viernes, 3 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas III: El cacao, el café y la caña de azúcar.

Del cacahuatl de los aztecas a la kanna de los griegos, pasando por la qahwa de los árabes, en un recorrido por el mundo de norte a sus y de este a oeste, he aquí la historia, las características y las propiedades de tres plantas cuyo uso se ha convertido en cotidiano.

EL CACAO


Los marineros que seguían a Cristóbal Colón no sabían que, probando por primera vez los granos que cogían de los árboles que los aztecas llamaban cacahuatl, estaban iniciando una próspera industria internacional: la de la fabricación y explotación del chocolate.
No vamos a explicar aquí la historia del chocolate, pues nos interesaremos por la del cacao, que es anterior. Para los aztecas el fruto del cacahuatl era un alimento digno de los dioses y el árbol que lo producía se encontraba en un sitio parecido al Edén bíblico.
Así es como los botánicos atribuyeron al cacao el nombre genérico griego de theobroma«alimento de los dioses».
Los descendientes de aztecas consumieron sus frutos. Los comían, bien directamente cogidos del árbol -cuyo pequeño tamaño y sus flores blancas lo asemejan al cerezo-, bien después de haber preparado una bebida, el chocolatl, a partir de la manteca de cacao, es decir, la grasa que se extraía del fruto, a la que se añadía miel, vainilla y guindillas. Esta mezcla tenía virtudes tonificantes y afrodisíacas. Subrayemos que los frutos del cacahuatl tenían tanto valor para los aztecas que los utilizaban como moneda de cambio. Para ellos, los granos de cacao tenían el valor de las pepitas de oro.
De la simiente del cacao se extrae la teobromina, un producto químiconatural que también se encuentra en el té, el café y la cola, conocida por su acción diurética-En cuanto a las supuestas virtudes afrodisíacas del cacao, tendrían su origen en que los aztecas, y más tarde los mexicanos, aliñaban su chocolatl. o bebida de chocolate, con guindillas.

EL CAFÉ


El famoso qahwa de los árabes, nombre de donde proviene nuestro café actual, inicialmente designaba una bebida preparada a partir de los granos del cafeto. Sin embargo, es posible que esta palabra árabe provenga a su vez de un término mucho más antiguo, ya que el cafeto fue importado de Alta Etiopía a Egipto, Persia y Arabia -especialmente en la región de Moka, en el Yemen, que lleva el nombre de una gran cosecha de café-, mucho antes de su aparición en Europa, en el siglo XVII, donde obtuvo un éxito fulminante. En todo caso, antes de ser capaces de  torrefactar los granos del cafeto, es decir, antes de saber calentarlos con el fin de extraer los aceites aromáticos con unos efluvios y un gusto tan agradables, se consumían seguramente después de pelarlos, triturarlos y luego hervirlos en agua como parece que se hace todavía en Etiopía. Por otro lado, todo deja suponer que la torrefacción del café no tiene más de cinco o seis siglos, puesto que no ha subsistido ninguna leyenda mítica sobre el café en Etiopía. Recordemos que ese país fue el reino de los sabeos, de donde fueron exportados los inciensos y las especias de Arabia al Medio Oriente y Europa, e incluso Asia, durante los cinco primeros siglos antes de nuestra era aproximadamente.
En cuanto a las propiedades del café, se supone que estimula las facultades cerebrales y favorece la actividad muscular. Dichos efectos se deben a la cafeína, un alcaloide natural idéntico a la teobromina (véase el cacao), que se encuentra en estado libre en el café verde, pero también porque el café es rico en prótidos y en lípidos y contiene magnesio y potasio. Se la considera, pues, una bebida euforizante, que puede tener efectos excitantes, pero también tónico-cardíacos, es decir, que producen un estímulo del ritmo cardíaco. De ahí que, en grandes dosis, pueda ser la causa de insomnios, de problemas nerviosos, de taquicardias y, a veces, incluso de estados depresivos.

LA CAÑA DE AZÚCAR


Derivado del griego kanna«caña», que designaba a una caña pero también a un instrumento de música y cuyo nombre fue empleado más tarde para el cañón, la caña de azúcar no es una caña cualquiera; es una caña de azúcar, palabra que viene del árabe sukkar, que a su vez proviene del sánscrito çârkara, «grano», que asimismo ha dado el griego sakkharon. La sacarosa se ha convertido, pues en el nombre químico del azúcar extraído de la caña, pero también de la remolacha, que , como se sabe, cuando se calienta a alta temperatura, pierde agua, adopta un color pardusco y se transforma en caramelo. Así pues, como puede deducirse de su propia etimología, la caña de azúcar es originaria de la India. Importada  por Grecia en el siglo I de nuestra era, se empleaba sobre todo con fines medicinales. Luego, los árabes la cultivaron y los europeos la descubrieron, con muchas otras riquezas, en las primeras colonizaciones que fueron las Cruzadas. Como también su etimología da a entender, los símbolos y mitos relacionados con la caña azúcar lo están asimismo con la caña silvestre. La caña es un símbolo de fragilidad del hombre, pero también de su flexibilidad. Sin embargo, cuando está seca, se revela más resistente, al igual que el hombre que, madurando, también lo es. Además, la caña es también un tubo. Y como tal, fue comparada con la flauta mágica de poderes sobrenaturales que utilizó un dios para crear el mundo, según ciertas leyendas míticas. Para los derviches giróvagos, la flauta de caña y el hombre consagrado a dios son una única y misma cosa. Son sobre todo las raíces de la caña de azúcar las que se emplearon en forma de poción debido a sus efectos saludables en las inflamaciones reumáticas causadas por la gota o por fuertes accesos de fiebre. También son conocidas por sus propiedades diuréticas, puesto que favorecen la eliminación del ácido úrico. Se comprende por qué los griegos, y después de ellos los romanos, apreciaron más sus virtudes medicinales que su sabor.


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