martes, 11 de abril de 2017

Las plantas mágicas y míticas VIII: La mandrágora, el corazoncillo y la adormidera

Las plantas nos revelan toda su magia, desde la mandrágora afrodisíaca y mortífera, convertida en talismán, hasta la adormidera, que combate el insomnio, pero también proporciona el sueño eterno, pasando por el corazoncillo que expulsa el mal y los demonios.

LA MANDRÁGORA


Esta planta, a la cual los griegos dedicaban un verdadero culto —vieron en ella una forma humana y le concedieron unos poderes de carácter mágico—, para los asirios, egipcios, griegos y romanos era lo que el ginseng fue para los asiáticos. Pero así como el ginseng siempre suscita tanto interés en los hombres de Asia, y ahora en Europa y Occidente, parece que la mandrágora —que tuvo reputación de ser una fruta satánica, durante la Edad Media— y sus virtudes, aunque ricas y valiosas, pero peligrosas, no interesan mucho actualmente, ya que éstas pueden resultar fatales. En efecto, la mandrágora contiene un veneno mortal, la atropina, que toma su nombre de Atropos, una de las tres Parcas o divinidades del destino de la mitología griega, que tenían la función de hiladoras del destino humano, cuyo hilo se encargaba de cortar. Al respecto, la mandrágora presenta muchas similitudes con la belladona.
Sin embargo, lo que distingue a estas dos plantas —aparte de que no tienen el mismo aspecto, la raíz de la mandrágora puede alcanzar hasta 60 centímetros y recuerda la estructura de un cuerpo humano, mientras que la planta visible aparece bajo la forma de largas y anchas hojas que recubren el suelo sin elevarse— son las propiedades afrodisíacas de la mandrágora, que le valieron el nombre de planta fecundante. También era utilizada por sus virtudes somnífera, alucinógenas y anestésicas.
En la Edad Media, tanto por sus efectos como por su forma, se convirtió en un talismán muy buscado, que se empleaba para atraer el amor y protegerse de los maleficios.

EL CORAZONCILLO


Desde tiempos inmemoriales, el corazoncillo tiene reputación de ahuyentar el mal y los demonios. Normalmente era recogido el día del solsticio de verano, el 21 de junio, que corresponde al período de su floración, y se recomendaba llevarlo encima ese día para obtener el favor de los dioses. Esta tradición, que se remonta a la Antigüedad, se conservó durante la Edad Media, y se confunde más tarde con una cristianización del ritual. Así, dicha noche se puede recoger también la "verbena" o "hierba de San Juan", nombre que alude a Juan Bautista, "el Enviado de Dios", y que es celebrado pocos días más tarde, el 24 de junio, según el calendario general de la Iglesia romana. El corazoncillo se distingue porque sus hojas, que rodean a sus flores provistas de cinco pétalos amarillo oro, parecen repletas de miles de pequeños puntos negros, los cuales son, de hecho, innumerables glandulillas secretoras. Contienen una esencia antiséptica que obra maravillas en los tratamientos de heridas, equimosis, úlceras, quemaduras y todas las afecciones cutáneas y neuralgias reumáticas. Para ello, hay que dejar macerar las flores y las hojas frescas de corazoncillo que, por supuesto, se recomienda recoger el día del solsticio de verano, y guardar en una mezcla de aceite de oliva y vino blanco, durante 5 días. Pero éstas no son las únicas virtudes del corazoncillo, sino que también posee propiedades estimulantes y digestivas, astringentes, es decir, que favorecen la contracción de los tejidos y las mucosas, y aperitivas, es decir, que devuelven el apetito y fortalecen las funciones estomacales, además de ser febrífugas, vermífugas y diuréticas. Lo cual significa que el corazoncillo, en infusión, cura la bronquitis y el asma, combate la fiebre, descongestiona el hígado y el estómago y agudiza el apetito. Se trata de una planta milagrosa que nos da el jardín de la naturaleza.

LA ADORMIDERA



Según se utilicen sus granos o sus raíces, sus efectos resultan muy diferentes. Se trata, pues, de una planta de doble naturaleza, calmante o mortal. "Sus propiedades soporíficas son tan potentes, que si nos tomamos una dosis demasiado fuerte corremos el riesgo de morir durante el sueño. Su jugo se llama opio. Sabemos que fue absorbiendo una fuerte dosis de opio como se suicidó, en España, el padre del antiguo pretor Paulus Licinius Caecina, después de una terrible enfermedad que le hizo la vida insoportable, y éste es solamente un ejemplo entre tantos otros", así escribió Plinio el Viejo en sus tratados sobre botánica en el siglo I de nuestra era.
Desde la más alta Antigüedad, se tenía la costumbre de espolvorear algunos platos con granos de adormidera, o bien preparar pasteles a partir de granos de adormidera, siempre para favorecer la digestión y el sueño de los comensales. Durante mucho tiempo se creyó que esta planta era originaria de la India. Sin embargo, una tabla grabada en escritura cuneiforme, que data de finales del IV milenio antes de nuestra era —encontrada en Nippur, una ciudad sumeria de Mesopotamia—, menciona el cultivo de la adormidera y su uso narcótico. De hecho, parece que ciertas especies de adormidera crecen en todas partes del mundo y que los hombres conocieron muy pronto sus virtudes soporíficas, calmantes, analgésicas, sedantes e hipnóticas, aunque todavía no les daban todos estos calificativos, y sin saber que los granos de adormidera contenían sustancias químicas, muy conocidas hoy en día, con las que se elabora la morfina, la heroína, la codeína, etc. En todo caso, si se utiliza correctamente, esta bella y efímera flor es muy útil en caso de insomnio, ansiedad, en los estados infecciosos y en enfermedades agudas. Tiene el poder de disipar el dolor. Es fácil de entender, pues, por qué nuestros antepasados la apreciaban tanto.






sábado, 8 de abril de 2017

Las plantas mágicas y míticas VII: El muérdago, la flor de lis y el maíz

¡Al muérdago: el año nuevo de los druidas y los celtas!¡A las tres flores de lis: símbolo de la Santísima Trinidad y de la Casa de Francia! ¡Al maíz: símbolo de la creación del primer hombre, el Adán de los mayas! He aquí tres plantas para nosotros venerables y veneradas por nuestros antepasados

EL MUÉRDAGO



Su nombre procede, probablemente, de la palabra vasca muir-tako, con la cual se designaba el "visco", esa especie de pegamento que da la propia planta y que se emplea para cazar pájaros. El muérdago es una planta parásito, que crece en el roble, pero muy excepcionalmente, como bien sabían  los druidas celtas y galos. En cambio, se halla frecuentemente en el olmo, el pino, el álamo y, sobre todo, el manzano, así como en el sauce y el tilo. Por su escasez en el roble, los druidas celtas y galos le dieron ese valor simbólico, mágico y sagrado tan grande. Además, aunque sus flores salen a principios del verano, por alguna razón nunca se abren hasta la primavera siguiente. Por otro lado, este arbusto tiene la capacidad de permanecer verde, incluso en los lugares más oscuros y fríos, y así durante todo el invierno. Todavía verde era como los druidas recogían el muérdago en el sexto día después de la Luna nueva, para celebrar el Año Nuevo lunar, que más o menos se corresponde al 1 de noviembre de nuestro calendario, durante la noche de Samain. Era el símbolo de la regeneración y de la inmortalidad del reino vegetal por excelencia, de la vitalidad y el vigor eternos.
Ahí reside la razón por la cual, para los celtas, el agua de roble, una decocción de hojas de muérdago endulzado con miel o mezclado con aguamiel, o vino de miel, tenía el poder de curar.
Es cierto que para los celtas, así como para los griegos y los romanos, el muérdago era la cortisona de la Antigüedad. De manera que se empleaba para combatir los vértigos, los malestares, los zumbidos en el oído, las palpitaciones, síntomas que hoy reconocemos como los de hipertensión, así como todos los espasmos, convulsiones, crisis nerviosas y epilepsias. El muérdago era muy beneficioso en caso de asma y de tos ferina, para detener la tos y aliviar la migraña.

LA FLOR DE LIS


Si la flor de lis y la rosa casi siempre han sido asociadas es porque ambas flores se importaron en un mismo momento, de Oriente a Europa, en el siglo XII, en la época de las Cruzadas. Ahora bien, al igual que la rosa, la flor de lis se identificó con la imagen pura, santa y bella de la Virgen y se convirtió en un símbolo cristiano. ¿Fue para marcar la reconciliación con la Santa Sede o para complacer a su esposa Leonor de Aquitania, por lo que el rey de Francia Luis VII, llamado el Joven, integró la flor de lis en los escudos de armas de los reyes de Francia, o bien no lo hizo hasta su vuelta de la segunda Cruzada, trayéndola él mismo de Oriente, en 1149? La historia no nos lo dice. Pero sabemos que bajo su reinado esta flor se convirtió en emblema de la Casa de Francia, al mismo tiempo que en el de la Virgen de los cristianos. Sin embargo, la flor de lis, que recibe su nombre del copto lhêli, ya era conocida por los egipcios y los griegos de la Antigüedad, tanto por la belleza de sus grandes flores blancas, cuyo perfume bastante fuerte a veces incomoda, como por sus virtudes terapéuticas. En efecto, parece que siempre se haya utilizado la flor de lis para preparar el aceite y el agua destilados, así como su bulbo que, reducido a una masa blanda y mezclado con leche hervida, se revela un potente remedio para curar heridas, flemones, furúnculos, úlceras y quemaduras. Por otro lado, al igual que el agua de rosa, el agua de flor de lis tiene la fama de ser benefactora de la piel. Retrasa la aparición de arrugas, borra las manchas marrones, reduce el acné y devuelve al rostro un dulce frescor. Esta agua de flor de lis se prepara simplemente haciendo una infusión durante varias horas con aproximadamente 200 gramos de flores de lus en un litro de agua destilada.

EL MAÍZ


¡Qué monótonos son los campos de maíz, consecuencia del monocultivo de cereales! Tan integrados están en el paisaje que ya no los vemos, ni apreciamos, a no ser en conserva. Aproximadamente 130 millones de hectáreas de tierra se dedican al cultivo del maíz en el mundo cada año, un poco menos que el arroz, siendo, de largo, el trigo el más vasto cultivo de cereales del planeta. Importado del Caribe a finales del siglo XV, donde los indios lo llamaban mahiz, apareció en Europa no mucho después. Se creía que era originario de las Antillas y de América del Sur. Sin embargo, en el siglo XIX, se encontró maíz en perfecto estado de conservación en el interior de las pirámides egipcias, en las tumbas que datan al menos del siglo XI de antes de nuestra era. Además, también se encontró maíz en las antiguas sepulturas de dignatar¡os hindúes, es decir, en la India, que datan de la misma época. Así pues, el maíz que utilizamos hoy día, tanto para fabricar la pasta de papel a partir de sus tallos y para el aceite vegetal y harinas a partir de sus granos, como para el pegamento, la seda artificial, los antibióticos y alimento para el ganado, era ya conocido desde hace mucho tiempo en todas partes del mundo. Lo que no excluye que tuviera un papel simbólico importante en la mitología maya. De manera que según el Popol-Vuh, el equivalente al Génesis para los mayas, el hombre fue creado en tres etapas: la primera, moldeado en arcilla, fue destruido por el diluvio; la segunda, fue esculpido en la madera y reducido a cenizas por el fuego de la Tierra; la tercera, finalmente, se hizo con maíz y sobrevivió. Fue el padre de la humanidad.
También los mayas dedicaban un culto al maíz, que era igualmente su alimento de base. Es cierto que esta planta es nutritiva, energética, reconstituyente y que todavía hoy el aceite de germen de maíz que se obtiene con la primera presión fría, tomando a razón de una cuchara de sopa cada día al levantarse y al acostarse, favorece la eliminación del exceso de colesterol en la sangre.






martes, 14 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas VI: El jengibre, el ginseng y el clavo

Las raíces de jengibre y de ginseng, así como el clavo, reducidas a polvo tienen efectos explosivos. Algunos gramos bastan para encender tus deseos, exaltar tus percepciones sensoriales y darte de nuevo vigor y salud.

EL JENGIBRE


Del griego zingiberis, el jengibre en realidad toma su nombre de una raíz etimológica tamil, lengua del sur de la India, también su país de origen, y significa «cuerno». Sin embargo, en la Antigüedad, fue sin duda importado incluso desde Arabia, ya que más tarde, especialmente en la Edad Media -época en la que era bastante apreciado en Europa-, provenía tanto de los países árabes como de la India. El que se cultivaba en Arabia era muy buscado por sus cualidades y su sabor. También en la Edad Media, se hacían bizcochos y galletas de jengibre que, además de su sabor delicado, tenían la fama de poseer virtudes laxantes, de depurar la sangre y prevenir contra numerosas enfermedades. También se preparaban licores y elixires muy sabrosos, de propiedades digestivas, utilizando la raíz de esta gran planta tropical, de hojas estrechas, flores blancas estriadas de púrpura y odoríferas. Se maceraba en vino o cerveza. Actualmente todavía la cerveza de jengibre canadiense sigue teniendo buena reputación. También se utilizaba como cataplasma para estimular la circulación de la sangre. Pertenece a la categoría de las especias y podía utilizarse mezclada con salsas o como aroma en repostería. Pero desde la más alta Antigüedad, sus poderes afrodisíacos debidos a su acción revulsiva (que provoca una afluencia de sangre hacia los órganos periféricos) es célebre en el mundo entero. En este caso se utiliza el rizoma o raíz del jengibre. Se reduce en trocitos o, mejor, en polvo, después se deja secar y luego se prepara en infusión. Por último, un baño de aceite de esencia de jengibre tiene la fama de prevenir el reúma.

EL GINSENG


Históricamente conocida desde hace más de 3.500 años, esta planta originaria de la China, de ahí su verdadero nombre jên shên, de jên, que significa «hombre», y shên «planta», recibe tal apelación porque la forma de su raíz evoca la del cuerpo humano. En todo el Extremo Oriente se la considera una verdadera panacea. Por otro lado, llamándola Panax ginseng, los boticarios, herbolarios y más tarde los botánicos y farmacéuticos occidentales no se equivocaron.
En efecto, Panax es un nombre de origen griego que hace alusión a la diosa mítica Panakeia o Panacea, la cual simboliza la curación universal a través de las plantas. Se constituye su nombre de pan, pantos«todo», y akos, «remedio». El ginseng es pues, la planta para «todo remedio» o, si se prefiere, que lo cura todo, una especie de planta milagrosa. Así pues, en China, desde siempre, sus virtudes estimulantes de los sistemas nervioso e inmunitario, del estómago y de las facultades cerebrales, revitalizantes y tónicas para pulmones y el corazón, febrífugas, es decir, que combaten la fiebre y, por supuesto, afrodisíacas, se conocen y se emplean normalmente. Es una pequeña planta de 30 a 50 centímetros, provista de algunas hojas ovoides y también con algunas flores, amarillas o rosas, que desaparecen bastante rápidamente para dejar lugar a los granos rojos en racimo. Pero es su raíz carnosa lo que se utiliza. Si bien también se encuentra una variedad en el Canadá, la que se cultiva en Manchuria y sobre todo en Corea sigue siendo la más famosa. Sin embargo, aunque esta planta se vea cada vez más apreciada actualmente continua siendo escasa. En efecto, hay que esperar seis o siete años para extraer su raíz. Y, lo que es más, el suelo en el que crece no se puede cultivar en los diez años que siguen a su recolección. Es como si se alimentase de las riquezas de la tierra en la que ha crecido, vampirizándolas. De ahí que posea tantas virtudes.

EL CLAVO



Los clavos son, evidentemente, los capullos desecados de las flores amarillas y rojas en corolas de una planta tropical que a veces se convierte en un árbol de una altura de 9 a 15 metros, con el cual los fenicios ya comerciaban en el Mediterráneo durante el 1 milenio antes de nuestra era. Los griegos la llamaban karuophullon, de karuon «nuez» y phullon «hoja». Sin embargo, no fue hasta el siglo XVI cuando el famoso clavo fue realmente descubierto en Europa, después de que los comerciantes españoles y portugueses, muy aficionados a las especias, lo descubrieran en abundancia en las Molucas, archipiélago de Indonesia. Sin embargo, durante el 1 milenio después de Cristo, sus propiedades analgésicas, es decir, que calman el dolor, especialmente los dolores de cabeza y de muelas, ya eran conocidas, así como sus virtudes afrodisíacas y sus poderes antisépticos, que han sido confirmados por los químicos, pues han conseguido aislar un componente químico contenido en este clavo, el eugenol, popular precisamente, por su potente acción antiséptica. Por otro lado, el aceite esencial de clavo se empleaba tanto en la Edad Media como en la Antigüedad para protegerse de las picaduras de insecto. ¿Sabías también que basta con introducir unos cuantos clavos en dos o tres naranjas, dejarlas dos o tres días, con todas las puertas y ventanas cerradas de la casa, para que la naranja huela a clavo, perfume temido por los mosquitos?.
Así pues, además de aromatizar las salsas y los pasteles, vinos y licores, el clavo puede ser muy útil en el uso doméstico. Y si ingieres cada día aunque sólo sea media cucharilla de clavo en polvo, mezclado con miel o mermelada, te sentirás siempre apasionado, vigoroso y muy enamorado.



domingo, 12 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas V: La digital, el incienso y el estragón

Deja macerar 30 gramos de estragón fresco, recogido en Luna llena durante el mes de mayo o junio, en un litro de un buen vino blanco seco durante 28 días, es decir, hasta la siguiente Luna llena. Así dispondrás de un aperitivo tonificante.

LA DIGITAL


Digitalis, su nombre latino, que significa «del grosor de un dedo» le fue dado a causa de sus flores púrpuras dispuestas en corolas tubulosas a lo largo de su alto tallo y cuya forma evoca la de un dedo de guante o una dedalera.
Así pues, en algunos países, no sin cierta ironía, voluntaria o no, se ha llamado a esta planta tóxica y mortal «guante de Nuestra Señora», o más simplemente «guante de pastor»; mientras que en otros, tal vez más conscientes de que su bello aspecto disimula dudosas virtudes, la han llamado «guante de zorro», haciendo alusión a la astucia proverbial de este animal.
En todo caso, a partir de una pequeña cantidad de sus hojas o en decocción, puede provocar náuseas, vértigos y mareos, a veces incluso delirios, y también vómitos y diarreas, a la vez que, poco a poco, el pulso cada vez va más lento y, por último, se produce una fibrilación cardíaca mortal. Sin embargo, como sucede casi siempre con los productos naturales, el mal, si se emplea correctamente, puede también hacer el bien.
Actualmente, ya nada pone en duda las virtudes benévolas, salvadoras y estimulantes de la digitalina, principal constituyente químico activo en esta flor, que fue descubierto en el siglo XIX, pero del que nuestros antepasados apreciaban ya los beneficios desde tiempos inmemoriales; puesto que el hombre siempre ha tenido el corazón enfermo.
Consecuentemente, la digital ocupa un lugar importante en las consultas de las farmacias fitoterapéuticas.
Digitalis purpurea es el producto homeopático para las afecciones cardíacas.
En cuanto a la digitalina, los médicos alópatas la prescriben para disminuir el ritmo cardíaco, reducir la tensión arterial y aumentar el tiempo entre los latidos del corazón.

EL INCIENSO


Del latín encensum, que significa «lo que se quema», el incienso comparte, con el incensario, una etimología y una historia religiosa comunes.
Su nombre designa a una planta arbustiva resinosa aromática oriental que los griegos denominaban libanos (en árabe: lubân) o oliban, sinónimo de incienso, o thuos, que significa «ofrenda o perfume» -se sobreentiende «que se quema»-, raíz etimológica de «tuya», una especie de ciprés. Destaquemos que thuos se relaciona con dhu, raíz indoeuropea que también significa «quemar» o «humear», que es el origen de palabras latinas como fumus«humo» y februarius, el mes de «febrero», o, si se prefiere, el mes en que «se quema».
De entre los regalos que los Reyes Magos trajeron al visitar a Jesús, se encontraban dos plantas: la mirra y el incienso.
La mirra procedía de Arabia y de Abisinia, a sus arbustos, los botánicos los llaman Boswellia y se caracterizan por sus ramas y corteza provistas de una goma pegajosa, que era recogida y a partir de la cual se fabricaban aceite, perfumes y bastoncitos que se quemaban por su olor.
Todavía hoy en día, el árbol del incienso se cultiva en Eritrea, en Somalia, en el sur de Arabia y en la India.
Los egipcios, los mesopotámicos, los asirios, los sirios, y más tarde los griegos y los romanos importaban el incienso de Arabia.
Se transportaba en caravanas con la mirra, la canela y el azafrán.
Poco a poco, en todas estas civilizaciones antiguas, el incienso sustituyó a las grasas animales que se utilizaban en los sacrificios.
Si esta planta es célebre por su perfume y su utilización en ritos religiosos para honrar, quemando incienso o incensar, no es tan popular su uso también con fines medicinales.
Sin embargo, en el siglo XII, Hildegarda de Bingen coloca el incienso en un lugar importante entre sus hoy famosos remedios:
«Coge el incienso y redúcelo a polvo, añade luego un poco de harina y pon también una clara de huevo; elabora pequeñas bolitas que dejarás secar al sol sobre una piedra caliente o al horno; huélelas a menudo: su perfume te aliviará, aclarará tus ojos y llenará tu cerebro».
Los efectos tonificantes e hipnóticos del incienso no habían pasado desapercibidos para la salud.

EL ESTRAGÓN


Este pequeño dragón o hierba del dragón, significados etimológicos de su nombre, que figura hoy en día en un buen lugar en nuestros hogares y en nuestras cocinas entre las especias, era bastante apreciado por los médicos árabes y, especialmente, por Abu Alí al-Hosain ibn Abdallah ibn Sinah, más conocido en Europa con el nombre de Avicena, sabio, erudito, médico y místico árabe de principios del siglo XI. Sus estudios y escritos tuvieron efectivamente una profunda resonancia en el pensamiento de la época medieval. ¿En qué momento el tarkhoun de los árabes fue introducido en Oriente? La historia no nos lo cuenta. Puesto que, en realidad, esta hierba aromática es originaria de Rusia y Siberia. No es hasta finales del silo XVII cuando Jean de La Quintinie, el intendente general de los huertos de frutas y verduras de Luis XIV, lo cultivó en gran cantidad y lo introdujo en las cocinas del rey. Pero antes de esto, se apreciaban sobre todo lo que llamamos hoy sus virtudes aperitivas, es decir, estimulantes del apetito y tonificantes para el estómago, es decir, que favorecen la tonicidad y la energía de los órganos. Así pues, se empleaba el targón, que se convirtió en estargón y, más tarde, en «estragón», para combatir las flatulencias, restaurar el apetito a los anoréxicos, favorecer la menstruación a las mujeres, incluso para ser más resistente a lo que todavía no se denominaban virus, pero que, evidentemente, ya causaban estragos entre nuestros antepasados. Finalmente, era muy eficaz contra los venenos.


martes, 7 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas IV: La canela, el cáñamo y la calabaza

Una decocción de canela que se pone a hervir unos veinte minutos con un buen vino caliente es una bebida que estimula la acción estrógena de los órganos genitales. Añade una raíz cocida de cáñamo y unos granos de calabaza en polvo y estarás listo contra todos los males de la Tierra.

LA CANELA


Si nuestra canela tiene el mismo origen etimológico que la caña, es simplemente por su corteza que, cuando se seca, se presenta a menudo bajo la forma de pequeños tubos. Sin embargo, el nombre científico de la planta de la cual procede (el canelo) es Cinnamomum zeylanicum. Cinnamomum es una palabra de origen griego que se tomó prestada del hebreo kinnamon, y que los ingleses han conservado (cinnamon) para designar este arbusto tropical que se encuentra sobre todo en la India, en Sri Lanka, en China y en Japón.
El Cinnamomum zeylanicum o canelo es una planta totalmente aromática. Es su corteza la que, desde la más alta Antigüedad, resulta muy apreciada debido a sus virtudes, sus beneficios y su gusto tan agradable. En Europa, tuvo sus días de gloria a principios del siglo XVI, gracias a las expediciones de los grandes navegantes como Vasco de Gama, que trajeron de Asia, sobre todo de Ceilán (Sri Lanka), grandes cantidades de esta especia rara de propiedades astringentes, es decir, que favorecen la contracción de mucosas, antisépticas y estimulantes. Pero el hecho de que ganara cierto interés en esta época, no significa que desertase de las tiendas de los herbolarios y de los médicos en la Edad Media ya que, en pleno siglo XII, Hildegarda de Bingen hizo varias alusiones a ella: «La canela tiene fuerzas vigorosas -escribe-. Quien la come a menudo hace disminuir los malos humores en favor de los buenos». En todo caso, al igual que se emplea todavía a menudo en pastelería, también es muy apreciada en perfumería, y el vino caliente de canela sigue siendo conocido para combatir las infecciones gripales. También posee populares virtudes afrodisíacas.

EL CÁÑAMO


La famosa Canebière (cañamar), la avenida más célebre de la ciudad de Marsella que baja hasta el puerto, era al principio un campo donde se cultivaba el cáñamo.
En efecto, canebière, en antiguo francés, es un sinónimo de cañamar, palabra que procede del latín cannabis, derivado a su vez del griego kannabis, que designaba a una planta textil, pero cuyo origen se remonta seguramente al sumerio kunibu. Puesto que, antaño, los marineros fabricaban sus cordajes utilizando el cáñamo.
Por eso, se cultivaba casi siempre en los puertos.
También se utilizaba mucho para confeccionar velas de barcos y telas, que los campesinos empleaban para vestirse, para sacos de grano y para colchones.
Pero aunque el cáñamo de origen indio y asiático, gracias a su gran resistencia, fue muy útil al hombre, de entrada éste no vio en él una planta textil, sino una hierba de propiedades mágicas, narcóticas, es decir, sedantes, hipnóticas, analgésicas o calmantes para el dolor. Así que, a partir de su grano, se producía un aceite utilizado justamente para apaciguar el dolor.
Un tratado de medicina china que data del siglo XV a.C. ya lo mencionaba como remedio ideal para aliviar los dolores del reumatismo y curar la gota. En el siglo I de nuestra era, Plinio el Viejo testifica el hecho de que los griegos y los romanos también tenían conocimiento de las virtudes milenarias del cáñamo: «la raíz, cocida en agua, da flexibilidad a las articulaciones rígidas y tiene una acción muy saludable sobre la gota y otras inflamaciones de las articulaciones».
Por último, en cuanto a las extrañas propiedades narcóticas de esta planta, parecen ser conocidas desde el principio de los tiempos. Herodoto hace alusión a ellas en el siglo V a.C. al hablar de los escitas, los cuales, explica, se pirraban por la embriaguez que les procuraban los granos de cáñamo, que se consumían lentamente. Manuscritos sánscritos anteriores a la obra de Herodoto hacen igualmente alusión a lo que los hindúes llamaban el alimento de los dioses, y que no era más que una bebida a base de cáñamo.

LA CALABAZA


A la calabaza va unida toda una simbología celta relacionada con la resurrección de los muertos, la vida eterna y la fecundidad.
Es un símbolo de fecundidad por dos razones: primero porque son sus pepitas o, si se prefiere, sus semillas, las que tienen la propiedad de hacer fecundas a las mujeres; segundo, porque su forma abultada nos recuerda el vientre redondo de la mujer encinta.
La calabaza vaciada de su contenido y en cuya corteza se realiza una figura espantosa que a veces se utiliza como máscara, se ha convertido en símbolo de Halloween, la fiesta que se celebra la víspera de Todos los Santos.
Los celtas ya tenían la costumbre de enterrar los granos de calabaza en esa época del año. Este rito para ellos era un símbolo de resurrección, ya que, evidentemente, sabían que a la primavera siguiente se transformarían en calabaceras.
Por último, gracias a sus granos la calabaza se convierte en un símbolo de abundancia y prosperidad. En cuanto a las propiedades medicinales y fitoterapéuticas de la calabaza, éstas son muy numerosas.
En efecto, actúa contra las afecciones cardíacas, el insomnio, la diabetes, el estreñimiento, las inflamaciones urinarias, la insuficiencia renal, etc. Pero la más célebre de ellas es, sin duda, su poder laxante.
En este aspecto, se aconseja reducir las semillas en polvo, mezclarlas con miel e ingerir tres cucharadas de esta mezcla en el espacio de dos horas aproximadamente.




viernes, 3 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas III: El cacao, el café y la caña de azúcar.

Del cacahuatl de los aztecas a la kanna de los griegos, pasando por la qahwa de los árabes, en un recorrido por el mundo de norte a sus y de este a oeste, he aquí la historia, las características y las propiedades de tres plantas cuyo uso se ha convertido en cotidiano.

EL CACAO


Los marineros que seguían a Cristóbal Colón no sabían que, probando por primera vez los granos que cogían de los árboles que los aztecas llamaban cacahuatl, estaban iniciando una próspera industria internacional: la de la fabricación y explotación del chocolate.
No vamos a explicar aquí la historia del chocolate, pues nos interesaremos por la del cacao, que es anterior. Para los aztecas el fruto del cacahuatl era un alimento digno de los dioses y el árbol que lo producía se encontraba en un sitio parecido al Edén bíblico.
Así es como los botánicos atribuyeron al cacao el nombre genérico griego de theobroma«alimento de los dioses».
Los descendientes de aztecas consumieron sus frutos. Los comían, bien directamente cogidos del árbol -cuyo pequeño tamaño y sus flores blancas lo asemejan al cerezo-, bien después de haber preparado una bebida, el chocolatl, a partir de la manteca de cacao, es decir, la grasa que se extraía del fruto, a la que se añadía miel, vainilla y guindillas. Esta mezcla tenía virtudes tonificantes y afrodisíacas. Subrayemos que los frutos del cacahuatl tenían tanto valor para los aztecas que los utilizaban como moneda de cambio. Para ellos, los granos de cacao tenían el valor de las pepitas de oro.
De la simiente del cacao se extrae la teobromina, un producto químiconatural que también se encuentra en el té, el café y la cola, conocida por su acción diurética-En cuanto a las supuestas virtudes afrodisíacas del cacao, tendrían su origen en que los aztecas, y más tarde los mexicanos, aliñaban su chocolatl. o bebida de chocolate, con guindillas.

EL CAFÉ


El famoso qahwa de los árabes, nombre de donde proviene nuestro café actual, inicialmente designaba una bebida preparada a partir de los granos del cafeto. Sin embargo, es posible que esta palabra árabe provenga a su vez de un término mucho más antiguo, ya que el cafeto fue importado de Alta Etiopía a Egipto, Persia y Arabia -especialmente en la región de Moka, en el Yemen, que lleva el nombre de una gran cosecha de café-, mucho antes de su aparición en Europa, en el siglo XVII, donde obtuvo un éxito fulminante. En todo caso, antes de ser capaces de  torrefactar los granos del cafeto, es decir, antes de saber calentarlos con el fin de extraer los aceites aromáticos con unos efluvios y un gusto tan agradables, se consumían seguramente después de pelarlos, triturarlos y luego hervirlos en agua como parece que se hace todavía en Etiopía. Por otro lado, todo deja suponer que la torrefacción del café no tiene más de cinco o seis siglos, puesto que no ha subsistido ninguna leyenda mítica sobre el café en Etiopía. Recordemos que ese país fue el reino de los sabeos, de donde fueron exportados los inciensos y las especias de Arabia al Medio Oriente y Europa, e incluso Asia, durante los cinco primeros siglos antes de nuestra era aproximadamente.
En cuanto a las propiedades del café, se supone que estimula las facultades cerebrales y favorece la actividad muscular. Dichos efectos se deben a la cafeína, un alcaloide natural idéntico a la teobromina (véase el cacao), que se encuentra en estado libre en el café verde, pero también porque el café es rico en prótidos y en lípidos y contiene magnesio y potasio. Se la considera, pues, una bebida euforizante, que puede tener efectos excitantes, pero también tónico-cardíacos, es decir, que producen un estímulo del ritmo cardíaco. De ahí que, en grandes dosis, pueda ser la causa de insomnios, de problemas nerviosos, de taquicardias y, a veces, incluso de estados depresivos.

LA CAÑA DE AZÚCAR


Derivado del griego kanna«caña», que designaba a una caña pero también a un instrumento de música y cuyo nombre fue empleado más tarde para el cañón, la caña de azúcar no es una caña cualquiera; es una caña de azúcar, palabra que viene del árabe sukkar, que a su vez proviene del sánscrito çârkara, «grano», que asimismo ha dado el griego sakkharon. La sacarosa se ha convertido, pues en el nombre químico del azúcar extraído de la caña, pero también de la remolacha, que , como se sabe, cuando se calienta a alta temperatura, pierde agua, adopta un color pardusco y se transforma en caramelo. Así pues, como puede deducirse de su propia etimología, la caña de azúcar es originaria de la India. Importada  por Grecia en el siglo I de nuestra era, se empleaba sobre todo con fines medicinales. Luego, los árabes la cultivaron y los europeos la descubrieron, con muchas otras riquezas, en las primeras colonizaciones que fueron las Cruzadas. Como también su etimología da a entender, los símbolos y mitos relacionados con la caña azúcar lo están asimismo con la caña silvestre. La caña es un símbolo de fragilidad del hombre, pero también de su flexibilidad. Sin embargo, cuando está seca, se revela más resistente, al igual que el hombre que, madurando, también lo es. Además, la caña es también un tubo. Y como tal, fue comparada con la flauta mágica de poderes sobrenaturales que utilizó un dios para crear el mundo, según ciertas leyendas míticas. Para los derviches giróvagos, la flauta de caña y el hombre consagrado a dios son una única y misma cosa. Son sobre todo las raíces de la caña de azúcar las que se emplearon en forma de poción debido a sus efectos saludables en las inflamaciones reumáticas causadas por la gota o por fuertes accesos de fiebre. También son conocidas por sus propiedades diuréticas, puesto que favorecen la eliminación del ácido úrico. Se comprende por qué los griegos, y después de ellos los romanos, apreciaron más sus virtudes medicinales que su sabor.


lunes, 27 de febrero de 2017

Las plantas mágicas y míticas II: La amanita, la belladona y el trigo

El hombre, desde siempre atraído por la botánica, descifra los misterios de la naturaleza y se aprovecha de ellos. En busca del placer o del alivio, ha encontrado en el jardín del mundo hierbas de vida y de muerte, hierbas milagrosas y endiabladas.

LA AMANITA


La amanita es una especie de seta. La más famosa de las amanitas es, sin duda, la llamada amanita faloide, nombre que proviene de su forma, que recuerda la de un falo.
Contiene dos toxinas temibles y mortales, la amanitina y la faloidina, que hacen de esta seta, que se encuentra, no obstante, en abundancia en las lindes de los bosques, una de las más venenosas que existen.
Existen otras comestibles, como la amanita amarilla y blanca, solitaria u ovoide.
Pero aquí nos centraremosen la amanita muscaria, la seta mágica cuyas propiedades tónicas, hipnóticas y narcóticas y, consecuentemente, sus poderes, son conocidos desde tiempos inmemoriales por los chamanes, los médicos y los hechiceros de Europa.
Las utilizaban con frecuencia para ponerse en estado de trance y «desincorporación», es decir, para hallarse en condiciones de dejar su espíritu libre y salir de su cuerpo y penetrar, así, en el del hombre o la mujer enferma, con el fin de curarles.
Tales fenómenos pueden parecer totalmente irracionales y sin fundamento según la medicina moderna.
Sin embargo, debemos saber que, todavía hoy, en algunas regiones de Europa central y de Asia, estas prácticas subsisten. Y los resultados obtenidos por los chamanes que han adquirido el poder de volar gracias a las propiedades alucinógenas de la amanita muscaria -que fue sin duda empleada en algunos ritos iniciáticos y místicos, con el fin de alcanzar estados de éxtasis y visionarios- son sorprendentes.

LA BELLADONA


No es la menor de las paradojas el hecho de que esta bonita planta de flores violetas y con bayas negras, lleve el nombre de «bella dama» cuando, por otro lado, todas las partes que la componen contienen un fuerte alcaloide tóxico, la hyosciamina, que puede fácilmente transformarse en atropina, un veneno extremadamente virulento que le valió el sobrenombre de hierba envenenada. Atropa belladonna, su nombre latino utilizado por los botánicos y los fitoterapeutas, fue inspiradoen Atropos, una de las Parcas de la mitología griega, es decir, una de las tres diosas del destino, hijas de Zeus y de Temis, la diosa de la Ley. De las tres «hadas» griegas del destino, Atropos, cuyo nombre significa «inflexible», era la encargada de cortar el hilo con una tijeras de oro.
Ahora bien, el poder de la belladona es tal que, si se absorbe uno de sus frutos rojos, «aumenta la tensión ocular, provoca una midriasis (dilatación de la pupila), provoca la parálisis de la acomodación, la aceleración cardíaca, aumenta la tensión arterial, implica una congestión de los centros nerviosos». Únicamente la angélica, llamada hierba de los ángeles por los médicos del Renacimiento, puede utilizarse como antídoto contra los temibles efectos de la belladona.
Sin embargo, el mal puede también hacer bien, el veneno mortal puede servir igualmente como remedio milagroso. Así pues, empleada correctamente, en fitoterapia por ejemplo, las propiedades naturales de la belladona tienen efectos antiespasmódicos y sedantes; en homeopatía es un buen remedio contra el insomnio y la hipertensión arterial.
Tiene lo que llamamos un tipo homeopático, es decir, el remedio para ciertos seres con determinadas características, que revelan un temperamento vigoroso, un carácter cerebral y una naturaleza propensa a los fenómenos congestivos violentos; estos últimos casi siempre se manifiestan a través de fuertes y elevadas fiebres, ojos que escuecen y dolores de cabeza.

EL TRIGO


Atributo de Osiris, la divinidad egipcia de la resurrección, y de Deméter, la gran diosa mítica griega de la fertilidad, el trigo es indisociable del pan,  y, por tanto, del cristianismo. Juntos tienen una carga simbólica relacionada con la metamorfosis, la alquimia del cuerpo y del alma, los alimentos terrestres y materiales que se pueden transformar en alimentos celestes o espirituales. De manera que no fue por azar que, en la leyenda mítica de Jesús, él mismo dijese: «Yo soy el pan de vida» (San Juan, 6, 33).
Tampoco parece casual que este último naciera en Belén («la Casa del trigo», en hebreo), ni tampoco es una coincidencia que en una de sus célebres parábolas el grano de trigo le sirviera de ejemplo para ilustrar el destino del hombre en la Tierra. Según él: «si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, se queda solo; pero si muere, dará muchos frutos». (San Juan, 12, 24). Ya en el milenio VII antes de nuestra era, en la región que hoy llamamos Oriente Medio, se cultivaba una variedad rústica y primitiva del trigo. Sin saber que el grano de trigo era rico en fósforo, en magnesio y en calcio, nuestros antepasados conocían sus beneficios, antes incluso de haber hecho pan, cuyo nombre, emparentado con el latín pascere«pacer», entra así en relación con el «pastor».
En muchas comunidades se atribuían propiedades mágicas al pan hecho con la última gavilla de trigo cosechada en un campo. Los que comían de aquel pan quedaban protegidos de las desgracias y enfermedades.
El pan de trigo, de centeno o con levadura, favorece el crecimiento de los niños, combate la desmineralización, estimula el tono vital y las facultades cerebrales. Al igual que el huevo, el trigo contiene todos los elementos que un organismo necesita. Pero si hacemos caso de la parábola de Jesús, es el bien de gran riqueza que debemos saber sacrificar para que pueda convertirse en un bien todavía mejor.

sábado, 25 de febrero de 2017

Las plantas mágicas y míticas: Historia y Magia de las plantas


Vamos a dar un repaso al gran libro mágico del extraordinario jardín de la naturaleza y a descubrir 33 plantas de propiedades mágicas, a las cuales van unidas ciertas creencias y leyendas míticas.

En la introducción al Libro XX de su Historia Natural, dedicado a «las propiedades de las plantas», Plinio el Viejo, en el siglo I de nuestra era, escribía: «Vamos a realizar ahora algunas de las más admirables producciones de la naturaleza: en este corto tratado, efectivamente, explicaremos al hombre estos alimentos y sus propiedades, de manera que podrá constatar cuán grande es su desconocimiento de las cosas que le hacen posible vivir y también las que le permiten curar los males que le afligen. [...] Hablaré de los odios y alianzas entre las cosas, mudas y privadas de sentidos, y de las que el hombre -lo que no dejará de sorprender y maravillar- acaba siempre por revelarse beneficiario. Es lo que los griegos han llamado simpatías y antipatías».

LAS PLANTAS Y SUS PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

De las palabras evocadas por Plinio el Viejo -en el siglo I de nuestra era- seleccionamos las que dicen que el hombre ya sufría de «un desconocimiento de las cosas que le hacen posible vivir». ¿No es un tema de actualidad, y no sufrimos todavía hoy este desconocimiento mientras que, por otro lado, nunca habíamos tenido tantos medios para conocer?.
Nos fijamos también en los escritos de Plinio el Viejo, que hacen alusión al hecho de sorprender y maravillar. Ambos son sentimientos a los que, según mi opinión, somos muy sensibles, y acerca de los cuales pensamos actualmente, por desgracia, que son defectos.
Cuando padecemos migraña, nos tomamos una aspirina. 
Nada hay de sorprendente ni maravilloso en este gesto, ni en el hecho de que, un poco más tarde, nuestro dolor de cabeza se esfume, a veces desaparezca totalmente, como si jamás hubiera existido.
Para nuestro antepasado que, tal vez un día, respiró o masticó unas hojas o pétalos de reina de los prados (planta cuya raíz es tónica y febrífuga), fue sin duda sorprendente y maravilloso constatar que esta flor, que se encontraba normalmente a su alrededor, que veía crecer y florecer a su alrededor, cerca de él, podía tener sobre él efectos, que hoy llamamos febrífugos, somníferos, diuréticos, para uso interno, y cicatrizantes, para uso externo. Así pues, ¿desde cuándo el hombre sabe que la reina de los prados contiene ácido salicílico, al mismo tiempo que hierro, calcio y azufre, sin haberlos llamado así jamás?

LAS PLANTAS Y LA MAGIA

Sin embargo, las plantas de las que Plinio el Viejo alaba sus propiedades son tradicionales, clásicas.
Esto no quita nada a su carácter mágico si, evidentemente, entendemos por magia la ciencia que practicaban nuestros antepasados, cuyo arte consistía en emplear elementos sacados del  gran jardín de la naturaleza para el provecho del bienestar de los demás.


En este caso, nos hallamos en el universo de los remedios de bona fama, es decir, de buena reputación, que una tradición popular europea tradujo por «remedios de buena mujer», sin duda porque las mujeres, en la Edad Media, se preocupaban más que los hombres de los poderes y propiedades de las plantas. Aquí, nos vamos a centrar en las plantas más raras, con propiedades y poderes más extraños y excepcionales, cuyo carácter mágico, esta vez, podría relacionarse con fuerzas sobrenaturales , divinas o diabólicas, en función de la época, las creencias y el uso que se hacía de ellas. Propongo un paseo por el mundo de las plantas mágicas, algunas de las cuales tienen propiedades afrodisíacas, narcóticas o a veces temibles efectos tóxicos y mortales. Estas plantas han acompañado al hombre a lo largo de siglos y milenios de su historia y, como se puede constatar, algunas de ellas, como el cacao, el café o el tabaco, forman todavía parte integrante, todavía y más que nunca, de nuestra vida cotidiana.
Suscitan siempre la misma fascinación, los mismos placeres, los mismos peligros y chocan siempre con las mismas prohibiciones.
El tiempo pasa, pero nada cambia en el comportamiento de los hombres y las mujeres, en la expresión de sus deseos, sus necesidades y sus sueños.
Todavía sufren los mismos males o aún experimentan, más o menos en función de los individuos, por supuesto, el mismo malestar, las mismas angustias, la misma sed de absoluto.
Más del 80% de los medicamentos químicos que existen hoy en día y que vemos en las farmacias están fabricados con plantas.
En el gran libro de la naturaleza es donde el hombre encontraba, y todavía encuentra, todas las respuestas a sus preguntas, todas las soluciones a sus problemas y todos los remedios a sus males.


NUESTRAS 33 PLANTAS MÁGICAS Y MÍTICAS

A continuación citaré las plantas que descubriremos:

La amanita, un hongo que da algunas especies comestibles, pero otras son tóxicas o mortales.
La belladona, una planta que se encuentra en el bajo monte y que contiene un alcaloide fuerte y muy tóxico.
El cacao, extracto del fruto o grano del cacao, sobre todo utilizado para hacer chocolate.
El café, el fruto o grano del cafeto, que se torrefacta para hacer la infusión que todos conocemos.
El trigo, un cereal, evidentemente, que se emplea normalmente para fabricar pan.
Y además: la adormidera, el arroz, la calabaza, la canela, la caña, la caña de azúcar, el cáñamo, el clavo, el corazoncillo, la digital, el estragón, el ginseng, el incienso, el jengibre, el lirio, el maíz, la mandrágora, el muérdago, el peyote, la pimienta, la quina, el romero, la salvia, el tabaco, el té, el tomillo, la verbena y la vid.

sábado, 11 de febrero de 2017

La Rayuela. Un juego adivinatorio e iniciático


La rayuela es un juego ancestral de iniciación al conocimiento de uno mismo, de donde provienen el juego del laberinto, la petanca y el juego de la oca.

La mayoría de los juego para niños y juegos de salón, en un principio , eran adivinatorios e iniciáticos. En un mundo donde la razón, la lógica y la ciencia exacta son las que mandan, los principios adivinatorios e iniciáticos han sido relegados a las mazmorras, a un pasado  en el cual creemos  que reinaba  de forma absoluta el oscurantismo y las supersticiones en la mentalidad de los hombres. Ahora bien, históricamente, es un hecho que durante los 10.000 años que han precedido a nuestra época, todos los pueblos del mundo tuvieron alternativamente períodos oscuros e ilustrados.

LA ADIVINACIÓN, CIENCIA DEL POETA

Durante los períodos ilustrados, el espíritu de los hombres fue inventivo y creativo. La iniciación al saber y a los conocimientos  adquiridos cobraron todo su  sentido. No bastaba con aprender  para saber, había que comprender, experimentar, vivir, crear para conocer. Incluso si nos provoca alguna sonrisa hoy en día, el hombre iniciado de la Antigüedad era un poeta, en el sentido etimológico del término, que viene del griego poiêtês, que derivó en poiein, que significa «autor, creador, artesano, fabricante».
Para nosotros, el poeta no es más que un versificador o un escritor, que raramente puede vivir de su pluma y al que consideramos un dulce soñador, que vive lejos de la realidad material y tangible de este mundo. Pero para nuestros antepasados era un realizador, que solo podía serlo si había sido iniciado en el saber y el conocimiento, los cuales, por supuesto, revelaban el poder divino. No se concebía el conocimiento sin sabiduría. Y la sabiduría partía unida a la adivinación, la cual relacionaba lo divino en sí mismo y alrededor de sí mismo y favorecía la comprensión intuitiva de los gérmenes de los acontecimientos y las causas ocultas para poder ejercer el libre albedrío y la fuerza de voluntad.
En cambio, durante los períodos oscuros de la historia de la humanidad, este saber y conocimiento fueron mal utilizados por un pequeño número de seres malévolos, ávidos, codiciosos y tiránicos. Remontando el curso del tiempo, observamos que no han faltado impostores y usurpadores. Por desgracia, nuestra época no es una excepción. A veces, son los que tienen el poder. Entonces, un velo se tiende sobre el espíritu y la memoria de los hombres y éstos se oscurecen.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA RAYUELA?

No se sabe de qué civilización viene, ya que no se conoce su origen exacto. Sin embargo, la estructura arquetípica, universal y astrológica de lo que hoy no es más que un juego de niños deja suponer que este juego iniciático nació en Mesopotamia. Pero debemos saber que su pista se encuentra en la India y que unos textos chinos demuestran su existencia 2.357 años antes de nuestra era. De manera que, al igual que la cruz o la espiral, por ejemplo, símbolos universales, encontramos la rayuela en tiempos muy anteriores a los nuestros y en todas las civilizaciones. No obstante, si creemos a Platón la rayuela nació en Egipto. En todo caso la rayuela griega, que se llamaba la kubeia, era de inspiración egipcia.
En Egipto se han encontrado numerosas figuras con casillas llenas de jeroglíficos. Según los textos egipcios, la rayuela la utilizaba el difunto para jugarse su destino en el laberinto del más allá.



RAYUELA Y LABERINTO

En efecto, en muchos aspectos, la rayuela nos hace pensar en el mito del laberinto. Tanto en la rayuela como en el laberinto, el jugador o iniciado debe encontrar la salida, que simboliza la vida eterna. El vencedor del laberinto puede regir su propio destino. Ahora bien, para vencer en el laberinto, no basta con encontrar la salida; además hay que encontrar el centro. Se trata de un juego metafórico, luego iniciático, y ello debe ayudar al jugador a tomar conciencia de que la liberación a la que aspira se encuentra en sí mismo, en el centro de su ser.
En el centro del laberinto se encuentra la puerta de otro camino. Ésta es la puerta a la que hace alusión san Mateo en el Evangelio: «Estrecha es la puerta, angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la encuentran». (Mateo 7, 13-14)
El jugador de la rayuela se lanza a una búsqueda similar: emprende un recorrido repleto de dificultades, durante el cual podrá conseguir un objetivo supremo, tendrá una revelación, si demuestra habilidad, perspicacia, resistencia e inteligencia más que fuerza o proezas físicas. Señalemos de paso que la mayoría de los cuentos de hadas, también relegados hoy en día al universo de los niños, proceden del mismo principio, casi siempre poniendo en escena un héroe o un antihéroe que, después de pasar mil y una trampas y pruebas, llegará a una especie de felicidad suprema o felicidad perfecta. Como podemos constatar todos los símbolos y mitos, y todos los soportes utilizados para transmitírnoslos, coinciden, se unen, se confunden y tienen una misma cultura y una misma visión universal de la vida, la naturaleza y el destino humano. Es todo lo que hemos perdido y que reencontramos cuando nos sumergimos en el universo regenerador de los mitos y símbolos. Estos últimos nos permiten entrar de nuevo en relación con nosotros mismos- ¿Quién puede presumir de amar al otro si no se conoce y se ama a sí mismo?
La rayuela es un juego iniciático en cuanto conduce al hombre a progresar, a avanzar de casilla en casilla, hasta que llega a su objetivo. No está hecho para permanecer tal como es. Siempre debe evolucionar. Éste es su destino. En Mesopotamia, en Egipto, en China, en la India, en Grecia y en Roma, y más tarde en toda la Europa medieval, eran los adultos los que jugaban a la rayuela. Al hacerlo se recordaban a sí mismos que los hombres sólo son paseantes, es decir, que están de paso por esta Tierra, pues tenían otro objetivo que conseguir, otra misión que cumplir, una puerta estrecha que encontrar.

LAS REGLAS DE JUEGO DE LA RAYUELA

En la Edad Media, la rayuela ya no se jugaba sobre una mesa. Era más o menos similar a la que todavía juegan las niñas hoy en día.
Este juego se ejecutaba con una piedra que era lanzada sobre una figura geométrica. El jugador actuaba a modo de ficha. Debía saltar de casilla en casilla, a la pata coja, empujando la piedra que se suponía representaba su alma. Partía de la Tierra, para conseguir el Cielo, el Paraíso, vigilando no caerse en el pozo o en el infierno durante el recorrido. Pero no debía conformarse con avanzar a la pata coja. Estaba obligado a ciertas contorsiones y juegos de piernas complejos. En ningún caso la piedra debía pararse sobre una línea, ya que, de la Tierra al Cielo, no hay fronteras, ni zonas de demarcaciones, ni separaciones ni descanso. Al realizar su recorrido, el hombre practicaba su habilidad y desarrollaba así sus propias cualidades. ¿No es éste el fin último de toda vida humana?