lunes, 24 de julio de 2017

La cábala: El mito del Paraíso perdido



Veamos cómo, al combinar las letras-Número del código de la cábala, se puede interpretar el mito del Paraíso perdido, y cómo los cabalistas nos invitan a recuperarlo.

Existe una gran diferencia entre los redactores de la Biblia y aquellos que nos transmitieron el código de la cábala tal como la conocemos en la actualidad: los primeros trabajaron en un contexto agrícola, preocupado por la preservación social y la institución política, los segundos se preocuparon por el alma y la evolución espiritual, la mística y la comunión con la naturaleza por la tradición en el sentido puro y verdadero del término.
Por eso, a partir de principios del XI milenio antes de nuestra era, aproximadamente, hubo 5 innovaciones que produjeron un cambio radical en el estilo de vida y en la mentalidad, tal vez incluso provocaron un cambio en la estructura mental del ser humano. Se trata del riego, la agricultura. el sedentarismo, la construcción de ciudades y la ciencia de los hombres, que empieza por la escritura. No nos equivoquemos, estas 5 innovaciones, relativamente recientes en la historia de la humanidad, son la base misma de nuestra civilización moderna. Sin embargo, al contrario de los prejuicios e ideas en boga al respecto, no hace falta afirmar que son el origen de un gran progreso, un fantástico salto hacia delante para los hombres y las mujeres del planeta.

ENTRE EL PARAÍSO PERDIDO Y LA EDAD DE ORO

Sin duda alguna, visto desde fuera, el ser humano contemporáneo puede tener buenas razones para congratularse por su inmensa capacidad de invención y de su poder de realización. ¿Pero qué precio debe pagar para llegar a este punto? Si aquí nos hemos referido al mito del Paraíso perdido, o al de la Edad de Oro, que el fue prometida a la humanidad es para subrayar la dificultad de pertenecer al género humano, cualesquiera que sean los progresos realizados o lo que consideramos como tales. Estos mitos recurrentes nos acosan y nos hacen soñar, pero jamás nos tomamos el tiempo, ni el trabajo, de reflexionar con detenimiento sobre el tema. Esto es lo que la cábala nos anima a emprender. También es lo que nos invitan a hacer todos los místicos y profetas que, en función de su experiencia singular, y cada uno según su cultura y, por supuesto, su época, han mantenido el mismo discurso, también repetido, y que se puede resumir en esas palabras anónimas escritas en el frontal de la puerta de una ciudad de la India: "El mundo es un puente. Pasa por encima pero no fijes en él tu morada".

¿QUIENES SON ADÁN Y EVA?

El Paraíso o la Edad de Oro no son un lugar físico ni un tiempo pasado o futuro. Es un estado que hemos perdido y que podemos recobrar.
Así, actualmente, podemos muy bien situar el mito bíblico de Adán y Eva en aquel momento, finalmente no tan lejano de nuestra historia, en que los grupos humanos pasaron del estadio de cazadores-recolectores, es decir, todo el período denominado mesolítico, al de agricultores. En efecto, este cambio provocó un trastorno en su comportamiento y sus relaciones con la naturaleza; puesto que ciertamente, en este momento, es decir, cuando empezaron a cultivar la tierra, los hombres hicieron una analogía entre la tierra y la mujer y se identificaron a sí mismos con el cielo, ejerciendo una superioridad sobre la tierra y sobre las mujeres.
Antes de esto, los mitos de la Creación, es decir, las cosmogonías del mundo entero, se refieren a una especie de Cielo-mujer y a una Tierra-hombre.
El antiguo Egipto mantendrá esta doble noción personificada en Nut, la diosa del Cielo, y Geb, el dios de la Tierra. De ahí que los cazadores-recolectores convertidos en agricultores abandonaran los bosques paradisíacos en que solamente tenían que cazar y recolectar para alimentarse, en donde todos los frutos de la Tierra estaban al alcance de la mano, para pasar a labrar, sembrar, cosechar, es decir, someterse a los duros trabajos de la tierra que los han esclavizado. Se expulsaron, pues, a sí mismos del Paraíso.



Más tarde, cuando Caín mató a Abel, siempre según la cábala, se nos cuenta la misma historia pero en otras palabras. En efecto, Abel era un pastor, mientras Caín era un agricultor.
Matando su hermano, que encarna a los cazadores-recolectores, hace que triunfe la agricultura, pero es condenado a vagabundear eternamente.
Y Caín será el primero en construir ciudades.
El agricultor Caín será, por supuesto, simbólicamente, el pionero de la civilización moderna; puesto que las ciudades sólo han podido prosperar gracias a la agricultura, y sigue siendo así en la actualidad. Pero al convertirse en agricultores y luego en ciudadanos, es decir, en sedentarios, los hombres y las mujeres, representados simbólicamente por Adán, el ser humano primigenio, portador de un germen en formación (evidentemente según la cábala), abandonaron este lugar, el Jardín del Edén de la Biblia, para establecerse en lugares y en estados que impiden cualquier progresión, que han interrumpido la evolución que se les había prometido. Perdieron todo contacto real, innato y puro con la naturaleza de la que surgieron, y fueron desposeídos de muchas facultades que hoy llamamos instintivas o psíquicas, que les permitían tener una aprehensión global, universal y, en todo caso, unificadora, de la vida.
Ahora bien, las letras-Número de la cábala forman un lenguaje totalmente singular, único en su género, constituido por símbolos unificadores capaces de reactivar nuestras facultades psíquicas perdidas o dormidas, como las notas musicales empleadas en un instrumento, símbolos a partir de los cuales el músico obtiene los sonidos, acordes y armonías que producen en nosotros sensaciones, sentimientos y estados de ánimo. Según el investigador Guy Casaril: "Lejos de ser un juego de letras, cifras y palabras, el Tseruf [así es cómo Abraham Abulafia, místico judío y cabalista del siglo XII, llama a la ciencia de la asociación y permutación de las letras-Número del código de la cábala] es, pues, la técnica progresiva que permite al discípulo liberar su alma en un éxtasis provocado, del cual podrá controlar su desarrollo. Abulafia menosprecia las formas irracionales, y de alguna manera inconsciente del éxtasis, y los niveles de locura peligrosos. Para él, la práctica del Tseruf es una especie de composición del sentido musical. Así como el compositor combina las notas de la escala según unas reglas fijas, y no de forma anárquica, el místico combina las letras-Número siguiendo una severa técnica".


martes, 11 de julio de 2017

Las plantas mágicas y míticas XII: El tomillo, la verbena y la vid

Con una taza de tomillo para purificar nuestro organismo o para recuperar vitalidad, o con una taza de té árabe para pasar una noche dulce y ligera, o también un vaso de vino de vida, la bebida de los dioses, desde ahora sabremos por qué cuando brindamos decimos salud.

EL TOMILLO


El origen etimológico griego de su nombre significaba «ofrenda que se quema, perfume, aroma». Así que los griegos quemaban hojas de tomillo secas, de cuyo humo se desprendía un perfume dulce, como ofrenda a sus dioses y como muestra de agradecimiento. También el tomillo que encontramos en estado salvaje en las colinas que rodean el Mediterráneo, y del cual existen muchas especies, exhala de forma natural un perfume muy agradable. Sin embargo, desde la más alta Antigüedad, el tomillo y el serpol, que es una variedad del tomillo, además de considerarse plantas sagradas, se utilizaban comúnmente para fines culinarios, terapéuticos y estéticos. Los antiguos ya conocían los principios estimulantes, tónicos y balsámicos ―contiene un bálsamo natural capaz de suavizar las mucosas respiratorias― y, sobre todo, antisépticos, del tomillo. De manera que sabían que las infusiones de tomillo eran milagrosas para curar los catarros, combatir la angustia y la ansiedad, eliminar las malas ideas, estimular las funciones digestivas, curar el asma, y también eran conscientes de que la decocción de las hojas de esta planta, o su esencia mezclada con agua en un baño, revivifica el organismo y alivia los males reumáticos o artríticos. Los ingleses tenían por costumbre mezclarlo con cerveza. Según ellos, esta bebida de gusto sabroso les daba fuerza y valor. Señalemos de paso que el timo (antiguamente relacionado con el tomillo), que es una glándula situada en la base del cuello, más aparente en un niño que en un adulto, tiene un papel esencial en el sistema inmunitario y simboliza, pues, la vitalidad de un ser.

LA VERBENA


Verbenae, su nombre original latino, designaba las coronas de ramilletes de olivo, de laurel, de verbena y de mirto que los sacerdotes romanos se ponían en la cabeza a la hora de hacer los sacrificios que ofrecían a los dioses. Sin embargo, no era esta especie de verbena la que nuestros antepasados consideraban una hierba sagrada ―y que también empleaban como cataplasma para curar sus heridas y flemones―, sino la variedad llamada verbena olorosa o cidronela, importada de Chile por los europeos en el siglo XVIII y que hoy en día encontramos en nuestros jardines.
Y si la llamamos cidronela es simplemente porque exhala un dulce perfume acidulado que recuerda el del limón, que es un cítrico.
Aunque, según los griegos y los romanos, la verbena tenía el poder de eliminar los malos espíritus, y los hechiceros de la Edad Media la utilizaron durante mucho tiempo para preparar ungüentos y brebajes mágicos; pero, la verdad, es que gozaba de muy pocas virtudes terapéuticas. En cambio, la verbena olorosa, o cidronela, se reveló muy rica en cualidades medicinales y fue, por consiguiente, rápidamente adoptada por los farmacéuticos del siglo XVIII. Actualmente se conocen sus principios digestivos, tónicos, antiespasmódicos, sedantes y antineurálgicos. La infusión de verbena pasó a llamarse «té árabe», puesto que en el norte de África era costumbre beberla después de las comidas, para ayudar a la digestión y pasar una noche tranquila.
En cuanto a la primera especie de verbena, es bueno destacar que para los griegos era un atributo de Afrodita y que tenía fama de esconder virtudes afrodisíacas, lo que se reveló totalmente cierto.
Así pues, las hojas maceradas en vino de la hierba sagrada de nuestros antepasados se utilizaban, como es de sospechar, para algo más que para estimular el aparato digestivo.

LA VID


No podemos hablar de la vid sin hacer alusión a la uva y al vino. Según la leyenda mítica griega, Dioniso, Baco para los romanos, era el dios de la vid, del vino, u no de la ebriedad, como a veces se ha entendido peyorativamente, sino del éxtasis. Este matiz tiene su importancia si comprendemos que «ebriedad» viene de la palabra latina ebrius, que significaba «que ha bebido demasiado vino», mientras que éxtasis, viene del griego ektasis, cuyo sentido era «trance, arrebato». Por ello, el Baco de los romanos se asoció con la embriaguez que proporciona el vino cuando bebemos demasiado, mientras que en Grecia, en un principio, aquellos que se consagraban a los rituales iniciáticos del culto a Dioniso bebían vino para encontrar la inspiración divina. Concedían al vino el mismo uso que los chamanes o aztecas al peyote. De manera que, durante toda la Antigüedad, no solamente en la época griega, el vino se consideró la bebida de los dioses y la vid un árbol sagrado.
En Sumeria, en el III milenio antes de nuestra era, el símbolo que representaba la vida, llamado Hierba de Vida, no era otro que la hoja de parra. Mucho más tarde, este mismo símbolo aparece en los Evangelios del Nuevo Testamento, cuando Jesús utiliza la imagen de la vid como parábola del Reino de Dios: «Id vosotros también a la viña, y os daré lo que es justo» (San Mateo, 26, 27 y Marcos, 14, 23). Para terminar, destaquemos que nuestros antepasados sabían que la infusión de hojas de la vid era un excelente regulador de la circulación sanguínea, que combate todos las trastornos de las venas y varicosos, y que la uva posee propiedades «desintoxicadoras» del organismo, que estimula las funciones hepáticas y que posee virtudes energéticas fuertes y reconocidas.



lunes, 29 de mayo de 2017

Las plantas mágicas y míticas XI: La salvia, el tabaco y el té

Un vaso de vino de salvia para eliminar los malos humores; una pizca de hojas de tabaco secas y reducidas a polvo, para eliminar los malos pensamientos, y las jaquecas; y una taza de té untuoso y perfumado para tonificarse: es una receta para empezar bien el día.

LA SALVIA


Como el origen etimológico de su nombre indica, la salvia −del latín salvia, derivado de salvus que también ha dado «salvar»− ayuda a «estar bien de salud». ¿Significa eso que aquél que beba infusiones de salvia con regularidad está salvado? Podríamos pensarlo si nos atenemos a lo que decían los hombres de la Edad Media: « ¿Por qué muere el hombre en cuyo jardín crece la salvia?». Sin embargo, al mirarla, nadie lo diría. En efecto, su largo tallo un tanto seco está jalonado de ramas provistas de hojas ovaladas, gruesas, un poco vellosas, con flores violetas en espiga. En Egipto, en Grecia, así como en Roma, desde la más alta Antigüedad, la salvia se consideraba una planta sagrada de virtudes medicinales y salvadoras; ahora nos preguntamos por qué ha caído en desuso su reputación. En efecto, actualmente sabemos que la salvia contiene un aceite esencial, rico en componentes, principios y sustancias de gran eficacia terapéutica. Ya en el siglo XII, Hildegarda de Bingen alababa las virtudes del vino de salvia: «Si alguien tiene la nariz o la garganta muy tapada con mucosidades o tiene mal aliento, debe cocer salvia en vino, debe filtrarla a través de un trozo de tela y debe beberla a menudo, y los malos humores y las mucosidades disminuirán». La salvia posee muchas propiedades, como las de ser antiséptica, cicatrizante, calmar los trastornos nerviosos, los espasmos y combatir los estados depresivos, la fiebre, etc. Hay quien asegura que fumar hojas secas de salvia en una pipa tiene efectos prodigiosos para las crisis de asma o las bronquitis crónicas.

EL TABACO


Toma su nombre de una deformación fonética de otro nombre, tsibatl, que los indios arúas de Haití le dieron, designando así la caña que utilizaban para inhalar el humo de esta hierba y, de paso, las hojas secas de esta planta. De tal manera, desde tiempos inmemoriales, los indios de América fumaban tabaco. Sin embargo, fue en la época de los Grandes Descubrimientos, en el siglo XVI, cuando el tabaco llegó a Europa. Sobretodo fue el célebre Jean Nicot, embajador del rey Francisco II en la corte de España, quien hizo llegar el tabaco en polvo a Catalina de Médicis. Dicha sustancia, a su vez, se convirtió en la hierba Nicot. A finales del siglo XVIII, el químico francés Nicolás Vauquelin, miembro de la Academia de las Ciencias, aisló mediante oxidación un ácido que contenía un veneno violento que bautizó con el nombre de «nicotina» (en alusión a la hierba de Nicot) y que resultó ser también un poderoso excitante del sistema neurovegetativo. No nos extenderemos sobre el inmenso éxito que tiene la hierba de Nicot actualmente, ni sobre el enorme beneficio que genera el mercado internacional de explotación de este violento excitante, que también es un veneno. Nos conformaremos con revelar un aspecto menos conocido del tabaco, el cual, además de sus propiedades narcóticas bien conocidas, posee muchas otras virtudes que eran muy apreciadas por nuestros antepasados.
Así, las hojas de tabaco empleadas en decocción también tienen efectos purgantes reconocidos. Si se toman en infusión, resultan diuréticas.
Antiguamente, se apreciaban las hojas de tabaco secas y reducidas a polvo para aliviar las migrañas.
Por último, si los excesos de consumo de tabaco de los fumadores son los causantes de favorecer algunas apariciones cancerígenas, no olvidemos que, de todas formas, a partir del ácido nicotínico aislado por el tal Vauquelin se produjo uno de los mejores remedios contra la tuberculosis.

EL TÉ


Como es de sospechar, su nombre español tiene un origen asiático. De manera que se supone que deriva del teh malayo o del t'e chino. Según los chinos de la Antigüedad, fue el mítico emperador Shennong, llamado también «el Emperador de los remedios», quien, a principios del III milenio antes de nuestra era, según la leyenda, había revelado a su pueblo las virtudes de 365 plantas medicinales, entre las cuales estaban las hojas de té, euforizantes y tonificantes, además, de dar a conocer todos los puntos de acupuntura del cuerpo humano.
Es una especie de padre ancestral de la medicina china. Sin embargo, en Europa, no será hasta el siglo XVII cuando se conozcan las hojas indistintamente ovales, dentadas o puntiagudas, procedentes del arbusto original de Asia y que pueden llegar a alcanzar hasta 8 metros de altura. Y, como es sabido, sobre todo fue en Gran Bretaña donde de entrada ya obtuvo un gran éxito, que nunca más se ha desmentido.
Pero además de ser apreciado por su delicado gusto, a veces un poco amargo o muy perfumado, en función de su origen y las mezclas a que ha sido sometido −existen muchas variedades de té, algunas de las cuales se han mezclado con flores, como por ejemplo el té de jazmín−, sus propiedades terapéuticas también eran conocidas en China, antes de ser descubiertas y sabiamente explotadas por nuestros fitoterapeutas. De manera que posee virtudes diuréticas, resulta un excelente tónico psíquico y nervioso, favorece la relajación muscular y la eliminación de toxinas. La mezcla de vitamina C, de tanino y de clorofila que contiene el té hace que sea un excelente remedio contra las infecciones. Sin embargo, al igual que el café, y a veces incluso más que éste, el té puede trastornar el sueño y aumentar los nervios y la agitación. Se desaconseja, pues, beberlo por la noche.




martes, 23 de mayo de 2017

Las plantas mágicas y míticas X: El arroz, el romero y la caña

Del alimento de base a la nobleza de sentimientos asiática, pasando por las virtudes afrodisíacas del romero o rosmarino, el arroz, el romero y la caña, nos remontan a 3.000 años atrás, en Oriente, de donde salieron, para volver de nuevo a Occidente, donde siguen apreciándose.

EL ARROZ


Todos sabemos que este cereal, del cual existen más de 3.000 variedades, fue y sigue siendo el alimento básico de miles de millones de seres humanos. De manera que se producen más de 500 millones de toneladas de arroz cada año en el mundo, pero evidentemente es en Asia, de donde esta planta es originaria, donde se consumen más de las tres cuartas partes del mismo. Según una leyenda mítica china, llegó enviado por los dioses, que mandaron a cinco personajes a lomos de cabras, llevando cada uno una espiga de los siguientes cereales: avena, trigo, mijo, cebada y arroz. Tales personajes fueron a visitar la ciudad de Cantón y le entregaron al hombre dichas plantas. Se han encontrado restos del cultivo de arroz en Tailandia, que datan del V milenio antes de nuestra era. Por lo cual puede asegurarse que Oryza sativa, según su nombre latino, es una planta originaria del continente asiático. Además, casi se convirtió en un alimento sagrado para los chinos a partir del III milenio antes de Cristo. Sin embargo, su nombre sánscrito, vrihi, de donde deriva su nombre actual, podría hacernos creer que la cuna de esta gramínea es la India, y no Tailandia o China. A continuación, parece que se introdujo en Irán, a partir del siglo V antes de nuestra era y que, desde allí, conquistó Siria, Mesopotamia, Egipto y, luego, Europa. Este cereal es muy rico en vitaminas A, B1, B2 y B6, así como en calcio, fósforo, hierro, potasio, sodio, magnesio, cloro, yodo, cinc, flúor e incluso arsénico, entre otros. Pero además de ser nutritivo y energético, el arroz posee otras virtudes. El agua de arroz, por ejemplo, es un excelente remedio contra la diarrea y la hipertensión.

EL ROMERO


Rosmarinus, su nombre original en latín, se traduce, literalmente, como «rosmarino», y así se le llama en algunos lugares. El nombre de esta planta proviene de que, en la Antigüedad, en la que era muy apreciado, crecía en abundancia en estado salvaje a orillas del Mediterráneo. En efecto, se trata de un pequeño arbusto, provisto de tallos largos y rectos que pueden alcanzar hasta 1 metro de altura y que dan bonitas flores violetas o azul claro. En todo Oriente Medio, en Egipto, en Grecia y en Roma, fue muy apreciado por sus virtudes medicinales, a las que, a veces, los hombres de la Antigüedad atribuían poderes mágicos. Más tarde, los médicos árabes, en quienes se inspiraron los médicos renacentistas., hicieron un aceite esencial o esencia de romero, que se podía encontrar en todas las farmacias de la época. Pero antes de esto, en la Edad Media, el romero estaba presente asimismo en todos los jardines de los conventos y monasterios. No es que sea la panacea ni una hierba milagrosa, pero es cierto que posee propiedades notables. De manera que se trata de una planta de virtudes tonificantes, estomacales, es decir, que estimulan el estómago, antisépticas y antálgicas, que no es poco. Las infusiones de romero hacen maravillas y tienen efectos sedantes y curativos en caso de dolores de estómago, de indigestión, de trastornos hepáticos y de migrañas, por ejemplo. Por otra parte, tomar un baño a base de decocción de romero, preferentemente silvestre, puesto que sus principios son mucho más activos, se le recomienda a las personas que sufren anemia, que se sienten débiles, cansadas, agotadas o que se ven física o intelectualmente debilitadas. Pero tal vez no sea tan conocido que el romero posee, al igual que otras plantas, poderes afrodisíacos. Sin duda por ello, en la Antigüedad, se asociaba a algunos ritos nupciales. Por otro lado, hay que recordar que el nombre de «romero» puede proceder también del latín romarius (con el que asimismo se designaba a la planta), o bien obedezca a que resultó ser un arbusto frecuente en los caminos que tomaban los peregrinos que iban a Roma, es decir, los «romeros». Actualmente, una ramita de romero es la insignia de los aficionados taurinos seguidores de la figura Curro Romero.

LA CAÑA


La caña es la imagen del hombre de pie, que piensa y actúa, que se dobla y se encorva, pero que nunca se rompe. Al menos éste es el símbolo recurrente que se relaciona con ella. Sobre todo en Asia, el simbolismo de la caña va unido al del loto. Puesto que, al igual que esta ninfea, la caña está en contacto con el agua, y consecuentemente, con el principio femenino, aunque la rigidez de su tallo hace alusión al principio masculino, a la rectitud moral, a la firmeza de espíritu.
Así, en la India, la caña es una representación del Eje del mundo, el equivalente al Árbol de la Vida. Sin embargo, en Occidente, es más bien un símbolo de fragilidad. Pero debemos subrayar que la especie de caña que encontramos en Europa y la que crece en Asia no tienen nada que ver. De manera que la caña común es una planta vivaz que puede alcanzar los 6 metros de altura y que se encuentra en las orillas de arroyos y ríos, de estanques y de mares, posee un tallo delgado y frágil, mientras que la caña de bambú de Asia es tan sólida que se utiliza para construir casas o cercas. Sin embargo, la caña común, aunque no posea ningún atractivo, no por ello deja de tener propiedades medicinales.
De manera que su raíz preparada en decocción o en infusión es un excelente remedio contra las fiebres eruptivas, los dolores reumáticos y la cistitis. La caña amarga aparece también como un excelente diurético.



jueves, 18 de mayo de 2017

Las plantas mágicas y míticas IX: El peyote, la pimienta y la quina

"El mundo entero es un cactus, y a mí me halaga saberlo", canta Jacques Dutronc. Esto es lo que piensa el chamán mexicano acerca del peyote, ese cactus mágico cuyas propiedades alucinógenas sumergen a quien lo ingiere en una visión del mundo que podríamos llamar cósmica.

EL PEYOTE


Es un pequeño cactus grisáceo sin espinas que se encuentra exclusivamente en los altiplanos y mesetas desérticas del norte de México, y cuya raíz casi siempre es dos veces mayor que la planta misma. Su nombre viene del nahualt, el lenguaje de los antiguos mayas, y su pulpa contiene una sustancia alucinógena que los mexicanos llaman mezcalina, la mescalina. Los aztecas la llamaron teonanacatl, es decir «carne divina». Actualmente, en el noroeste de México, los indios coras y huichols ―cuyas lenguas y cultura todavía están impregnadas de las de sus antepasados― muestran una verdadera veneración por esta planta mágica y mítica, y realizan un ritual complejo bajo la dirección de un chamán, durante el cual los peregrinos deben purificarse antes de consumir un trozo crudo de este cactus de gusto amargo. Por supuesto, el chamán, para aumentar sus dones de curandero y adivino, también utiliza el peyote. Debemos saber que los mayas y los aztecas empleaban dicha planta y aprovechaban sus virtudes alucinógenas para fines iniciáticos. Para el chamán, el bienestar es una cuestión del espíritu. Ahora bien, según él, todo es espíritu y este mundo que llamamos real no es más que una visión, una emanación del espíritu o su reflejo. Gracias al peyote, puede tocar con los dedos y con el alma esta realidad más pura, profunda, absoluta que es la del espíritu. En Occidente, en los años sesenta, los adolescentes a menudo utilizaban una sustancia química derivada de la famosa mezcalina. Pero fuera de su contexto iniciático, el peyote tiene efectos perversos, más cercanos a la locura psiquiátrica que a la revelación espiritual.

LA PIMIENTA


Esta especie es conocida y apreciada desde la más alta Antigüedad. Su nombre es originario del latín pigmentum, que significaba «colorante para pintura», pero a la vez se utilizaba con el sentido de «droga» «ingrediente» y 
«condimento» . Procede de los frutos secados del pimentero, un arbusto tropical de 5 o 6 metros aproximadamente, que, en estado salvaje, a veces puede alcanzar 15 metros. Provisto de tallos bastante voluminosos y hojas ovales, anchas, puntiagudas y brillantes, produce bayas, primero verdes, luego amarillas y, finalmente, rojas. Aunque fue muy apreciada por nuestros antepasados por el gusto, que hoy llamamos picante, y esto desde Oriente Medio al Extremo Oriente, pasando por supuesto por Occidente y, sobre todo, Europa ―a quien se debe su redescubrimiento, especialmente en el siglo XV bajo la influencia del muy controvertido Marco Polo, volviendo de su pretendido viaje alrededor del mundo―, no carece de principios activos que hacen de ella un valioso remedio e incluso un afrodisíaco potente, que usaban con frecuencia los orientales, aunque con mucha prudencia. En China, en el siglo XII, se recomendaba masticar tres granos de pimienta pura, escupirlos en la palma de la mano y untarse el pene para exaltar el momento de la erección. En época muy cercana, al otro lado del mundo, en Europa, y más castamente, Hildegarda de Bingen aconsejaba: «Quien esté deprimido y no tenga apetito que tome un poco de pimienta con pan con sus alimentos, su bazo mejorará y su repugnancia hacia la comida cesará». La pimienta, reina de las plantas aromáticas, posee propiedades llamadas aperitivas, es decir, estimulantes del apetito, y funciones digestivas y estomacales. Además, en la Edad Media, al igual que en la Antigüedad, se tenía por costumbre masticar las bayas de pimienta crudas para estimular la fuerza física y recuperar cierta alegría de vivir.

LA QUINA


Otra vez volvemos a América del Sur, pero esta vez a la cordillera de los Andes, el país de los incas, el actual Perú, no para recoger los frutos llenos de granos aplanados de este árbol de la especie de las rubiáceas, de las que forma parte el cafeto, entre otras, sino su corteza o, más exactamente, «la corteza de las cortezas», como indica su nombre indio: kina-kina. Esta corteza contiene alcaloides, entre los cuales el más fuerte y el más conocido es la quinina, que hizo desempeñar a ese polvo de corteza de quina un verdadero papel de polvo mágico en la Europa del siglo XVII, la cual estaba muy enferma, sobre todo de sus médicos, de quienes, como es sabido, Quevedo, Molière y tantos otros se burlaron. En gran parte, inspirados en la quinina, los autores y actores del siglo XVII inventaron el término de «polvos de perlimpimpín», también llamados «polvos de la madre Celestina». Pero debemos reconocer que es cierto que era un remedio absolutamente milagroso. Por último, la quina se descubrió científicamente en 1820, pero no fue sintetizada hasta 1945 y se empleó como febrífuga y antiséptico. En el famoso período de las colonias, los europeos no hubieran podido sobrevivir en las regiones tropicales sin la quina, que obró maravillas en los casos de paludismo. Sin embargo, el polvo de quina ya lo utilizaban los incas desde hacía mucho tiempo y, seguramente, otros antes que ellos. Conocían sus virtudes tónicas, digestivas, febrífugas y antisépticas, que, por supuesto, son propiedades medicinales muy útiles para el hombre.
Sin duda ésta es la razón por la que Luis XIV compró una provisión de este polvo milagroso a precio de oro al caballero inglés Charles Talbot, duque de Shrewsbury, convencido por su médico, que también era el médico del principal hospital de París, de que se trataba de unos polvos capaces de curar todos los males.


martes, 11 de abril de 2017

Las plantas mágicas y míticas VIII: La mandrágora, el corazoncillo y la adormidera

Las plantas nos revelan toda su magia, desde la mandrágora afrodisíaca y mortífera, convertida en talismán, hasta la adormidera, que combate el insomnio, pero también proporciona el sueño eterno, pasando por el corazoncillo que expulsa el mal y los demonios.

LA MANDRÁGORA


Esta planta, a la cual los griegos dedicaban un verdadero culto —vieron en ella una forma humana y le concedieron unos poderes de carácter mágico—, para los asirios, egipcios, griegos y romanos era lo que el ginseng fue para los asiáticos. Pero así como el ginseng siempre suscita tanto interés en los hombres de Asia, y ahora en Europa y Occidente, parece que la mandrágora —que tuvo reputación de ser una fruta satánica, durante la Edad Media— y sus virtudes, aunque ricas y valiosas, pero peligrosas, no interesan mucho actualmente, ya que éstas pueden resultar fatales. En efecto, la mandrágora contiene un veneno mortal, la atropina, que toma su nombre de Atropos, una de las tres Parcas o divinidades del destino de la mitología griega, que tenían la función de hiladoras del destino humano, cuyo hilo se encargaba de cortar. Al respecto, la mandrágora presenta muchas similitudes con la belladona.
Sin embargo, lo que distingue a estas dos plantas —aparte de que no tienen el mismo aspecto, la raíz de la mandrágora puede alcanzar hasta 60 centímetros y recuerda la estructura de un cuerpo humano, mientras que la planta visible aparece bajo la forma de largas y anchas hojas que recubren el suelo sin elevarse— son las propiedades afrodisíacas de la mandrágora, que le valieron el nombre de planta fecundante. También era utilizada por sus virtudes somnífera, alucinógenas y anestésicas.
En la Edad Media, tanto por sus efectos como por su forma, se convirtió en un talismán muy buscado, que se empleaba para atraer el amor y protegerse de los maleficios.

EL CORAZONCILLO


Desde tiempos inmemoriales, el corazoncillo tiene reputación de ahuyentar el mal y los demonios. Normalmente era recogido el día del solsticio de verano, el 21 de junio, que corresponde al período de su floración, y se recomendaba llevarlo encima ese día para obtener el favor de los dioses. Esta tradición, que se remonta a la Antigüedad, se conservó durante la Edad Media, y se confunde más tarde con una cristianización del ritual. Así, dicha noche se puede recoger también la "verbena" o "hierba de San Juan", nombre que alude a Juan Bautista, "el Enviado de Dios", y que es celebrado pocos días más tarde, el 24 de junio, según el calendario general de la Iglesia romana. El corazoncillo se distingue porque sus hojas, que rodean a sus flores provistas de cinco pétalos amarillo oro, parecen repletas de miles de pequeños puntos negros, los cuales son, de hecho, innumerables glandulillas secretoras. Contienen una esencia antiséptica que obra maravillas en los tratamientos de heridas, equimosis, úlceras, quemaduras y todas las afecciones cutáneas y neuralgias reumáticas. Para ello, hay que dejar macerar las flores y las hojas frescas de corazoncillo que, por supuesto, se recomienda recoger el día del solsticio de verano, y guardar en una mezcla de aceite de oliva y vino blanco, durante 5 días. Pero éstas no son las únicas virtudes del corazoncillo, sino que también posee propiedades estimulantes y digestivas, astringentes, es decir, que favorecen la contracción de los tejidos y las mucosas, y aperitivas, es decir, que devuelven el apetito y fortalecen las funciones estomacales, además de ser febrífugas, vermífugas y diuréticas. Lo cual significa que el corazoncillo, en infusión, cura la bronquitis y el asma, combate la fiebre, descongestiona el hígado y el estómago y agudiza el apetito. Se trata de una planta milagrosa que nos da el jardín de la naturaleza.

LA ADORMIDERA



Según se utilicen sus granos o sus raíces, sus efectos resultan muy diferentes. Se trata, pues, de una planta de doble naturaleza, calmante o mortal. "Sus propiedades soporíficas son tan potentes, que si nos tomamos una dosis demasiado fuerte corremos el riesgo de morir durante el sueño. Su jugo se llama opio. Sabemos que fue absorbiendo una fuerte dosis de opio como se suicidó, en España, el padre del antiguo pretor Paulus Licinius Caecina, después de una terrible enfermedad que le hizo la vida insoportable, y éste es solamente un ejemplo entre tantos otros", así escribió Plinio el Viejo en sus tratados sobre botánica en el siglo I de nuestra era.
Desde la más alta Antigüedad, se tenía la costumbre de espolvorear algunos platos con granos de adormidera, o bien preparar pasteles a partir de granos de adormidera, siempre para favorecer la digestión y el sueño de los comensales. Durante mucho tiempo se creyó que esta planta era originaria de la India. Sin embargo, una tabla grabada en escritura cuneiforme, que data de finales del IV milenio antes de nuestra era —encontrada en Nippur, una ciudad sumeria de Mesopotamia—, menciona el cultivo de la adormidera y su uso narcótico. De hecho, parece que ciertas especies de adormidera crecen en todas partes del mundo y que los hombres conocieron muy pronto sus virtudes soporíficas, calmantes, analgésicas, sedantes e hipnóticas, aunque todavía no les daban todos estos calificativos, y sin saber que los granos de adormidera contenían sustancias químicas, muy conocidas hoy en día, con las que se elabora la morfina, la heroína, la codeína, etc. En todo caso, si se utiliza correctamente, esta bella y efímera flor es muy útil en caso de insomnio, ansiedad, en los estados infecciosos y en enfermedades agudas. Tiene el poder de disipar el dolor. Es fácil de entender, pues, por qué nuestros antepasados la apreciaban tanto.






sábado, 8 de abril de 2017

Las plantas mágicas y míticas VII: El muérdago, la flor de lis y el maíz

¡Al muérdago: el año nuevo de los druidas y los celtas!¡A las tres flores de lis: símbolo de la Santísima Trinidad y de la Casa de Francia! ¡Al maíz: símbolo de la creación del primer hombre, el Adán de los mayas! He aquí tres plantas para nosotros venerables y veneradas por nuestros antepasados

EL MUÉRDAGO



Su nombre procede, probablemente, de la palabra vasca muir-tako, con la cual se designaba el "visco", esa especie de pegamento que da la propia planta y que se emplea para cazar pájaros. El muérdago es una planta parásito, que crece en el roble, pero muy excepcionalmente, como bien sabían  los druidas celtas y galos. En cambio, se halla frecuentemente en el olmo, el pino, el álamo y, sobre todo, el manzano, así como en el sauce y el tilo. Por su escasez en el roble, los druidas celtas y galos le dieron ese valor simbólico, mágico y sagrado tan grande. Además, aunque sus flores salen a principios del verano, por alguna razón nunca se abren hasta la primavera siguiente. Por otro lado, este arbusto tiene la capacidad de permanecer verde, incluso en los lugares más oscuros y fríos, y así durante todo el invierno. Todavía verde era como los druidas recogían el muérdago en el sexto día después de la Luna nueva, para celebrar el Año Nuevo lunar, que más o menos se corresponde al 1 de noviembre de nuestro calendario, durante la noche de Samain. Era el símbolo de la regeneración y de la inmortalidad del reino vegetal por excelencia, de la vitalidad y el vigor eternos.
Ahí reside la razón por la cual, para los celtas, el agua de roble, una decocción de hojas de muérdago endulzado con miel o mezclado con aguamiel, o vino de miel, tenía el poder de curar.
Es cierto que para los celtas, así como para los griegos y los romanos, el muérdago era la cortisona de la Antigüedad. De manera que se empleaba para combatir los vértigos, los malestares, los zumbidos en el oído, las palpitaciones, síntomas que hoy reconocemos como los de hipertensión, así como todos los espasmos, convulsiones, crisis nerviosas y epilepsias. El muérdago era muy beneficioso en caso de asma y de tos ferina, para detener la tos y aliviar la migraña.

LA FLOR DE LIS


Si la flor de lis y la rosa casi siempre han sido asociadas es porque ambas flores se importaron en un mismo momento, de Oriente a Europa, en el siglo XII, en la época de las Cruzadas. Ahora bien, al igual que la rosa, la flor de lis se identificó con la imagen pura, santa y bella de la Virgen y se convirtió en un símbolo cristiano. ¿Fue para marcar la reconciliación con la Santa Sede o para complacer a su esposa Leonor de Aquitania, por lo que el rey de Francia Luis VII, llamado el Joven, integró la flor de lis en los escudos de armas de los reyes de Francia, o bien no lo hizo hasta su vuelta de la segunda Cruzada, trayéndola él mismo de Oriente, en 1149? La historia no nos lo dice. Pero sabemos que bajo su reinado esta flor se convirtió en emblema de la Casa de Francia, al mismo tiempo que en el de la Virgen de los cristianos. Sin embargo, la flor de lis, que recibe su nombre del copto lhêli, ya era conocida por los egipcios y los griegos de la Antigüedad, tanto por la belleza de sus grandes flores blancas, cuyo perfume bastante fuerte a veces incomoda, como por sus virtudes terapéuticas. En efecto, parece que siempre se haya utilizado la flor de lis para preparar el aceite y el agua destilados, así como su bulbo que, reducido a una masa blanda y mezclado con leche hervida, se revela un potente remedio para curar heridas, flemones, furúnculos, úlceras y quemaduras. Por otro lado, al igual que el agua de rosa, el agua de flor de lis tiene la fama de ser benefactora de la piel. Retrasa la aparición de arrugas, borra las manchas marrones, reduce el acné y devuelve al rostro un dulce frescor. Esta agua de flor de lis se prepara simplemente haciendo una infusión durante varias horas con aproximadamente 200 gramos de flores de lus en un litro de agua destilada.

EL MAÍZ


¡Qué monótonos son los campos de maíz, consecuencia del monocultivo de cereales! Tan integrados están en el paisaje que ya no los vemos, ni apreciamos, a no ser en conserva. Aproximadamente 130 millones de hectáreas de tierra se dedican al cultivo del maíz en el mundo cada año, un poco menos que el arroz, siendo, de largo, el trigo el más vasto cultivo de cereales del planeta. Importado del Caribe a finales del siglo XV, donde los indios lo llamaban mahiz, apareció en Europa no mucho después. Se creía que era originario de las Antillas y de América del Sur. Sin embargo, en el siglo XIX, se encontró maíz en perfecto estado de conservación en el interior de las pirámides egipcias, en las tumbas que datan al menos del siglo XI de antes de nuestra era. Además, también se encontró maíz en las antiguas sepulturas de dignatar¡os hindúes, es decir, en la India, que datan de la misma época. Así pues, el maíz que utilizamos hoy día, tanto para fabricar la pasta de papel a partir de sus tallos y para el aceite vegetal y harinas a partir de sus granos, como para el pegamento, la seda artificial, los antibióticos y alimento para el ganado, era ya conocido desde hace mucho tiempo en todas partes del mundo. Lo que no excluye que tuviera un papel simbólico importante en la mitología maya. De manera que según el Popol-Vuh, el equivalente al Génesis para los mayas, el hombre fue creado en tres etapas: la primera, moldeado en arcilla, fue destruido por el diluvio; la segunda, fue esculpido en la madera y reducido a cenizas por el fuego de la Tierra; la tercera, finalmente, se hizo con maíz y sobrevivió. Fue el padre de la humanidad.
También los mayas dedicaban un culto al maíz, que era igualmente su alimento de base. Es cierto que esta planta es nutritiva, energética, reconstituyente y que todavía hoy el aceite de germen de maíz que se obtiene con la primera presión fría, tomando a razón de una cuchara de sopa cada día al levantarse y al acostarse, favorece la eliminación del exceso de colesterol en la sangre.






martes, 14 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas VI: El jengibre, el ginseng y el clavo

Las raíces de jengibre y de ginseng, así como el clavo, reducidas a polvo tienen efectos explosivos. Algunos gramos bastan para encender tus deseos, exaltar tus percepciones sensoriales y darte de nuevo vigor y salud.

EL JENGIBRE


Del griego zingiberis, el jengibre en realidad toma su nombre de una raíz etimológica tamil, lengua del sur de la India, también su país de origen, y significa «cuerno». Sin embargo, en la Antigüedad, fue sin duda importado incluso desde Arabia, ya que más tarde, especialmente en la Edad Media -época en la que era bastante apreciado en Europa-, provenía tanto de los países árabes como de la India. El que se cultivaba en Arabia era muy buscado por sus cualidades y su sabor. También en la Edad Media, se hacían bizcochos y galletas de jengibre que, además de su sabor delicado, tenían la fama de poseer virtudes laxantes, de depurar la sangre y prevenir contra numerosas enfermedades. También se preparaban licores y elixires muy sabrosos, de propiedades digestivas, utilizando la raíz de esta gran planta tropical, de hojas estrechas, flores blancas estriadas de púrpura y odoríferas. Se maceraba en vino o cerveza. Actualmente todavía la cerveza de jengibre canadiense sigue teniendo buena reputación. También se utilizaba como cataplasma para estimular la circulación de la sangre. Pertenece a la categoría de las especias y podía utilizarse mezclada con salsas o como aroma en repostería. Pero desde la más alta Antigüedad, sus poderes afrodisíacos debidos a su acción revulsiva (que provoca una afluencia de sangre hacia los órganos periféricos) es célebre en el mundo entero. En este caso se utiliza el rizoma o raíz del jengibre. Se reduce en trocitos o, mejor, en polvo, después se deja secar y luego se prepara en infusión. Por último, un baño de aceite de esencia de jengibre tiene la fama de prevenir el reúma.

EL GINSENG


Históricamente conocida desde hace más de 3.500 años, esta planta originaria de la China, de ahí su verdadero nombre jên shên, de jên, que significa «hombre», y shên «planta», recibe tal apelación porque la forma de su raíz evoca la del cuerpo humano. En todo el Extremo Oriente se la considera una verdadera panacea. Por otro lado, llamándola Panax ginseng, los boticarios, herbolarios y más tarde los botánicos y farmacéuticos occidentales no se equivocaron.
En efecto, Panax es un nombre de origen griego que hace alusión a la diosa mítica Panakeia o Panacea, la cual simboliza la curación universal a través de las plantas. Se constituye su nombre de pan, pantos«todo», y akos, «remedio». El ginseng es pues, la planta para «todo remedio» o, si se prefiere, que lo cura todo, una especie de planta milagrosa. Así pues, en China, desde siempre, sus virtudes estimulantes de los sistemas nervioso e inmunitario, del estómago y de las facultades cerebrales, revitalizantes y tónicas para pulmones y el corazón, febrífugas, es decir, que combaten la fiebre y, por supuesto, afrodisíacas, se conocen y se emplean normalmente. Es una pequeña planta de 30 a 50 centímetros, provista de algunas hojas ovoides y también con algunas flores, amarillas o rosas, que desaparecen bastante rápidamente para dejar lugar a los granos rojos en racimo. Pero es su raíz carnosa lo que se utiliza. Si bien también se encuentra una variedad en el Canadá, la que se cultiva en Manchuria y sobre todo en Corea sigue siendo la más famosa. Sin embargo, aunque esta planta se vea cada vez más apreciada actualmente continua siendo escasa. En efecto, hay que esperar seis o siete años para extraer su raíz. Y, lo que es más, el suelo en el que crece no se puede cultivar en los diez años que siguen a su recolección. Es como si se alimentase de las riquezas de la tierra en la que ha crecido, vampirizándolas. De ahí que posea tantas virtudes.

EL CLAVO



Los clavos son, evidentemente, los capullos desecados de las flores amarillas y rojas en corolas de una planta tropical que a veces se convierte en un árbol de una altura de 9 a 15 metros, con el cual los fenicios ya comerciaban en el Mediterráneo durante el 1 milenio antes de nuestra era. Los griegos la llamaban karuophullon, de karuon «nuez» y phullon «hoja». Sin embargo, no fue hasta el siglo XVI cuando el famoso clavo fue realmente descubierto en Europa, después de que los comerciantes españoles y portugueses, muy aficionados a las especias, lo descubrieran en abundancia en las Molucas, archipiélago de Indonesia. Sin embargo, durante el 1 milenio después de Cristo, sus propiedades analgésicas, es decir, que calman el dolor, especialmente los dolores de cabeza y de muelas, ya eran conocidas, así como sus virtudes afrodisíacas y sus poderes antisépticos, que han sido confirmados por los químicos, pues han conseguido aislar un componente químico contenido en este clavo, el eugenol, popular precisamente, por su potente acción antiséptica. Por otro lado, el aceite esencial de clavo se empleaba tanto en la Edad Media como en la Antigüedad para protegerse de las picaduras de insecto. ¿Sabías también que basta con introducir unos cuantos clavos en dos o tres naranjas, dejarlas dos o tres días, con todas las puertas y ventanas cerradas de la casa, para que la naranja huela a clavo, perfume temido por los mosquitos?.
Así pues, además de aromatizar las salsas y los pasteles, vinos y licores, el clavo puede ser muy útil en el uso doméstico. Y si ingieres cada día aunque sólo sea media cucharilla de clavo en polvo, mezclado con miel o mermelada, te sentirás siempre apasionado, vigoroso y muy enamorado.



domingo, 12 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas V: La digital, el incienso y el estragón

Deja macerar 30 gramos de estragón fresco, recogido en Luna llena durante el mes de mayo o junio, en un litro de un buen vino blanco seco durante 28 días, es decir, hasta la siguiente Luna llena. Así dispondrás de un aperitivo tonificante.

LA DIGITAL


Digitalis, su nombre latino, que significa «del grosor de un dedo» le fue dado a causa de sus flores púrpuras dispuestas en corolas tubulosas a lo largo de su alto tallo y cuya forma evoca la de un dedo de guante o una dedalera.
Así pues, en algunos países, no sin cierta ironía, voluntaria o no, se ha llamado a esta planta tóxica y mortal «guante de Nuestra Señora», o más simplemente «guante de pastor»; mientras que en otros, tal vez más conscientes de que su bello aspecto disimula dudosas virtudes, la han llamado «guante de zorro», haciendo alusión a la astucia proverbial de este animal.
En todo caso, a partir de una pequeña cantidad de sus hojas o en decocción, puede provocar náuseas, vértigos y mareos, a veces incluso delirios, y también vómitos y diarreas, a la vez que, poco a poco, el pulso cada vez va más lento y, por último, se produce una fibrilación cardíaca mortal. Sin embargo, como sucede casi siempre con los productos naturales, el mal, si se emplea correctamente, puede también hacer el bien.
Actualmente, ya nada pone en duda las virtudes benévolas, salvadoras y estimulantes de la digitalina, principal constituyente químico activo en esta flor, que fue descubierto en el siglo XIX, pero del que nuestros antepasados apreciaban ya los beneficios desde tiempos inmemoriales; puesto que el hombre siempre ha tenido el corazón enfermo.
Consecuentemente, la digital ocupa un lugar importante en las consultas de las farmacias fitoterapéuticas.
Digitalis purpurea es el producto homeopático para las afecciones cardíacas.
En cuanto a la digitalina, los médicos alópatas la prescriben para disminuir el ritmo cardíaco, reducir la tensión arterial y aumentar el tiempo entre los latidos del corazón.

EL INCIENSO


Del latín encensum, que significa «lo que se quema», el incienso comparte, con el incensario, una etimología y una historia religiosa comunes.
Su nombre designa a una planta arbustiva resinosa aromática oriental que los griegos denominaban libanos (en árabe: lubân) o oliban, sinónimo de incienso, o thuos, que significa «ofrenda o perfume» -se sobreentiende «que se quema»-, raíz etimológica de «tuya», una especie de ciprés. Destaquemos que thuos se relaciona con dhu, raíz indoeuropea que también significa «quemar» o «humear», que es el origen de palabras latinas como fumus«humo» y februarius, el mes de «febrero», o, si se prefiere, el mes en que «se quema».
De entre los regalos que los Reyes Magos trajeron al visitar a Jesús, se encontraban dos plantas: la mirra y el incienso.
La mirra procedía de Arabia y de Abisinia, a sus arbustos, los botánicos los llaman Boswellia y se caracterizan por sus ramas y corteza provistas de una goma pegajosa, que era recogida y a partir de la cual se fabricaban aceite, perfumes y bastoncitos que se quemaban por su olor.
Todavía hoy en día, el árbol del incienso se cultiva en Eritrea, en Somalia, en el sur de Arabia y en la India.
Los egipcios, los mesopotámicos, los asirios, los sirios, y más tarde los griegos y los romanos importaban el incienso de Arabia.
Se transportaba en caravanas con la mirra, la canela y el azafrán.
Poco a poco, en todas estas civilizaciones antiguas, el incienso sustituyó a las grasas animales que se utilizaban en los sacrificios.
Si esta planta es célebre por su perfume y su utilización en ritos religiosos para honrar, quemando incienso o incensar, no es tan popular su uso también con fines medicinales.
Sin embargo, en el siglo XII, Hildegarda de Bingen coloca el incienso en un lugar importante entre sus hoy famosos remedios:
«Coge el incienso y redúcelo a polvo, añade luego un poco de harina y pon también una clara de huevo; elabora pequeñas bolitas que dejarás secar al sol sobre una piedra caliente o al horno; huélelas a menudo: su perfume te aliviará, aclarará tus ojos y llenará tu cerebro».
Los efectos tonificantes e hipnóticos del incienso no habían pasado desapercibidos para la salud.

EL ESTRAGÓN


Este pequeño dragón o hierba del dragón, significados etimológicos de su nombre, que figura hoy en día en un buen lugar en nuestros hogares y en nuestras cocinas entre las especias, era bastante apreciado por los médicos árabes y, especialmente, por Abu Alí al-Hosain ibn Abdallah ibn Sinah, más conocido en Europa con el nombre de Avicena, sabio, erudito, médico y místico árabe de principios del siglo XI. Sus estudios y escritos tuvieron efectivamente una profunda resonancia en el pensamiento de la época medieval. ¿En qué momento el tarkhoun de los árabes fue introducido en Oriente? La historia no nos lo cuenta. Puesto que, en realidad, esta hierba aromática es originaria de Rusia y Siberia. No es hasta finales del silo XVII cuando Jean de La Quintinie, el intendente general de los huertos de frutas y verduras de Luis XIV, lo cultivó en gran cantidad y lo introdujo en las cocinas del rey. Pero antes de esto, se apreciaban sobre todo lo que llamamos hoy sus virtudes aperitivas, es decir, estimulantes del apetito y tonificantes para el estómago, es decir, que favorecen la tonicidad y la energía de los órganos. Así pues, se empleaba el targón, que se convirtió en estargón y, más tarde, en «estragón», para combatir las flatulencias, restaurar el apetito a los anoréxicos, favorecer la menstruación a las mujeres, incluso para ser más resistente a lo que todavía no se denominaban virus, pero que, evidentemente, ya causaban estragos entre nuestros antepasados. Finalmente, era muy eficaz contra los venenos.


martes, 7 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas IV: La canela, el cáñamo y la calabaza

Una decocción de canela que se pone a hervir unos veinte minutos con un buen vino caliente es una bebida que estimula la acción estrógena de los órganos genitales. Añade una raíz cocida de cáñamo y unos granos de calabaza en polvo y estarás listo contra todos los males de la Tierra.

LA CANELA


Si nuestra canela tiene el mismo origen etimológico que la caña, es simplemente por su corteza que, cuando se seca, se presenta a menudo bajo la forma de pequeños tubos. Sin embargo, el nombre científico de la planta de la cual procede (el canelo) es Cinnamomum zeylanicum. Cinnamomum es una palabra de origen griego que se tomó prestada del hebreo kinnamon, y que los ingleses han conservado (cinnamon) para designar este arbusto tropical que se encuentra sobre todo en la India, en Sri Lanka, en China y en Japón.
El Cinnamomum zeylanicum o canelo es una planta totalmente aromática. Es su corteza la que, desde la más alta Antigüedad, resulta muy apreciada debido a sus virtudes, sus beneficios y su gusto tan agradable. En Europa, tuvo sus días de gloria a principios del siglo XVI, gracias a las expediciones de los grandes navegantes como Vasco de Gama, que trajeron de Asia, sobre todo de Ceilán (Sri Lanka), grandes cantidades de esta especia rara de propiedades astringentes, es decir, que favorecen la contracción de mucosas, antisépticas y estimulantes. Pero el hecho de que ganara cierto interés en esta época, no significa que desertase de las tiendas de los herbolarios y de los médicos en la Edad Media ya que, en pleno siglo XII, Hildegarda de Bingen hizo varias alusiones a ella: «La canela tiene fuerzas vigorosas -escribe-. Quien la come a menudo hace disminuir los malos humores en favor de los buenos». En todo caso, al igual que se emplea todavía a menudo en pastelería, también es muy apreciada en perfumería, y el vino caliente de canela sigue siendo conocido para combatir las infecciones gripales. También posee populares virtudes afrodisíacas.

EL CÁÑAMO


La famosa Canebière (cañamar), la avenida más célebre de la ciudad de Marsella que baja hasta el puerto, era al principio un campo donde se cultivaba el cáñamo.
En efecto, canebière, en antiguo francés, es un sinónimo de cañamar, palabra que procede del latín cannabis, derivado a su vez del griego kannabis, que designaba a una planta textil, pero cuyo origen se remonta seguramente al sumerio kunibu. Puesto que, antaño, los marineros fabricaban sus cordajes utilizando el cáñamo.
Por eso, se cultivaba casi siempre en los puertos.
También se utilizaba mucho para confeccionar velas de barcos y telas, que los campesinos empleaban para vestirse, para sacos de grano y para colchones.
Pero aunque el cáñamo de origen indio y asiático, gracias a su gran resistencia, fue muy útil al hombre, de entrada éste no vio en él una planta textil, sino una hierba de propiedades mágicas, narcóticas, es decir, sedantes, hipnóticas, analgésicas o calmantes para el dolor. Así que, a partir de su grano, se producía un aceite utilizado justamente para apaciguar el dolor.
Un tratado de medicina china que data del siglo XV a.C. ya lo mencionaba como remedio ideal para aliviar los dolores del reumatismo y curar la gota. En el siglo I de nuestra era, Plinio el Viejo testifica el hecho de que los griegos y los romanos también tenían conocimiento de las virtudes milenarias del cáñamo: «la raíz, cocida en agua, da flexibilidad a las articulaciones rígidas y tiene una acción muy saludable sobre la gota y otras inflamaciones de las articulaciones».
Por último, en cuanto a las extrañas propiedades narcóticas de esta planta, parecen ser conocidas desde el principio de los tiempos. Herodoto hace alusión a ellas en el siglo V a.C. al hablar de los escitas, los cuales, explica, se pirraban por la embriaguez que les procuraban los granos de cáñamo, que se consumían lentamente. Manuscritos sánscritos anteriores a la obra de Herodoto hacen igualmente alusión a lo que los hindúes llamaban el alimento de los dioses, y que no era más que una bebida a base de cáñamo.

LA CALABAZA


A la calabaza va unida toda una simbología celta relacionada con la resurrección de los muertos, la vida eterna y la fecundidad.
Es un símbolo de fecundidad por dos razones: primero porque son sus pepitas o, si se prefiere, sus semillas, las que tienen la propiedad de hacer fecundas a las mujeres; segundo, porque su forma abultada nos recuerda el vientre redondo de la mujer encinta.
La calabaza vaciada de su contenido y en cuya corteza se realiza una figura espantosa que a veces se utiliza como máscara, se ha convertido en símbolo de Halloween, la fiesta que se celebra la víspera de Todos los Santos.
Los celtas ya tenían la costumbre de enterrar los granos de calabaza en esa época del año. Este rito para ellos era un símbolo de resurrección, ya que, evidentemente, sabían que a la primavera siguiente se transformarían en calabaceras.
Por último, gracias a sus granos la calabaza se convierte en un símbolo de abundancia y prosperidad. En cuanto a las propiedades medicinales y fitoterapéuticas de la calabaza, éstas son muy numerosas.
En efecto, actúa contra las afecciones cardíacas, el insomnio, la diabetes, el estreñimiento, las inflamaciones urinarias, la insuficiencia renal, etc. Pero la más célebre de ellas es, sin duda, su poder laxante.
En este aspecto, se aconseja reducir las semillas en polvo, mezclarlas con miel e ingerir tres cucharadas de esta mezcla en el espacio de dos horas aproximadamente.