martes, 14 de marzo de 2017

Las plantas mágicas y míticas VI: El jengibre, el ginseng y el clavo

Las raíces de jengibre y de ginseng, así como el clavo, reducidas a polvo tienen efectos explosivos. Algunos gramos bastan para encender tus deseos, exaltar tus percepciones sensoriales y darte de nuevo vigor y salud.

EL JENGIBRE


Del griego zingiberis, el jengibre en realidad toma su nombre de una raíz etimológica tamil, lengua del sur de la India, también su país de origen, y significa «cuerno». Sin embargo, en la Antigüedad, fue sin duda importado incluso desde Arabia, ya que más tarde, especialmente en la Edad Media -época en la que era bastante apreciado en Europa-, provenía tanto de los países árabes como de la India. El que se cultivaba en Arabia era muy buscado por sus cualidades y su sabor. También en la Edad Media, se hacían bizcochos y galletas de jengibre que, además de su sabor delicado, tenían la fama de poseer virtudes laxantes, de depurar la sangre y prevenir contra numerosas enfermedades. También se preparaban licores y elixires muy sabrosos, de propiedades digestivas, utilizando la raíz de esta gran planta tropical, de hojas estrechas, flores blancas estriadas de púrpura y odoríferas. Se maceraba en vino o cerveza. Actualmente todavía la cerveza de jengibre canadiense sigue teniendo buena reputación. También se utilizaba como cataplasma para estimular la circulación de la sangre. Pertenece a la categoría de las especias y podía utilizarse mezclada con salsas o como aroma en repostería. Pero desde la más alta Antigüedad, sus poderes afrodisíacos debidos a su acción revulsiva (que provoca una afluencia de sangre hacia los órganos periféricos) es célebre en el mundo entero. En este caso se utiliza el rizoma o raíz del jengibre. Se reduce en trocitos o, mejor, en polvo, después se deja secar y luego se prepara en infusión. Por último, un baño de aceite de esencia de jengibre tiene la fama de prevenir el reúma.

EL GINSENG


Históricamente conocida desde hace más de 3.500 años, esta planta originaria de la China, de ahí su verdadero nombre jên shên, de jên, que significa «hombre», y shên «planta», recibe tal apelación porque la forma de su raíz evoca la del cuerpo humano. En todo el Extremo Oriente se la considera una verdadera panacea. Por otro lado, llamándola Panax ginseng, los boticarios, herbolarios y más tarde los botánicos y farmacéuticos occidentales no se equivocaron.
En efecto, Panax es un nombre de origen griego que hace alusión a la diosa mítica Panakeia o Panacea, la cual simboliza la curación universal a través de las plantas. Se constituye su nombre de pan, pantos«todo», y akos, «remedio». El ginseng es pues, la planta para «todo remedio» o, si se prefiere, que lo cura todo, una especie de planta milagrosa. Así pues, en China, desde siempre, sus virtudes estimulantes de los sistemas nervioso e inmunitario, del estómago y de las facultades cerebrales, revitalizantes y tónicas para pulmones y el corazón, febrífugas, es decir, que combaten la fiebre y, por supuesto, afrodisíacas, se conocen y se emplean normalmente. Es una pequeña planta de 30 a 50 centímetros, provista de algunas hojas ovoides y también con algunas flores, amarillas o rosas, que desaparecen bastante rápidamente para dejar lugar a los granos rojos en racimo. Pero es su raíz carnosa lo que se utiliza. Si bien también se encuentra una variedad en el Canadá, la que se cultiva en Manchuria y sobre todo en Corea sigue siendo la más famosa. Sin embargo, aunque esta planta se vea cada vez más apreciada actualmente continua siendo escasa. En efecto, hay que esperar seis o siete años para extraer su raíz. Y, lo que es más, el suelo en el que crece no se puede cultivar en los diez años que siguen a su recolección. Es como si se alimentase de las riquezas de la tierra en la que ha crecido, vampirizándolas. De ahí que posea tantas virtudes.

EL CLAVO



Los clavos son, evidentemente, los capullos desecados de las flores amarillas y rojas en corolas de una planta tropical que a veces se convierte en un árbol de una altura de 9 a 15 metros, con el cual los fenicios ya comerciaban en el Mediterráneo durante el 1 milenio antes de nuestra era. Los griegos la llamaban karuophullon, de karuon «nuez» y phullon «hoja». Sin embargo, no fue hasta el siglo XVI cuando el famoso clavo fue realmente descubierto en Europa, después de que los comerciantes españoles y portugueses, muy aficionados a las especias, lo descubrieran en abundancia en las Molucas, archipiélago de Indonesia. Sin embargo, durante el 1 milenio después de Cristo, sus propiedades analgésicas, es decir, que calman el dolor, especialmente los dolores de cabeza y de muelas, ya eran conocidas, así como sus virtudes afrodisíacas y sus poderes antisépticos, que han sido confirmados por los químicos, pues han conseguido aislar un componente químico contenido en este clavo, el eugenol, popular precisamente, por su potente acción antiséptica. Por otro lado, el aceite esencial de clavo se empleaba tanto en la Edad Media como en la Antigüedad para protegerse de las picaduras de insecto. ¿Sabías también que basta con introducir unos cuantos clavos en dos o tres naranjas, dejarlas dos o tres días, con todas las puertas y ventanas cerradas de la casa, para que la naranja huela a clavo, perfume temido por los mosquitos?.
Así pues, además de aromatizar las salsas y los pasteles, vinos y licores, el clavo puede ser muy útil en el uso doméstico. Y si ingieres cada día aunque sólo sea media cucharilla de clavo en polvo, mezclado con miel o mermelada, te sentirás siempre apasionado, vigoroso y muy enamorado.



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