lunes, 27 de febrero de 2017

Las plantas mágicas y míticas II: La amanita, la belladona y el trigo

El hombre, desde siempre atraído por la botánica, descifra los misterios de la naturaleza y se aprovecha de ellos. En busca del placer o del alivio, ha encontrado en el jardín del mundo hierbas de vida y de muerte, hierbas milagrosas y endiabladas.

LA AMANITA


La amanita es una especie de seta. La más famosa de las amanitas es, sin duda, la llamada amanita faloide, nombre que proviene de su forma, que recuerda la de un falo.
Contiene dos toxinas temibles y mortales, la amanitina y la faloidina, que hacen de esta seta, que se encuentra, no obstante, en abundancia en las lindes de los bosques, una de las más venenosas que existen.
Existen otras comestibles, como la amanita amarilla y blanca, solitaria u ovoide.
Pero aquí nos centraremosen la amanita muscaria, la seta mágica cuyas propiedades tónicas, hipnóticas y narcóticas y, consecuentemente, sus poderes, son conocidos desde tiempos inmemoriales por los chamanes, los médicos y los hechiceros de Europa.
Las utilizaban con frecuencia para ponerse en estado de trance y «desincorporación», es decir, para hallarse en condiciones de dejar su espíritu libre y salir de su cuerpo y penetrar, así, en el del hombre o la mujer enferma, con el fin de curarles.
Tales fenómenos pueden parecer totalmente irracionales y sin fundamento según la medicina moderna.
Sin embargo, debemos saber que, todavía hoy, en algunas regiones de Europa central y de Asia, estas prácticas subsisten. Y los resultados obtenidos por los chamanes que han adquirido el poder de volar gracias a las propiedades alucinógenas de la amanita muscaria -que fue sin duda empleada en algunos ritos iniciáticos y místicos, con el fin de alcanzar estados de éxtasis y visionarios- son sorprendentes.

LA BELLADONA


No es la menor de las paradojas el hecho de que esta bonita planta de flores violetas y con bayas negras, lleve el nombre de «bella dama» cuando, por otro lado, todas las partes que la componen contienen un fuerte alcaloide tóxico, la hyosciamina, que puede fácilmente transformarse en atropina, un veneno extremadamente virulento que le valió el sobrenombre de hierba envenenada. Atropa belladonna, su nombre latino utilizado por los botánicos y los fitoterapeutas, fue inspiradoen Atropos, una de las Parcas de la mitología griega, es decir, una de las tres diosas del destino, hijas de Zeus y de Temis, la diosa de la Ley. De las tres «hadas» griegas del destino, Atropos, cuyo nombre significa «inflexible», era la encargada de cortar el hilo con una tijeras de oro.
Ahora bien, el poder de la belladona es tal que, si se absorbe uno de sus frutos rojos, «aumenta la tensión ocular, provoca una midriasis (dilatación de la pupila), provoca la parálisis de la acomodación, la aceleración cardíaca, aumenta la tensión arterial, implica una congestión de los centros nerviosos». Únicamente la angélica, llamada hierba de los ángeles por los médicos del Renacimiento, puede utilizarse como antídoto contra los temibles efectos de la belladona.
Sin embargo, el mal puede también hacer bien, el veneno mortal puede servir igualmente como remedio milagroso. Así pues, empleada correctamente, en fitoterapia por ejemplo, las propiedades naturales de la belladona tienen efectos antiespasmódicos y sedantes; en homeopatía es un buen remedio contra el insomnio y la hipertensión arterial.
Tiene lo que llamamos un tipo homeopático, es decir, el remedio para ciertos seres con determinadas características, que revelan un temperamento vigoroso, un carácter cerebral y una naturaleza propensa a los fenómenos congestivos violentos; estos últimos casi siempre se manifiestan a través de fuertes y elevadas fiebres, ojos que escuecen y dolores de cabeza.

EL TRIGO


Atributo de Osiris, la divinidad egipcia de la resurrección, y de Deméter, la gran diosa mítica griega de la fertilidad, el trigo es indisociable del pan,  y, por tanto, del cristianismo. Juntos tienen una carga simbólica relacionada con la metamorfosis, la alquimia del cuerpo y del alma, los alimentos terrestres y materiales que se pueden transformar en alimentos celestes o espirituales. De manera que no fue por azar que, en la leyenda mítica de Jesús, él mismo dijese: «Yo soy el pan de vida» (San Juan, 6, 33).
Tampoco parece casual que este último naciera en Belén («la Casa del trigo», en hebreo), ni tampoco es una coincidencia que en una de sus célebres parábolas el grano de trigo le sirviera de ejemplo para ilustrar el destino del hombre en la Tierra. Según él: «si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, se queda solo; pero si muere, dará muchos frutos». (San Juan, 12, 24). Ya en el milenio VII antes de nuestra era, en la región que hoy llamamos Oriente Medio, se cultivaba una variedad rústica y primitiva del trigo. Sin saber que el grano de trigo era rico en fósforo, en magnesio y en calcio, nuestros antepasados conocían sus beneficios, antes incluso de haber hecho pan, cuyo nombre, emparentado con el latín pascere«pacer», entra así en relación con el «pastor».
En muchas comunidades se atribuían propiedades mágicas al pan hecho con la última gavilla de trigo cosechada en un campo. Los que comían de aquel pan quedaban protegidos de las desgracias y enfermedades.
El pan de trigo, de centeno o con levadura, favorece el crecimiento de los niños, combate la desmineralización, estimula el tono vital y las facultades cerebrales. Al igual que el huevo, el trigo contiene todos los elementos que un organismo necesita. Pero si hacemos caso de la parábola de Jesús, es el bien de gran riqueza que debemos saber sacrificar para que pueda convertirse en un bien todavía mejor.

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