martes, 7 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas IV: La canela, el cáñamo y la calabaza

Una decocción de canela que se pone a hervir unos veinte minutos con un buen vino caliente es una bebida que estimula la acción estrógena de los órganos genitales. Añade una raíz cocida de cáñamo y unos granos de calabaza en polvo y estarás listo contra todos los males de la Tierra.

LA CANELA


Si nuestra canela tiene el mismo origen etimológico que la caña, es simplemente por su corteza que, cuando se seca, se presenta a menudo bajo la forma de pequeños tubos. Sin embargo, el nombre científico de la planta de la cual procede (el canelo) es Cinnamomum zeylanicum. Cinnamomum es una palabra de origen griego que se tomó prestada del hebreo kinnamon, y que los ingleses han conservado (cinnamon) para designar este arbusto tropical que se encuentra sobre todo en la India, en Sri Lanka, en China y en Japón.
El Cinnamomum zeylanicum o canelo es una planta totalmente aromática. Es su corteza la que, desde la más alta Antigüedad, resulta muy apreciada debido a sus virtudes, sus beneficios y su gusto tan agradable. En Europa, tuvo sus días de gloria a principios del siglo XVI, gracias a las expediciones de los grandes navegantes como Vasco de Gama, que trajeron de Asia, sobre todo de Ceilán (Sri Lanka), grandes cantidades de esta especia rara de propiedades astringentes, es decir, que favorecen la contracción de mucosas, antisépticas y estimulantes. Pero el hecho de que ganara cierto interés en esta época, no significa que desertase de las tiendas de los herbolarios y de los médicos en la Edad Media ya que, en pleno siglo XII, Hildegarda de Bingen hizo varias alusiones a ella: «La canela tiene fuerzas vigorosas -escribe-. Quien la come a menudo hace disminuir los malos humores en favor de los buenos». En todo caso, al igual que se emplea todavía a menudo en pastelería, también es muy apreciada en perfumería, y el vino caliente de canela sigue siendo conocido para combatir las infecciones gripales. También posee populares virtudes afrodisíacas.

EL CÁÑAMO


La famosa Canebière (cañamar), la avenida más célebre de la ciudad de Marsella que baja hasta el puerto, era al principio un campo donde se cultivaba el cáñamo.
En efecto, canebière, en antiguo francés, es un sinónimo de cañamar, palabra que procede del latín cannabis, derivado a su vez del griego kannabis, que designaba a una planta textil, pero cuyo origen se remonta seguramente al sumerio kunibu. Puesto que, antaño, los marineros fabricaban sus cordajes utilizando el cáñamo.
Por eso, se cultivaba casi siempre en los puertos.
También se utilizaba mucho para confeccionar velas de barcos y telas, que los campesinos empleaban para vestirse, para sacos de grano y para colchones.
Pero aunque el cáñamo de origen indio y asiático, gracias a su gran resistencia, fue muy útil al hombre, de entrada éste no vio en él una planta textil, sino una hierba de propiedades mágicas, narcóticas, es decir, sedantes, hipnóticas, analgésicas o calmantes para el dolor. Así que, a partir de su grano, se producía un aceite utilizado justamente para apaciguar el dolor.
Un tratado de medicina china que data del siglo XV a.C. ya lo mencionaba como remedio ideal para aliviar los dolores del reumatismo y curar la gota. En el siglo I de nuestra era, Plinio el Viejo testifica el hecho de que los griegos y los romanos también tenían conocimiento de las virtudes milenarias del cáñamo: «la raíz, cocida en agua, da flexibilidad a las articulaciones rígidas y tiene una acción muy saludable sobre la gota y otras inflamaciones de las articulaciones».
Por último, en cuanto a las extrañas propiedades narcóticas de esta planta, parecen ser conocidas desde el principio de los tiempos. Herodoto hace alusión a ellas en el siglo V a.C. al hablar de los escitas, los cuales, explica, se pirraban por la embriaguez que les procuraban los granos de cáñamo, que se consumían lentamente. Manuscritos sánscritos anteriores a la obra de Herodoto hacen igualmente alusión a lo que los hindúes llamaban el alimento de los dioses, y que no era más que una bebida a base de cáñamo.

LA CALABAZA


A la calabaza va unida toda una simbología celta relacionada con la resurrección de los muertos, la vida eterna y la fecundidad.
Es un símbolo de fecundidad por dos razones: primero porque son sus pepitas o, si se prefiere, sus semillas, las que tienen la propiedad de hacer fecundas a las mujeres; segundo, porque su forma abultada nos recuerda el vientre redondo de la mujer encinta.
La calabaza vaciada de su contenido y en cuya corteza se realiza una figura espantosa que a veces se utiliza como máscara, se ha convertido en símbolo de Halloween, la fiesta que se celebra la víspera de Todos los Santos.
Los celtas ya tenían la costumbre de enterrar los granos de calabaza en esa época del año. Este rito para ellos era un símbolo de resurrección, ya que, evidentemente, sabían que a la primavera siguiente se transformarían en calabaceras.
Por último, gracias a sus granos la calabaza se convierte en un símbolo de abundancia y prosperidad. En cuanto a las propiedades medicinales y fitoterapéuticas de la calabaza, éstas son muy numerosas.
En efecto, actúa contra las afecciones cardíacas, el insomnio, la diabetes, el estreñimiento, las inflamaciones urinarias, la insuficiencia renal, etc. Pero la más célebre de ellas es, sin duda, su poder laxante.
En este aspecto, se aconseja reducir las semillas en polvo, mezclarlas con miel e ingerir tres cucharadas de esta mezcla en el espacio de dos horas aproximadamente.




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