a descansar, regenerarse o curarse, según el caso. Finalmente, la Casa de la Vida de Menfis tenía fama por sus curas de sueño y las revelaciones que los sacerdotes-escribas eran capaces de ofrecer a los soñadores, interpretando sus sueños.
Era, pues, un sacerdote-escriba, convertido en maestro de la interpretación de sueños, quien desvelaba al soñador el sentido de los mensajes contenidos en sus sueños, tanto utilizando su saber hacer, experiencia y su imaginación, como apoyándose en los formularios de sueños que, al igual que en Babilonia, existían en Egipto.
Sin embargo, parece que los egipcios llegaron aún más lejos en la ciencia adivinatoria de la oniromancia. Puesto que en la Casa de Vida de Menfis, por ejemplo, se utilizaba una técnica de sueños provocados: se ponía al soñador en unas condiciones determinadas, se le hacía ayunar, se le invitaba a cortar con el mundo exterior aislándole en una especie de celda de paredes blancas, en la que podía escribir o dibujar sus sueños, que luego el especialista interpretaba.
Es probable que este tipo de investigación y estudio de los sueños utilizado en Egipto fuese una forma de psicoanálisis anticipada, que se practicaba hace al menos más de 3.000 años.


miércoles, 26 de febrero de 2014

La oniromancia en Babilonia


La interpretación de los sueños en Mesopotamia iba acompañada sistemáticamente de un ritual y era patrimonio de lo divino o del sacerdote.

Al hablar de la interpretación de los sueños en Babilonia, nos referimos a la tradición sumerio-acadia, asiria y caldea del arte de la adivinación y de la ciencia de los presagios, tal como se practicó en Mesopotamia.
La oniromancia, es decir, la interpretación de los sueños, ocupó un lugar primordial, evidentemente junto con la astrología, pero también junto a las artes de la aruspicina, es decir, la consulta de las vísceras de los corderos sacrificados -a partir de los cuales el adivino realizaba los oráculos-, la cresmología o la escucha de encantamientos o palabras extáticas, la fisiognomonía o estudio de los rasgos del rostro, la metoposcopia o el análisis de lunares, la oleomancia o adivinación realizada a partir de manchas de aceite, la teratomancia o los presagios relativos a los monstruos de la naturaleza, la belomancia que se practicaba dejando caer varias flechas o bastones al suelo y, finalmente y sobre todo, la cledonomancia, un arte adivinatoria basada en las coincidencias y correspondencias entre algunos acontecimientos fortuitos o naturales que se producían en un momento determinado, o en el momento que el consultante planteaba ciertas preguntas puntuales y relacionadas a las dificultades que se encontraba en la vida. En todas las civilizaciones, a la hora de consultar el oráculo de los dioses en cualquiera de estas formas, se recurría al adivino o bârû, un iniciado en el sentido verdadero de la palabra, que no sólo se mantenía en el más absoluto secreto y en la total confidencialidad, sino también en tanto que se sometía a ritos, usos, principios y reglas muy estrictas que le habían sido impuestos. Entonces, se puede considerar que ser adivino en Mesopotamia era un trabajo que implicaba un compromiso y una ética, sobre la que todos aquellos que hoy presumen de adivinos deberían meditar.

ZIQIQU, EL DIOS-SUEÑO, MENSAJERO DIVINO
Según la tradición y las creencias babilónicas, el sueño es un dios que toma el aspecto de un soplo, el Ziqiqu, que al caer la noche vaga entre el cielo y la tierra. Ziqiqu, el dios-sueño, es un demonio nocturno. Es una creación de la noche. Sin embargo, tal como lo describen los asirios, nos recuerda al doble etéreo y a la imagen del ángel como se representaría posteriormente, empezando por la que se plantearon los cabalistas con la noción de Selem o cuerpo astral. En efecto, el dios-sueño se sitúa bajo la doble influencia de Shamash o Uto, el Sol -que durante la noche continúa su viaje en el mundo oscuro e infernal y, por eso, se le consideraba el "rey de los espectros"-, y del dios Luna Sin o Nanna -que era un dios masculino e hijo de Enlil, una divinidad primordial y superior en el panteón de los numerosos dioses mesopotámicos, asociado al destino de los hombres-, pero también, en cierta forma, a la atmósfera de la Tierra, al Aire en tanto que elemento y, por consiguiente, al soplo en que aparece el Ziqiqu, el dios-sueño.

LA INTERPRETACIÖN DE LOS SUEÑOS EN BABILONIA
Para practicar el arte adivinatoria de la oniromancia e interpretar el mensaje transmitido por el dios-sueño, el adivino babilónico debe recurrir a las fuentes de su imaginación, además de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños de que dispone. Sin embargo, en Babilonia, solamente un adivino o sacerdote, llamado sha'ilu, "el interrogador", era capaz de interpretar un sueño. Además, al tener el sueño un carácter mágico, sagrado y demoníaco, se desaconsejaba al soñador entregar su sueño a otra persona que no fuera el adivino. Cuando el soñador se dirige a este último para descubrir y entender la interpretación que le dará de su sueño, el sha'ilu, antes de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños y dar libre curso a su inspiración e imaginación para resolver el enigma de un sueño, leerá los textos rituales. De manera que la interpretación de un sueño va acompañada de una ceremonia. Por eso, este acto que lleva a cabo el adivino no es anodino, el soñador mide también su importancia y gravedad.
Estos textos enseñan que, para el soñador, contar o explicar su sueño, también es liberarse y librarse del mismo. Ahí se encuentra la noción de exorcismo inherente a cualquier cultura mesopotámica, donde las prácticas de la adivinación y la medicina siempre tenían  un carácter expiatorio y saludable.

LOS FORMULARIOS DE ONIROMANCIA DE BABILONIA
En Mesopotamia, cuna de la escritura cuneiforme, los hombres utilizaban esta maravillosa y genial invención para organizar la vida social y económica. De tal manera, sus reglas de vida administrativa y sus leyes fueron escritas. Ocurría lo mismo con todo lo que tenía que ver con relatos míticos, el panteón de los innumerables dioses, la adivinación y los presagios. En los archivos reales de Assurbanipal -gran rey asirio del siglo VII antes de nuestra era que conquistó Egipto y destruyó el Imperio de Elam y creó una fabulosa biblioteca en Nínive, capital de su imperio-, al arqueólogo inglés Austen Henry Layard, en 1850, descubrió más de 25.000 tablas.
Actualmente, se conservan en el British Museum de Londres, y aproximadamente cien de ellas constituyen una verdadera "clave para sueños". A continuación algunos breves extractos de este formulario para la interpretación de sueños, reconstruido metódicamente por el asiriólogo americano Leo Oppenheim. Son pasajes relacionados con animales, por supuesto se trata exclusivamente los que aparecen en sueños:
  • "Si un hombre se encuentra con un caballo: tendrá un salvador."
  • "Si un hombre se encuentra con un mono: tendrá hijos."
  • "Si un hombre se encuentra con una rata: comerá hasta hartarse."
  • "Si un hombre se encuentra con un ave: encontrará el objeto perdido."
  • "Si un hombre atrapa un zorro: tendrá un espíritu protector."
  • "Si atrapa a un zorro y luego se le escapa: un espíritu protector le abandonará."
  • "Si atrapa a un gato: realizará sus deseos y tendrá un espíritu protector."
  • "Si atrapa a un macho cabrío: se apoderará de él un espíritu malo."
  • "Si atrapa a un carnero: la justicia le perseguirá."


viernes, 21 de febrero de 2014

La oniromancia o la interpretación de los sueños


Los sueños son siempre premonitorios en el sentido de que nos avisan de un hecho, de un acontecimiento, de una situación que vendrá. Pero, ¿cómo interpretarlos?

El sueño es una función vital; sin vida onírica mientras dormimos, no podríamos sobrevivir. Sin embargo, la propensión al sueño, no es exclusiva de la vida nocturna. En estado de vigilia también se sueña. No nos referimos al hecho de especular, de imaginar, de esperar, de querer o de desear, sino a los sueños que tenemos despiertos: esos cortos instantes de evasión en que el espíritu se libera, deriva, instantes durante los que estamos inmersos en un estado que tal vez se sitúa entre la vigilia y el sueño. Hablamos de cuando tienen que repetirnos varias veces lo mismo para que lo entendamos, lo comprendamos y reaccionemos, pues estamos tan absortos en otras preocupaciones que nos alejamos del mundo real. Desde siempre, el hombre sueña igual que respira y, a veces, sus sueños se hacen realidad.

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS SUEÑOS?
¿De dónde vienen? ¿Tienen sentido? ¿Qué significan?
Los psicoanalistas modernos no fueron los primeros en formularse estas preguntas. En Babilonia, en el antiguo Egipto, en Israel, en Persia, en la India, en China, en Japón ya se lo planteaban, mucho antes de la aparición de la escritura. Y también se conocían los efectos terapéuticos de la interpretación de los sueños. De este modo, el hombre antiguo daba y encontraba un sentido a sus sueños utilizando el lenguaje de los signos, de los símbolos, de los mitos y de las creencias. Más tarde, en los países islámicos la oniromancia fue el único arte adivinatorio aceptado por el Profeta y predicado a los creyentes. Éstos elaboraron un verdadero código moral o deontológico para la práctica de esa mancia, que nada debe al sistema elaborado por nuestros psicoanalistas actuales.
Así eran las palabras que pronunciaba el profeta, este oniromántico -o sea, el intérprete de los sueños o antepasado de nuestro psicoanalista moderno-, cuando uno se disponía a confiarle su sueño: "¡Que el bien te resulte próximo y que el mal se aleje de ti! ¡Que sea un bien para ti y un mal para tus enemigos! ¡Loado sea Alá, señor del universo! Cuenta tu sueño".

¿POR QUÉ SOÑAMOS?
Los neurólogos afirman que la función del sueño resulta de nuestra actividad cerebral y orgánica.
Los psicoanalistas freudianos ven en ella efectos compensatorios y fantasmas producidos por la libido, palabra latina que significa deseo, entendido aquí como energía de los instintos y de las tendencias que constituyen el fondo de la personalidad.
Los psicoanalistas jungianos explican que nuestros sueños son portadores de mensajes simbólicos, cuya interpretación es un buen medio para conocernos a nosotros mismos, para orientarnos cuando tenemos problemas psíquicos o materiales o cuando atravesamos momentos de confusión.
Los antiguos entendían sus sueños como mensajes enviados por los dioses, para iluminarles, prevenirles, advertirles y guiarles.
Como ocurre a menudo, cuando los hombres se plantean una cuestión de las llamadas "eternas", cada especialista tiene una parte de la verdad, la cual se encuentra mediante una hábil síntesis de las respuestas que se nos proponen. En cuanto a lo que nos interesa, podemos deducir que nuestros sueños resultan de nuestras funciones cerebrales y orgánicas, que son fruto de nuestros deseos satisfechos o inhibidos, que su desciframiento y su interpretación favorecen tomas de conciencia y que, finalmente, son portadores de mensajes simbólicos esenciales que se manifiestan ante nosotros como medida preventiva, que nos avisan de ciertas situaciones, circunstancias o acontecimientos futuros, para que podamos prepararnos para vivirlos serena y sabiamente.
No cabe duda de que debemos estar atentos a nuestros sueños, a nuestra doble vida onírica, ya que resulta ser un buen medio de entrar en relación y en comunicación con lo absoluto, en comunicación con uno mismo.

¿CÓMO INTERPRETAR NUESTROS SUEÑOS?
Un método sencillo que se inspira en las técnicas de la oniromancia tradicional consiste en redactar un diario. Procúrate un cuaderno o una libreta y, cada vez que recuerdes un sueño, escríbelo sin descuidar ponerle su fecha. No te detengas en pensar que es totalmente fantástico, irreal, irracional o absurdo. Lo esencial es que puedas volver a él y que lo puedas contar. Al redactarlo, no busques efectos de estilo. Sé tan espontáneo y conciso como te sea posible. En cierto modo, al escribir tu sueño, te liberarás de él y podrás reflexionar cómodamente.
En cualquier momento, podrás leer tu libreta y recordar tu sueño. Sin duda, encontrarás analogías, concordancias y nexos comunes entre estos sueños y los que tendrás posteriormente, y que también escribirás de la misma manera. 
Para entender el sentido de tus sueños, podrás consultar un buen diccionario de símbolos.
Pero eso no debe impedirte recurrir a un principio de interpretación sencillo, basado en la analogía, los juegos de palabras, los símbolos y la deducción. En efecto, cada uno de nuestros sueños es un enigma.
Desvelar un enigma presenta diversos puntos comunes con una trama policíaca, de ahí la fascinación que ejercen sobre nosotros los grandes detectives de la literatura.
A partir de ahora, para interpretar tus sueños, transfórmate en Sherlock Holmes. "Donde está la pregunta, está la respuesta", dice un precepto de la oniromancia india.
Debes saber que, en casi todos los casos, tú eres el único capaz de interpretar tus propios sueños.

¿TIENEN UN SENTIDO INHERENTE NUESTROS SUEÑOS?
Hoy sabemos que, mientras dormimos, estamos inmersos en una fase de ensoñación que engloba cuatro o cinco sueños diferentes, cuando menos. Pero no los memorizamos con exactitud. A veces, al despertarnos, nos encontramos durante un breve instante en un ambiente, una atmósfera inherente al sueño en el que estábamos inmersos justo antes de abrir los ojos. Otras veces, persiste en nuestra mente una situación o un hecho que se produjo en el sueño. Otras, esta situación o este hecho nos persigue, nos inoportuna y puede incluso repetirse varias veces durante diferentes noches. Naturalmente, a estos sueños debemos prestarles una particular atención. En efecto, un sueño que nos deja una fuerte impresión aun despiertos siempre está cargado de sentido, es portador de un mensaje importante que es necesario interpretar.